Fotos | Sophía Restrepo | LA PATRIA Refugio Librería aparece en Instagram como @refugiolibrería20 y busca llegar a personas que busquen un espacio para leer, encontrar nuevos libros y disfrutar del hábito en comunidad.
La librería Refugio volvió a la vida. El proyecto, que nació hace seis años como una iniciativa pensada para estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas, tuvo que cerrar su sede en el centro de Manizales en el 2024 por razones económicas. Sin embargo, el espíritu del espacio se mantuvo activo a través de talleres itinerantes que consolidaron una comunidad lectora que hoy respalda su reapertura, desde el pasado 31 de enero, en el barrio La Camelia.
Camilo García, uno de los gestores actuales, se vinculó hace un año al proyecto y hoy lidera la curaduría de los libros, el diseño de los clubes de lectura, la parte administrativa y de gestión comercial. Cuenta que Refugio fue fundado por Santiago Cardona y que con el tiempo se convirtió en un espacio más amplio, con sede física en el centro de la ciudad, donde empezaron a diversificar su público. “Lastimosamente en el 2024 la librería tiene que cerrar por cuestiones económicas”, explica.
Lejos de abandonar la idea, durante el 2025 (ya sin local) Camilo y su socia, Ximena Cardona, retomaron la esencia del proyecto a través de encuentros de lectura convocados por redes sociales. Durante ese año realizaron por lo menos 30 encuentros, leyeron alrededor de siete libros por mes y lograron reunir unos 100 lectores. Esa experiencia fortaleció una comunidad que, según García, fue clave para decidir abrir nuevamente un espacio físico.

Camilo García es uno de los gestores de la librería Refugio, actualmente lidera la curaduría de los libros, el diseño de los clubes de lectura, la parte administrativa y de gestión comercial.
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Un nuevo espacio para retomar
El nuevo hogar está en el barrio La Camelia, en la carrera 23b #70 A 87, una zona que eligieron entre el azar y la convicción. Querían salir de la dinámica del centro y apostarle a un entorno más tranquilo, pero con buena visibilidad y flujo constante. “Nos gustaba el ambiente, la zona y hemos descubierto que hay una comunidad en este sector. El barrio nos ha acogido muy bien”, afirma García. Aunque el acceso en carro puede ser más complejo, destacan que caminando se puede llegar desde distintos puntos.
Leer como acto colectivo
Más que vender libros, Refugio busca ofrecer una experiencia. Su propósito es que la lectura sea un acto social y no únicamente individual. Entre sus propósitos está borrar jerarquías entre lectores, romper con la idea elitista de que hay niveles o categorías y promover encuentros donde todos puedan participar sin importar su trayectoria. “Queremos que la lectura sea menos jerárquica, elitista y más compartida”, señala García.
Para lograrlo organizan clubes de lectura los martes, jueves y sábados. Los martes y jueves son espacios con inversión, que incluyen el libro, una libreta de ejercicios, un separador, un lapicero y un obsequio de la librería. Cada club contempla cinco sesiones y tiene una particularidad: la lectura se realiza en el lugar, de manera conjunta, sin necesidad de llegar con el libro previamente leído.

Los libros que se ofrecen en el local pasan por una curaduría para verificar que estén en buen estado y que cumplan con los objetivos y el alcance que se tiene proyectado.
Los sábados en la mañana funciona el Club de los Hados, dedicado a la lectura de cuentos. Es gratuito y abierto al público. Además, el espacio está disponible para otras actividades culturales: charlas con escritores caldenses, talleres de escritura creativa, encuentros de tejido a mano y propuestas de personas que deseen compartir sus proyectos.
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Libros nuevos y de segunda
En cuanto a la oferta editorial, el lugar trabaja con libros nuevos y de segunda mano. En ambos casos realizan un proceso de curaduría. Están en etapa de consolidación del catálogo, contactando editoriales independientes y grandes conglomerados para ampliar la oferta. Los libros usados no llegan como relleno: buscan títulos con potencial de circulación y lectores interesados. “La idea es que los libros no se queden quietos, que siempre haya alguien dispuesto a agarrarlos”, dice García.
El espacio demuestra la intención con la oferta de los textos. Un pequeño rincón de libros infantiles con un fondo de páginas pegadas en la pared y un letrero que dice "Mi refugio es leer" es una de las esquinas del lugar que invita a que lectores de todas las edades disfruten del hábito de leer como ese abrigo que ofrece un refugio. Asimismo, los libros empacados que no han sido estrenados, y los que esperan llegar a otras manos para una segunda oportunidad se ven a lo lejos como un llamado a disfrutar el ambiente en comunidad o en un acto de introspección.
Los visitantes
El público también ha cambiado. Aunque algunos lectores que frecuentaban la antigua sede han regresado, gran parte de los visitantes actuales provienen de la comunidad que se consolidó en los talleres del 2025. A ellos se suman curiosos que llegan por café, por recomendación o simplemente por el deseo de encontrar un lugar donde leer acompañados. Así, Refugio renace en La Camelia como algo más que una librería: un punto de encuentro para leer en voz alta, discutir historias y construir comunidad alrededor de los libros.
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