Fotos | Cortesía Alejandra Rivas | LA PATRIA A través de Instagram (@alejarivasg_), Alejandra busca mostrar la realidad de estudiar arte en Colombia y su diario vivir en una carrera como Teatro Musical.
Durante un tiempo, Alejandra Rivas González pensó que debía escoger un camino seguro. Por eso, al terminar el colegio en Manizales, entró a estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional, una decisión que parecía lógica para alguien a quien siempre le había ido bien en matemáticas, pero que, a medida que avanzaba, no terminaba de encajar.
Con el tiempo entendió que estaba intentando construir una vida lejos de lo que de verdad quería. Hoy estudia Teatro Musical en la Universidad del Rosario, en Bogotá, una carrera que reúne danza, actuación y canto y que representa el cambio que decidió hacer por el arte.
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¿Cómo empezó su relación con el arte cuando era niña en Manizales?
Mi mamá siempre nos metía a mi hermana y a mí en grupos culturales: pintura, guitarra, diferentes cosas. Pero cuando llegué al baile fue distinto. De todo me salí, menos de danza. Empecé a los seis años y desde entonces no he parado. Conocí al profesor Alexánder Morales y después entré a su academia, que sigue vigente hasta hoy. Ahí crecí como bailarina y empecé a entrenar cada vez más. El baile se volvió parte de mi vida.
Antes de estudiar Teatro Musical estaba en Ingeniería Industrial. ¿Por qué eligió ese camino?
Realmente entré porque salí del colegio sin saber qué hacer. Como me iba bien en matemáticas, todo el mundo decía que debía estudiar una ingeniería. Pero también estaba esa idea que uno escucha mucho: que los artistas se mueren de hambre, que del arte no se puede vivir. Entonces yo misma me negaba esa posibilidad. Entré a ingeniería industrial en la Universidad Nacional, pero yo mantenía aburrida. No era feliz ahí.
¿En qué momento decidiste que querías dedicarte al arte?
Hubo una materia que fue como el punto de quiebre: Álgebra Lineal. La repetí varias veces y antes de presentarla por tercera vez me dije que, si la volvía a perder, me salía de la carrera. La perdí. Para mí fue como una señal. Sentí que no estaba donde tenía que estar.

Alejandra Rivas combina sus estudios en Teatro Musical mientras enseña distintos géneros de danza en una academia en Bogotá.
¿Fue difícil tomar la decisión de dejar la carrera?
Para mí no fue tan difícil, porque ya sabía que no era feliz ahí. Lo difícil fue decirles a mis papás. Sentía que ellos podían decepcionarse. Guardé ese sentimiento mucho tiempo hasta que un día antes de empezar otro semestre, les dije que no quería volver a la universidad. Mi mamá se sorprendió, pero creo que en el fondo ya lo presentía. Mi papá sí se puso triste y creo que todavía no está conforme con eso porque él siempre quiso estudiar ingeniería y no pudo hacerlo.
¿Cómo apareció el teatro musical en su vida?
En el 2023 fui con la academia a una competencia que se llama Addicted to Dance. Allí conocí a estudiantes del programa de Teatro Musical de la Universidad del Rosario. Yo ni siquiera sabía que existía una carrera que uniera danza, teatro y canto. Cuando los vi competir y supe lo que estudiaban, fue como descubrir un mundo nuevo.

Alejandra vive en otra ciudad. No obstante, es orgullosamente manizaleña y sigue visitando los lugares donde se formó artísticamente con constancia.
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¿Qué significa para usted estudiar Teatro Musical en Bogotá?
Para mí es un sueño. A veces cuando estoy cansada o me duele el cuerpo por todo el entrenamiento pienso: “Acuérdate de que esto era algo que querías vivir”. No todo el mundo tiene la oportunidad de estudiar algo así. Entonces intento recordar eso y disfrutar el proceso.
El arte suele ser un camino incierto. ¿Cómo lidia con ese miedo?
Creo que el miedo más grande ya lo vencí cuando dejé una carrera tradicional que me iba a dar estabilidad, pero no felicidad. Ahora trato de estar en movimiento: audicionando, entrenando, enseñando y buscando oportunidades. En el arte uno puede hacer muchas cosas: bailar, cantar, actuar, coreografiar y enseñar. Yo me visualizo como alguien que va a salir adelante haciendo lo que ama.

El proceso creativo de mezclar el canto, la danza y la actuación es el factor por el que Alejandra decidió dedicarse al arte.
Si pudiera hablar con la Alejandra que estaba estudiando una ingeniería, ¿qué le diría?
Que deje de negarse a lo que ya sabe. Desde chiquita veía cosas en televisión y decía: “Yo quiero estar ahí”. No sabía que eso se llamaba teatro musical, pero sí sabía que bailar era lo que me hacía feliz.
¿Y qué les dice a quienes quieren vivir del arte, pero tienen miedo?
Que escuchen lo que realmente quieren. Los papás muchas veces buscan lo mejor para uno, pero no siempre saben qué es lo que de verdad lo llena a uno. El arte no es para cualquiera, es para personas apasionadas. Si uno sabe que tiene esa pasión, no hay que tener miedo de dar el paso. Cuando uno hace lo que ama, siempre encuentra la forma de seguir adelante.
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