Café Ocampos

Fotos | Luis Fernando Trejos | LAPATRIA

Luz Marina Salgado y su hijo, Eduardo Ocampo, no solo comparten como madre e hijo sino también como socios de un legado familiar.

"Iba a los cafetales de la mano de mi papá y con la otra mano sostenía el tetero".

Esto es lo primero que destaca Luz Marina Salgado, cuando se le pregunta qué recuerda de su vida en el campo y de toda su larga tradición familiar, hoy cuarta generación alrededor del café.

Además del brillo en los ojos y de la mayor entonación que le pone a sus palabras, cuando habla de su padre, Eduardo Salgado, Luz Marina acompaña sus reflexiones con un movimiento firme en sus manos para resaltar el legado de su padre: La María, finca en la vereda La Cabaña, que también se constituyó en una gran responsabilidad.

 

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De la medicina al grano

Inicialmente fue su esposo, Huberto Ocampo Vargas, quien estuvo al frente de esos verdes paisajes y árboles de caturra y arábigo, entre otras variedades que tenían plantados en un terreno de unas 14 hectáreas.

No contentos con ello, le sumaron las tierras de la Santa Lucía, otra finca de 12 hectáreas que adquirieron posteriormente en el mismo sector.

Pese a ello, y por las cosas trágicas del destino, luego de una larga enfermedad, Huberto falleció a los 72 años por un cáncer que no les dio tregua, por lo que a Luz Marina le tocó enfrentar ese nuevo reto, en medio de cierta soledad.

"Yo soy bacterióloga y era la jefe del laboratorio más grande que había en ese momento en Manizales en la clínica del Seguro Social en Villa Pilar. Por eso busqué rápido la salida para asumir esta tarea, pues era demasiado valioso el tiempo que tuviera para el acompañamiento de dos adolescentes, pues cuando Huberto falleció, mis dos hijos: Carolina y Eduardo, eran menores de edad. No había otra opción, sentarme a llorar y arroparme en las cobijas o ponerme a trabajar".

Eso hizo que tuviera que enfrentar la tarea sola, aún más compleja para una mujer en un sector que ha sido considerado machista por naturaleza. "Yo me hice dos preguntas, qué fincas les voy a heredar a los hijos y qué planeta ambientalmente vamos a entregar. Además era un legado que tenía que hacer respetar".

 

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Al frente

Si bien fueron años complejos al frente, en un trabajo que incluye la producción, el beneficio, la venta del grano y pagar el montón de deudas que deja la actividad, Luz Marina resalta que jamás pensó en vender.

Eduardo Ocampo Salgado, hijo menor de Luz Marina, también dice, con cierto dolor, lo que vivió su madre. "Mi padre duró más o menos 24 meses enfermo, y en ese tiempo estuvo unas tres veces en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Luego murió cuando yo tenía 15 años, por lo que fue mi mamá quien tuvo que asumir las riendas para sacarnos adelante", dice.

"Un hombre de Pácora (Caldas), con descendencia cafetera, miembro del Comité Departamental de Cafeteros de Caldas y una persona muy activa de quien había mucho qué aprender, pero se lo llevó esa enfermedad", lamenta pensativo, como evocando ese mal recuerdo, que evidentemente a sus 35 años aún le genera malestar.

Al igual que su madre, Eduardo recuerda que desde niño anduvo con su padre metido entre palos de café. De ahí que su llegada al sector cafetero para continuar con este legado no fue ninguna sorpresa, estaba predestinado.

 

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Paso a paso

- "Yo dije: este muchacho es el que me va a dar la mano, pues aunque aún estaba en su época de colegio, con el papá bien delicado en una UCI y yo de turno en una clínica, fue él quien tenía que subir el café de la finca, venderlo y pagar los trabajadores y llegar después cansado a la casa con lo que había de devuelta", relata Luz Marina.

Inicialmente Eduardo se fue para Medellín a estudiar economía en la universidad de EAFIT, y luego hizo una profundización en Finanzas Corporativas en Bélgica (Bruselas), todo lo cual le permitió enfocarse en planes de desarrollo corporativo y emprendimiento.

Esto le dio la oportunidad de trabajar en algunas ONG como Créame, patrocinada por Proantioquia, y con la holandesa Solidaridad Network, administrando planes de desarrollo rural, especializados en café. "Ahí me reencontré con el sector", dice Eduardo con emoción y con el mismo brillo en los ojos de su madre, cuando habla de esta actividad.

