El templo de Los Agustinos, 125 años después de construido, es una joya semigótica, que custodia una parte del Centro de Manizales.

Foto | Luis Fernando Trejos | LA PATRIA

El templo de Los Agustinos, 125 años después de construido, es una joya semigótica, que custodia una parte del Centro de Manizales.

Más que una parroquia, Los Agustinos ha sido testigo y protagonista de la transformación de Manizales. Hace 125 años, en medio de una ciudad marcada por incendios, tensiones sociales y un futuro incierto, tres frailes españoles levantaron no solo un templo, sino un símbolo de fe y resistencia.

Entre cenizas y reconstrucciones, este tercer templo de la capital de Caldas se convirtió en refugio espiritual y en un punto de encuentro que, con el paso del tiempo, ha tejido parte de la historia viva de la ciudad.

Al recorrer las empinadas calles del sector Los Agustinos, aledaño al barrio Las Américas, son muchas las historias que se tejen desde inicios del siglo XX al primer cuarto del siglo XXI.

Hoy se respira tradición, sin olvidar que a principios del siglo XX, el terreno donde está edificado el templo de Los Agustínos, era un paraje inhóspito conocido como "El Carangal".

125 años después de la llegada de la comunidad de los Agustinos Recoletos a la ciudad, la memoria histórica recobra vigencia para recordar como la pujanza fue el motor de la urbanización de este sector.

 

La voz de la experiencia

A propósito de los 125 años de Los Agustinos en Manizales, el templo recibe por estos días a monseñor José Alejandro Castaño Arbeláez, obispo emérito nacido en La Ceja (Antioquia), quien guarda un vínculo especial con este lugar: hace 25 años fue el encargado de celebrar su centenario.

En conversación con él, la historia regresa a 1901, cuando Manizales apenas daba forma a su vida eclesiástica. Fue entonces cuando monseñor Nazianzeno Hoyos, primer obispo de la recién creada Diócesis, viajó a Bogotá en busca de apoyo para consolidar la fe en la naciente ciudad.

Tocó la puerta de la orden agustiniana y obtuvo respuesta: el envío de tres frailes: Manuel Fernández, Justo Ecay y Samuel Ballesteros, cuya llegada marcaría el inicio de una huella espiritual que aún perdura.

La tenacidad de aquellos religiosos no solo quedó en la memoria colectiva, sino también fundida en bronce, en una escultura que hoy permanece a un costado del templo, como recordatorio silencioso de los cimientos humanos y de fe sobre los que se levantó Los Agustinos.

Monseñor José Alejandro Castaño Arbeláez, obispo emérito, se reencontró con la escultura de los tres frailes recoletos fundadores de Los Agustinos, obra que él mismo mandó a elaborar hace 25 años al maestro Guillermo Vallejo.

 

Al rescate de los vagabundos

Los montes y potreros donde se construyeron Los Agustinos tienen su historia de redención. "Eran unas hondonadas, unas cañadas donde las señoras iban a buscar a sus esposos cuando no llegaban los fines de semana a sus hogares, porque estaban borrachos, se caían y allí se quedaban dormidos", relata el obispo emérito José Alejandro Castaño Arbeláez.

Con orgullo recuerda cómo ese terreno, a punta de convicción y trabajo comunitario, se fue estructurando en terraplenes para darle paso a las casas y edificaciones que hoy conforman el sector de Los Agustinos, también identificado como el barrio Las Américas.

 

Circunstancias sociopolíticas

La presencia agustina religiosa en Manizales no solo trajo orden urbanístico, sino que sobrevivió a los embates políticos de finales del siglo XIX.

La comunidad venía de un proceso de restauración tras la persecución liberal de 1895, que expropió bienes eclesiásticos y desplazó a religiosos hacia el Casanare.

La historia también tiene un capítulo marcado por la perseverancia. Fue San Ezequiel Moreno quien, tras años en los que la orden debió permanecer en la clandestinidad en Colombia, lideró el regreso de los agustinos recoletos al país, estrechando desde entonces su vínculo con Manizales.

Su paso por tierras caldenses no fue menor: recorrió la región sembrando fe y dejando una huella espiritual que aún se percibe en la memoria del templo y de la ciudad.

En la actualidad la parroquia del Sagrado Corazón, nombre oficial del templo, que todos conocen simplemente como "la iglesia de Los Agustinos", se erige como un testimonio de un pasado luchado a un presente con legado arquitectónico y trascendencia urbanística.

 

Una joya arquitectónica

La estructura actual, del templo de Los Agustinos en Manizales, data de un refinado estilo semigótico, diseñada y elaborada por el padre Julián Ongay, quien llegó procedente de Cartago para imprimirle el gusto estético que hoy se aprecia en sus vitrales y naves de diseño religioso europeo.

 

Anfitrión de la celebración

El sacerdote Enrique Arenas, párroco oficial de Los Agustinos, está dedicado desde inicios de este mes a la celebración de los 125 años de fundación del templo.

Según el religioso en esta efemérides, la comunidad religiosa y los habitantes del sector no solo celebran una cifra, también la permanencia de una institución que ha formado generaciones.

La coincidencia del aniversario con la visita de antiguos alumnos y obispos que hoy regresan para las celebraciones de Semana Santa, refuerza la idea de una historia que, según los protagonistas, se va perpetuando a través de personas, hechos y circunstancias, dignos de documentar para algunos, y para otros, con una historia ¡de película!

Foto | Juan Carlos Unda | LA PATRIA El sacerdote Enrique Arenas, párroco oficial de Los Agustinos o Sagrado Corazón de Jesús, tiene de marco un templo con tradición religiosa y arquitectónica

 

Del maestro al alumno

Monseñor José Alejandro Castaño Arbeláez, obispo emérito de la comunidad agustina y residente en el Desierto de la Candelaria (Boyacá), regresó a Manizales para participar en las celebraciones de Semana Santa y los 125 años de la orden.

El prelado, quien posó para el monumento de los fundadores, se reencontró con el actual párroco, el padre Enrique, quien fue su alumno años atrás en el seminario

 

De nunca olvidar

El sector de Los Agustinos nació de la transformación de 'El Carangal', una zona de cañadas, que la comunidad religiosa ayudó a urbanizar desde 1901.

 

La escultura del Centenario

Hace 25 años, en la celebración de los 100 años del templo de Los Agustinos, monseñor José Alejandro Castaño Arbeláez y obispo emérito, lideró la elaboración de la escultura en honor a los tres frailes fundadores.

Está ubicada en las inmediaciones del templo, como monumento que plasma la llegada de la orden Agustina. La escultura fue realizada por el maestro Guillermo Vallejo, el mismo escultor del Monumento a los Colonizadores.


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