Este 1 de abril se cumplen 40 años de la creación del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, pionero sobre el estudio y monitoreo de los volcanes y actual referente nacional e internacional. La institución nació por la urgencia de conocer el comportamiento del Nevado del Ruiz.

Foto | Cortesía | LA PATRIA

Este 1 de abril se cumplen 40 años de la creación del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, pionero sobre el estudio y monitoreo de los volcanes y actual referente nacional e internacional. La institución nació por la urgencia de conocer el comportamiento del Nevado del Ruiz.

En la foto, del 9 de noviembre de 1986, se ve a dos científicos en pleno ejercicio geológico en las alturas del Cumanday.

La erupción del Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985, partió en dos la historia de la ciencia en el país. Su impacto fue devastador: cerca de 25 mil personas murieron y una población entera desapareció bajo el lodo. Armero (Tolima) quedó en la memoria colectiva, pero también hubo víctimas en Chinchiná y Villamaría (Caldas).

Para los científicos que hoy reconstruyen esa época, el problema no fue la ausencia de señales; por el contrario, dicen que había indicios claros. El volcán llevaba meses mostrando cambios. Desde finales de 1984 se registraban explosiones, sismos y variaciones en el glaciar.

En Manizales, la reacción comenzó a tomar forma incluso antes de la tragedia. Eduardo Parra Palacio y Héctor Cepeda Vanegas trabajaban con Ingeominas (hoy Servicio Geológico Colombiano - SGC) en Medellín y fueron enviados en comisión. Fernando Muñoz Carmona llegó de Bogotá como profesor de Geología de la Universidad de Caldas, donde estudiaban esa carrera la manizaleña Gloria Patricia Cortés Jiménez y el pacoreño John Makario Londoño Bonilla. Ellos seis –entre otros nombres destacados– se convertirían en los primeros líderes del monitoreo y estudio de la emergencia.

Héctor Mora Páez, ingeniero catastral y geodesta, aún no estaba en la ciudad —llegó de Bogotá a finales de 1986—, pero recuerda cómo se intentaba entender el fenómeno entonces: “Lo que existía en ese momento eran esfuerzos muy puntuales. Se conformó un Comité de Estudios Vulcanológicos con participación de universidades y entidades de diferentes partes de Colombia. Pero no había una estructura que integrara todo ese conocimiento y lo convirtiera en monitoreo permanente. Era un trabajo fragmentado, sin una entidad que liderara el proceso”. Las señales estaban, pero no había sistema.

En la foto, del 9 de noviembre de 1986, se ve a dos científicos en pleno ejercicio geológico en las alturas del Cumanday.

Fotos | Archivo | LA PATRIA

En la foto, del 9 de noviembre de 1986, se ve a dos científicos en pleno ejercicio geológico en las alturas del Cumanday.

 

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El nacimiento: ciencia en el terreno, desde cero

La respuesta llegó pocos meses después. El 1 de abril de 1986 comenzó a operar en la capital caldense el Observatorio Vulcanológico de Colombia, institución pionera en Latinoamérica, que años después fue rebautizado a su nombre actual: Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales (Ovsma).

“La institución surge a partir de una decisión del Gobierno de asignarle a Ingeominas la responsabilidad de estudiar los riesgos geológicos. Eso implicaba crear algo que no existía: una red de monitoreo, un equipo humano y una capacidad técnica para interpretar lo que estaba pasando en los volcanes”, le explica Mora a LA PATRIA.

El Observatorio no nació con comodidad, sino con urgencia. “Yo llegué a hacer turnos de 40 horas y dormía solo dos. A veces uno se iba y tenía que regresar porque algo cambiaba en el volcán. Era una dedicación total, porque el monitoreo no podía parar. La prioridad era tan alta que en esa época existía un teléfono rojo que tenía línea directa con la Presidencia de la República”, recuerda el profesor Muñoz, quien se vinculó desde la academia al comité de estudios vulcanológicos.