"Trabajé con ellos dos años, pero luego volví a Manizales y después de reconectarme con la caficultura, entre mi madre y yo decidimos hacer esa transición, que yo llamo, de manera jocosa, hacer lo que la mamá ya no quiere hacer. Una madre muy verraca frente a un sector complejo, en medio del estrés que genera recoger una cosecha en la que se tienen que mover 80 mil kilos, contratar 100 recolectores y tener flujo de caja para pagar los sábados", resalta.

 

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Los cambios

De ese compromiso hizo parte Carolina, su hermana, quien si bien eligió una profesión diferente y compleja como es la medicina, igualmente asumió ese reto de constituir de las fincas una empresa familiar: Café Ocampos.

Esa nueva visión les permitió pasar del concepto de solo vender un producto de buena calidad a pensar en otros enfoques, incluyendo especiales. Eduardo seguía como director de sostenibilidad en Cafexport, donde laboró 7 años. "Sin embargo, todo eso me hizo comprender este mundo de una forma más holística y hace dos años tomé la decisión de renunciar para dedicarme en un ciento por ciento a la empresa Café Ocampos".

El negocio hoy cuenta con varias líneas de trabajo, contando la exportación del grano verde a países como Inglaterra, España y Estados Unidos, además del tostado para el mercado nacional. A eso se suma un centro de experiencias y avistamiento de aves en la nueva finca que adquirieron, Santa Bárbara, de 20 hectáreas, en la vereda La Aurora.

Además, el año pasado se ganaron el primer puesto en el Quinto Concurso de Cafés Tostados de Manizales.

 

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El verdadero empalme

¿Cómo se logra ese cambio y convencer a una cafetera tradicional?, le consultamos a Eduardo. Según él, no ha sido fácil, más cuando hay varios arraigos culturales. "Hay épocas en las que no puedo llevar a mi mamá a la finca porque me dice que le tengo los lotes enrrastrojados, pues hoy el reto es mantener las áreas con algunas coberturas nobles".

También evoca sus críticas por el largo proceso que hicieron en la fermentación del café y los daños que se presentaron durante ese aprendizaje que al final les permitió resaltar ciertas características organolépticas del grano.

Luz Marina igualmente evoca esas anécdotas y sonríe, al resaltar que lo más importante ha sido la confianza, por lo que en un momento le dijo, "haga lo que quiera, pero con responsabilidad, usted responde", señala con su dedo izquierdo, recordando el momento. "Son otra generación, van a mil, por eso aprendí que por mucho que viví, indagué y estudié sobre el café, no me las sabía todas y que para avanzar había que soltar".

 

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El legado

Pero Eduardo destaca el impulso y fortaleza de su mamá. "Ella sigue al frente. Así como delega, asume. Como quería manejar el centro de experiencias y atender visitas extranjeras, se fue tres meses para Mánchester (Inglaterra) a aprender inglés. Le cuento que vino con B2 certificado por EF (Education First)".

Además relata aquella vez que uno de sus clientes, Origen Coffee, les devolvió unas muestras. Pese a ese rechazo, Luz Marina aprovechó que estaba en Londres y con su carisma y lo que se conoce en Manizales como una mujer dicharachera se fue hasta las oficinas para convencer a la directora. "Gracias a esa conexión, hoy Origen Coffee es nuestro mejor cliente y aliado estratégico en la exportación de café verde", celebra Eduardo.

Por su parte Luz Marina asegura que más que madre e hijo, son grandes amigos y excelentes compañeros de trabajo.

¿Alguna nostalgia en medio de este empalme generacional?, le consultamos. "Ninguna", responde. "Lo único que extraño de la vieja caficultura son los corredores de las fincas llenos de café donde niños corríamos y jugábamos, algo inimaginable hoy en día por la protección y conservación de sus características".

Eduardo insiste que Café Ocampos, nombre en honor a su padre, tiene muchos retos y tareas continuas, aunque este año, por ejemplo, será de mucha calma, aplicando lo que decía su abuelo, "hay años para crecer y otros para cuidar".

 

Para recordar

* Café Ocampos nació en 1997, pero oficialmente se constituyó ante Cámara de Comercio de Manizales en el 2024.

* Hoy la finca cuenta con variedades como borbón, Cenicafé, Geisha, Catiope y Sanisidro.

* Luz Marina Salgado hace parte del comité asesor de la Cooperativa de Caficultores de Manizales, que tiene alrededor de 3 mil 700 socios y unas 14 sucursales en Caldas.

 

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