Juan Sebastián Montoya Arango, biólogo y entrenador de perros para personas discapacitadas.

Foto | LA PATRIA  Juan Sebastián Montoya Arango, biólogo y entrenador de perros para personas discapacitadas.

Juan Sebastián Montoya Arango, biólogo y entrenador de perros para personas discapacitadas, habló con LA PATRIA Radio sobre su trabajo, la relevancia que tiene y el tratamiento ético que maneja. Esto dijo:   

 

¿Cómo nació su interés por estos temas? 

Tuve la oportunidad de criarme toda mi vida con perros. Mi papá también es entrenador canino para personas discapacitadas y cogí algo de su pasión. De hecho, compartimos el mismo profesor al momento de tomar el curso en España. 

Y lo ayudé en todos los procesos de crianza, selección, estimulación temprana y entrenamiento. Creo que parte de la responsabilidad que tenemos es conservar algunas tradiciones que vienen de la familia.

Afortunadamente yo comparto la misma pasión por los animales. 
 

¿De qué se trata el entrenamiento especializado a personas discapacitadas? 

Lo bonito del entrenamiento es que no hay perro bueno o malo, sino que de acuerdo a las características de la personalidad de cada uno se pueden potencializar esos comportamientos enfocados a un trabajo en particular. 

Entonces, inicialmente se hace una prueba de conducta, se mira qué tipo de personalidad tiene, las fobias, el gusto que tiene por obedecer, por socializar, y de acuerdo a eso se pueden canalizar esas características en un trabajo en particular.

Hay bastantes personas con diferentes discapacidades que están necesitando un perro de estos. 
 

¿Como cuáles? 

Están los perros de detección: sirven para detección de muestras que dan positivo para cáncer o cuando hay bajas en la insulina para personas diabéticas y pueden ser para intentar predecir los ataques epilépticos y ponerse en una posición de guardia para que la persona no se golpee. 

También hay perros para personas con movilidad reducida como silla de ruedas, amputación, discapacidad auditiva o visual. 

Es muy diverso. Hay perros que deben ser bastante obedientes, hay perros a los que hay que enseñarles a desobedecer cuando el entorno sea riesgoso para el usuario.

 

¿Cuál es la relevancia de este tipo de apoyos que brindan? 

Creo que el servir a este tipo de personas a través de los perros trae muchas cosas positivas.

El perro no es un ser que te vaya a juzgar, sino que siempre va a estar ahí con tal de recibir una caricia. Me parece que es un elemento muy incluyente, aporta inclusión al usuario, a la sociedad y le permite vivir una vida un poco más cercana a la normalidad.

Donde hay un perro, la mayoría de personas se quieren acercar y eso ayuda un poco más al usuario a integrarse.

 

¿Cómo verificar el buen estado y salud del perro también? 

La responsabilidad ética que tenemos se basa principalmente en garantizar la salud del perro. Eso lo hacemos de la mano con los veterinarios siguiendo un plan de vacunación adecuado, y a través del alimento es en lo que está principalmente la salud de ellos.

También ofreciéndoles un entrenamiento más asociado al beneficio que trae para ellos, o sea, a premios, juegos, caricias y no castigos. 

Además, dándoles esa oportunidad de tener espacios de esparcimiento para ellos, porque por más que estén aprendiendo a hacer labores humanas no van a dejar de ser perros, no se les puede prohibir serlo. 

 

¿Puede contar un caso de los que han tenido? 

Hay un caso que tuvimos con una persona epiléptica. Él llegó a nosotros en búsqueda de ese servicio, porque en realidad en el país no hay mucha gente que haga este tipo de labor. 

Entonces, nos contactó desde Sincelejo. Y empezamos el proceso con una perra que teníamos, se llama Marilin. 

Empezamos a involucrarnos un poco en el mundo de la epilepsia porque no teníamos mucho conocimiento. Y logramos garantizar que si llegaba a sufrir un ataque epiléptico, podía meterse bajo la cabeza del perro para servirle como almohada y evitar que se hiciera daño. 

Pero con el pasar del tiempo, la perra incluso empezó a anticiparse y empezó a avisar cuándo iba a tener un ataque. Entonces, aparte de protegerlo, la persona se podía poner en una posición segura.

Eso fue muy reconfortante. Es una persona pudo tomar sus clases en la universidad con su perro y seguir una vida normal. Fue muy grato para nosotros. 

 

¿Qué mensaje entrega a la ciudadanía en general sobre esta labor?

Que se animen a investigar sobre esta labor. En realidad, hay un universo demasiado grande en el mundo del perro. 

Y es una labor en realidad terapéutica para uno, porque es trabajar todos los días con ellos y eso significa risa, alegría, tranquilidad y obligarse a salir de su zona de confort. 

Somos muy pocos los que hacemos esto y necesitamos más manos para poder cubrir las necesidades de toda esta población. 

 

Contacto

Teléfono: 313 727 40 69 

 

Escuche la entrevista completa en: 

 

 


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