El trabajo no era solo técnico, también físico. Subir al Cumanday, instalar instrumentos y mantener las estaciones exigía esfuerzo constante. Mientras el Observatorio se consolidaba, dos jóvenes caldenses estaban involucrados en ese proceso. 

Gloria Patricia lo recuerda así: “Uno estaba en la universidad y veía todo lo que estaba pasando. Empezamos a participar en actividades de monitoreo, a aprender directamente en el campo. Con el tiempo entendí la responsabilidad enorme de este trabajo, que no solo se limita a la ciencia, sino que tiene que ver con la vida de las personas”.

John Makario coincide en esa experiencia formativa: “Nos tocó formarnos en medio del proceso. No era solo teoría, era ver lo que pasaba en el volcán, discutirlo, entenderlo. Era un aprendizaje colectivo, en el que todos aportaban y todos estaban construyendo conocimiento”.

Esa vivencia fue definitiva para que ambos dedicaran toda su vida a la vulcanología, principalmente desde Manizales. Mientras John permaneció en la ciudad, donde hoy continúa activo como coordinador de Investigación de Geoamenazas del SGC, Gloria hizo un paréntesis de siete años en Pasto, de donde regresó en 1998 para seguir trabajando en su tierra natal hasta su retiro, a principios de este 2026. Ella también fue coordinadora del Ovsma en dos períodos (2011-2018 y 2021-2022).

La vigilancia del Observatorio incluye la lectura continua de sismogramas, imágenes de cámaras térmicas y convencionales y datos de decenas de sensores instalados en campo.

Fotos | Luis Fernando Trejos | LA PATRIA

La vigilancia del Observatorio incluye la lectura continua de sismogramas, imágenes de cámaras térmicas y convencionales y datos de decenas de sensores instalados en campo.

 

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Una institución que se expandió

Con los años, el Observatorio dejó de ser una experiencia local y se convirtió en un modelo nacional, nutrido de referentes de todas las latitudes del mundo: expertos japoneses, franceses, ingleses, suizos, italianos, alemanes y estadounidenses, entre otras procedencias.

Desde Manizales se apoyó la creación de los observatorios de Pasto (1989) y de Popayán (1993). Muchos de nosotros participamos en ese proceso, llevando lo que habíamos aprendido aquí y adaptándolo a otras regiones volcánicas”, explica Héctor Cepeda.

Ese crecimiento permitió consolidar una red de monitoreo en el país y ampliar el conocimiento geológico. Hoy, el Ovsma es un “médico con 13 pacientes”: los volcanes de la zona norte de Colombia (ver recuadro al final del texto).

A esa etapa de finales del siglo XX corresponde la llegada de Milton Iván Ordóñez Villota, geólogo pastuso que se trasladó a Manizales en 1998, tras casarse con Gloria Cortés.

“Cuando llegué, el Observatorio ya tenía una base sólida, pero seguía creciendo. Lo que uno ve es cómo esa experiencia inicial permitió estructurar redes más robustas, mejorar la interpretación de datos y ampliar el monitoreo a más volcanes”, comenta Milton, quien continúa adscrito actualmente a la institución.

César Carvajal, Gloria Gómez y Héctor Mora, en un ascenso al volcán Nevado del Ruiz, en los orígenes del Observatorio.

Foto | Cortesía | LA PATRIA

César Carvajal, Gloria Gómez y Héctor Mora, en un ascenso al volcán Nevado del Ruiz, en los orígenes del Observatorio.

 

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Construir sobre la memoria

Hoy, 40 años después, Manizales goza de una institución científica consolidada, con tecnología avanzada y un papel clave en la gestión del riesgo en Colombia. Sin embargo, su origen sigue presente en cada decisión.

“Todo lo que se hizo y se hace ahora tiene un propósito muy claro: que lo que pasó en 1985 no vuelva a suceder. En esa época se forjaron las bases de lo que es hoy la vulcanología en Colombia. Es imposible asegurar que no habrá otra tragedia en el futuro, pero al menos se emiten todas las alertas para que tanto las autoridades como la comunidad reciban información confiable y verificada”, afirma el geólogo Eduardo Parra, primer director del Ovsma.

