Vigila las calles de Manizales

Fotos | Luis Trejos | LA PATRIA

José Albeiro Saldarriaga vigila las calles del barrio Palermo desde hace más de cuatro décadas. Con este oficio ha sostenido a sus dos hijos y les brindó estudios profesionales.

Entre noches oscuras, soledad y desvelos transcurren las jornadas de los celadores Sebastián Gómez y José Albeiro Saldarriaga. Tienen 33 y 77 años, respectivamente. Sebastián presta su servicio en el barrio Los Cedros, mientras que José Albeiro lo hace en Palermo, en Manizales. Dos realidades distintas: uno es un sector exclusivo de la ciudad; el otro, un barrio tradicional de clase popular.

Ambos cargan un machete al cinto como medida de protección, por si deben enfrentar a un ladrón. No tienen formación académica en seguridad privada, como ocurre con los vigilantes; aprendieron el oficio en la práctica. Así resguardan las calles y viviendas que les han confiado.

José Albeiro es más expresivo al responder; se extiende en sus relatos. Sebastián, en cambio, es reservado y se limita a contestaciones concretas sobre su labor. El primero acumula 44 años en la celaduría; el segundo apenas completa un mes en esta actividad.

Lucha

José Albeiro es natural de Andes (Antioquia). A los 33 años llegó a Manizales en busca de mejores oportunidades, pues en su tierra natal escaseaba el trabajo.

Recuerda que comenzó como cuidador en Palermo, en la carrera 27 con 68, y le tocó ver construir la mayoría de viviendas del sector: la casa de los Gómez, los conjuntos residenciales del frente y otras edificaciones de la zona.

Cuenta que su hermana Amparo, quien trabajó en la casa de un dirigente político, lo recomendó para encargarse de la cuadra. “Los dueños de las casas me pagan por el servicio. Este barrio era puro rastrojo y no había vías”, rememora.

Hoy es responsable de la vigilancia en el edificio Cantabria y de casas ubicadas frente a esa construcción.

Pago

José Albeiro recordó que el primer salario que recibió fue de $1.000, trabajando de lunes a domingo todo el día. “Uno va adquiriendo experiencia. Hago mandados, recibo encomiendas; antes lavaba carros, pero ya no se permite”, relata.

Actualmente trabaja de lunes a sábado en jornada diurna. Tiene dos hijos: Claudia Liliana, funcionaria del Dane; y Miguel Antonio, docente del colegio La Gran Colombia, quien antes lo apoyaba en el cuidado del sector, pero ya no puede por sus compromisos laborales.

“La mayor satisfacción es servirle a la gente. Me ha tocado presenciar hurtos, pero nunca han robado en las edificaciones que protejo”, afirma.

Usa sombrero para cubrirse del sol y, como buen antioqueño, lleva una peinilla dentro de una cubierta terciada, ajustada a la cintura con una cabuya.

Confiesa que dejó los turnos nocturnos porque el cuerpo ya no resiste los trasnochos.

Juventud

Sebastián también porta machete y calza botas de caucho. Antes de asumir esta labor trabajó en construcción y en empresas mineras de Marmato.

Se protege de la lluvia en una caseta de cemento ubicada a un costado de la vía. “Es un trabajo digno, me gusta. En mi familia varios primos también cuidan barrios. Nunca se han metido a robar donde estoy”, comenta.

Vive solo, por la vía al Guamo. Explica que algunas casas aportan económicamente y otras no. Cumple turno de 7:00 p.m. a 6:00 a.m., incluidos sábados y domingos; descansa un día a la semana.

En su figura se reflejan la juventud, las ganas de salir adelante y el brío de quien no le teme al trasnocho ni a la intemperie.

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Diferencia entre celador y vigilante

El celador se encarga de custodiar un lugar específico, como colegios, hospitales o edificios residenciales. Sus tareas son preventivas: abrir y cerrar accesos, controlar ingresos y hacer rondas. No requiere formación especializada ni está autorizado para portar armas.

El vigilante, en cambio, pertenece a la seguridad privada formal, regulada en Colombia por la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada. Debe contar con curso certificado y puede desempeñar funciones de control, prevención y reacción ante situaciones de riesgo. Según el servicio, puede estar autorizado para portar armas y trabaja para empresas legalmente constituidas.

 

Tarifas

  • Por una hora de celaduría nocturna cobran $50 mil.
  • Por una hora en el día, $40 mil.

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