Microgravedad altera líquidos, sueño, músculos y huesos desde los primeros días

Foto | AFP cortesía Unimedios | LA PATRIA

Los astronautas Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen regresaron a la Tierra luego de 10 días en el espacio, en una misión clave para futuras exploraciones lunares. La microgravedad altera líquidos, debilita músculos y reduce la densidad ósea. Expertos advierten riesgos en misiones largas y estudian efectos.

La reciente misión Artemis II, que llevó astronautas a orbitar la Luna durante 10 días, reabrió una pregunta clave para la ciencia: qué le ocurre al cuerpo humano cuando abandona la gravedad terrestre.

Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) detallan que el organismo enfrenta cambios inmediatos que afectan músculos, huesos, circulación, sueño y hasta la salud mental.

Hugo Fajardo, profesor titular de la Facultad de Medicina de la UNAL y coordinador curricular del pregrado en Medicina Aeroespacial, explica que la microgravedad altera funciones básicas del cuerpo. “Los cuerpos de los astronautas enfrentan múltiples riesgos al pasar días en el espacio. El primero tiene que ver con la falta de gravedad”, afirma.

En el espacio, la ausencia de gravedad elimina el peso que el cuerpo soporta en la Tierra. Esta condición cambia la distribución de los líquidos corporales y modifica el funcionamiento cardiovascular. Camilo Muñoz, residente de Medicina del Hospital Universitario Nacional y estudiante de Medicina Aeroespacial, señala que la presión hidrostática se altera. “En el espacio, los líquidos se acumulan en el tórax y la cabeza. Esto produce cara hinchada y piernas más delgadas”, explica.

El organismo responde a esta redistribución como si tuviera exceso de líquido. “El cuerpo elimina agua a través de la orina. Esto puede generar deshidratación y pérdida de la sensación de sed”, añade Muñoz.

El impacto no se limita a los fluidos

Fajardo advierte que la falta de esfuerzo físico reduce la masa muscular y debilita los huesos. “En la Tierra el cuerpo trabaja para sostenerse. En el espacio esa exigencia desaparece y los huesos pierden minerales”, indica. Esta pérdida puede derivar en osteoporosis y reducción de peso corporal de hasta siete kilos en misiones prolongadas.

Christina Koch, primera mujer en orbitar la Luna, hizo parte de Artemis II, misión que evaluó la resistencia del cuerpo humano en el espacio. Foto: NASA | GETTY IMAGES NORTH AMERICA Cortesía Unimedios | LA PATRIA

Al regresar al planeta, estos cambios aumentan el riesgo de fracturas y enfermedades cardiovasculares. La hipertensión aparece como una de las principales preocupaciones médicas, con posibles consecuencias como infartos o accidentes cerebrovasculares.

El sueño también se ve afectado. Las naves espaciales orbitan la Tierra cada 90 minutos, lo que rompe el ciclo natural de día y noche. Los astronautas deben usar antifaces y tapones para lograr descanso. Aun así, mantener ocho horas de sueño resulta complejo.

Otro factor crítico es la radiación. En la Tierra, la atmósfera actúa como escudo natural. En el espacio, esa protección no existe. “Los astronautas se exponen a radiación cósmica que puede aumentar el riesgo de cáncer, cataratas y alteraciones genéticas”, señala Fajardo.

El tiempo de permanencia intensifica los efectos. Aunque Artemis II duró 10 días, algunos astronautas han permanecido más de 300 días en órbita. “Quienes pasan más tiempo tienden a adaptarse, pero esto aumenta el deterioro óseo, muscular y el riesgo de problemas psiquiátricos”, afirma Muñoz.

El aislamiento en espacios reducidos también influye en el comportamiento. Los expertos observan estrés y cambios emocionales en misiones largas. Estas condiciones plantean desafíos para futuros viajes a la Luna o Marte, donde los trayectos pueden durar meses.

Frente a estos riesgos, la preparación resulta exigente. Los aspirantes a astronautas pasan procesos de selección física y psicológica, seguidos de años de entrenamiento. Durante las misiones, realizan ejercicios diarios y reciben suplementos como calcio y vitamina D.

“Todavía desconocemos cómo se comporta el cuerpo humano en periodos tan largos”, advierte Fajardo. El experto señala que uno de los objetivos de las misiones actuales consiste en evaluar si el ser humano puede vivir fuera de la Tierra.

La misión Artemis II no solo marca un avance en la exploración espacial. También ofrece datos clave sobre los límites del cuerpo humano. La ciencia aún busca respuestas, mientras el sueño de llegar a Marte se acerca.

 

* Este informe contó con la colaboración de Unimedios de la Universidad Nacional.


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