El legado de los miembros de la generación pionera se vive a diario allí. Incluso en la sede, ubicada en el barrio Chipre, hay instalada una placa de agradecimiento a Marta Lucía Calvache Velasco, otra de las primeras geólogas a cargo de monitorear el Ruiz, que por su formación y experiencia se convirtió con los años en referente principal de la vulcanología en el continente.

Lo que Lina Marcela Castaño López, actual coordinadora del Ovsma, más admira de Marta es su tenacidad y el don de hacer bien las cosas y con calma. “Es una mujer muy cercana y sabia que, con dedicación, nos enseñó a las nuevas generaciones a continuar haciendo un excelente trabajo”, estima.

A las palabras de Lina se suma Gloria Cortés, quien define a Calvache como “mentora y amiga” y resalta que, más allá de su innegable aporte científico, dotó de repercusión el trabajo de la vulcanología al empeñarse en que esta cumpla con un rol social al servicio de la comunidad, impronta que hoy procuran continuar.

El monitoreo del Nevado del Ruiz, el ‘león dormido’ al suroriente de la capital de Caldas, es permanente. Cada señal se analiza y cada cambio se comunica, gracias a las decenas de profesionales que pusieron la primera piedra hace ya cuatro décadas y también a quienes recibieron ese testigo para ampliar cada vez más la trayectoria y el servicio del Observatorio.

Con máscara antigás posó para la foto un geólogo del Observatorio Vulcanológico de Colombia, en una visita técnica al cerro Gualí en 1986.

Con máscara antigás posó para la foto un geólogo del Observatorio Vulcanológico de Colombia, en una visita técnica al cerro Gualí en 1986.

 

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Un Observatorio en tiempo real

Cuatro décadas después de su creación, el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales funciona como un sistema científico permanente, con un equipo interdisciplinario, conformado por unas 50 personas, que no detiene su labor.

“De monitoreo tenemos el personal en áreas transversales como ingeniería de sistemas y electrónica, y en las áreas temáticas geólogos, sismólogos, geofísicos, topógrafos y geoquímicos”, le explica a LA PATRIA Lina Marcela Castaño López, su coordinadora desde el 2023.

El corazón de la operación es la sala de monitoreo, donde hay vigilancia las 24 horas del día. Allí, equipos de profesionales analizan en tiempo real la actividad de los volcanes de la zona norte colombiana.

En cuestión de segundos podemos brindar una información oportuna de lo que está ocurriendo con el fenómeno volcánico”, afirma Castaño. La vigilancia incluye la lectura continua de sismogramas, imágenes de cámaras térmicas y convencionales y datos de decenas de sensores instalados en campo.

Ese seguimiento permite identificar, por ejemplo, los tipos de sismos que se registran en el Nevado del Ruiz. “Cada señal se analiza para determinar si es volcánica o no, y eso nos permite entender el pulso del volcán segundo a segundo”, señala. Esta capacidad de respuesta marca una diferencia sustancial frente a los primeros años, cuando los datos se recogían de forma manual y siempre una persona debía subir para tomar el registro.

Otro componente clave del Observatorio es su infraestructura científica. En la sede funciona el único laboratorio de geoquímica de fluidos volcánicos del país. Allí se analizan muestras de agua, gases y suelos provenientes de volcanes de todo el territorio nacional. 

La trayectoria de Lina Marcela también refleja la continuidad generacional del Ovsma. Inició su vínculo cuando aún era estudiante universitaria y regresó en el 2013, tras terminar su doctorado en Geología, por invitación de John Makario Londoño. “Tuve la oportunidad de trabajar aquí desde mis primeros años y luego volver gracias a esa conexión. Eso marcó mi camino en la vulcanología”, recuerda.

Lina Marcela Castaño, coordinadora del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, observa uno de los sismógrafos con los que se trabajaba antes, que funcionaba con papel ahumado.

Lina Marcela Castaño, coordinadora del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, observa uno de los sismógrafos con los que se trabajaba antes, que funcionaba con papel ahumado.

 

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El Comité de Estudios Vulcanológicos que encendió las alertas

Antes de que existiera el Observatorio Vulcanológico, en Caldas hubo un grupo que intentó entender lo que ocurría en el Nevado del Ruiz.

Según Pablo Medina Jaramillo, ese origen fue casi espontáneo, impulsado por ciudadanos que conocían la montaña. “Eso fue el germen del Comité de Estudios Vulcanológicos: nos reunimos unos pocos que teníamos alguna relación con el Nevado, compartimos información y empezamos a organizarnos”.

El grupo surgió en medio de rumores sobre actividad en el volcán. Medina, aficionado al montañismo y al esquí, fue uno de los impulsores.

“A finales de 1984 empezaron los comentarios de olores a azufre, ruidos, gente que bajaba asustada de las fincas… y eso se volvió un voz a voz en la ciudad. A los que conocíamos el Nevado nos pareció que había que hacer algo”, recuerda, en conversación con LA PATRIA.

Así se conformó un equipo en el que participaron líderes cívicos, ingenieros, académicos y entidades como la Central Hidroeléctrica de Caldas (Chec), el Comité Departamental de Cafeteros y la Corporación Financiera de Caldas, de la cual él era su vicepresidente en ese entonces.

Aunque lograron articular información y apoyar misiones científicas, el Comité era una organización informal. “Teníamos reconocimiento de las autoridades, pero no éramos una entidad oficial”, explica Medina. Esa condición se volvió un obstáculo cuando comenzaron a llegar apoyos internacionales tras la erupción.

La presión fue determinante. “Los norteamericanos trajeron equipos y dijeron: esto hay que donarlo al país, pero no se lo podemos entregar a un grupo informal. Tiene que ser una entidad estatal”, señala. Esa exigencia obligó a formalizar la estructura científica y llevó a que Ingeominas asumiera la creación del Observatorio en Manizales.

Tras la consolidación del Ovsma, Medina pasó a otro escenario clave. En agosto de 1986, el recién posesionado presidente Virgilio Barco lo designó como el primer director de la Oficina Nacional de Gestión del Riesgo.

“El país no puede seguir creando entidades para cada desastre. Tiene que haber un sistema que los atienda, pero sobre todo que trabaje en prevención”, recuerda sobre el encargo recibido desde la Presidencia.

Su tarea fue sentar las bases de una institucionalidad que unificara la respuesta a emergencias y priorizara la anticipación del riesgo, una idea que también nació de las lecciones del Ruiz.

“Difícil ascenso al Nevado del Ruiz”: así tituló LA PATRIA esta fotografía de noviembre de 1986, en la que dos integrantes del Observatorio monitorean el volcán.

“Difícil ascenso al Nevado del Ruiz”: así tituló LA PATRIA esta fotografía de noviembre de 1986, en la que dos integrantes del Observatorio monitorean el volcán.

 

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13 volcanes monitoreados por el Observatorio en Manizales

El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales les toma permanentemente el pulso a las 13 estructuras geológicas que conforman el segmento del norte volcánico de Colombia:

  • El Escondido
  • San Diego
  • Guadalupe
  • Romeral
  • Cerro Bravo
  • Nevado del Ruiz
  • Paramillo del Cisne
  • Nevado Santa Isabel
  • Paramillo del Quindío
  • Complejo Cerro España
  • Paramillo de Santa Rosa
  • Nevado del Tolima
  • Cerro Machín

En Manizales funciona el único laboratorio de geoquímica en Colombia. La sede del Observatorio, ahora ubicada en Chipre, antes era en el piso 11 del Banco Cafetero (actual despacho de la Alcaldía).

En Manizales funciona el único laboratorio de geoquímica en Colombia. La sede del Observatorio, ahora ubicada en Chipre, antes era en el piso 11 del Banco Cafetero (actual despacho de la Alcaldía).

 


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