La hermandad
Señor director:

Qué bello y admirable cuando en una familia los hermanos están unidos permanentemente, apoyándose en todo sentido. Allí se percibe amor incondicional, compañía, mucho bienestar y alegría. Cuando es a la inversa, y cada uno toma su rumbo de manera independiente, desconectado de sus hermanos, pasando días, meses o años sin saber de las condiciones en que uno u otro se encuentre, es triste y lamentable, al igual que cuando se enfrentan por dinero.
Para que haya conectividad es imprescindible que todo empiece desde el hogar en la niñez, cuya labor la debe hacer tanto la madre como el padre hablando con sus hijos y con valores tanto morales como espirituales mantenerlos reunidos, concientizándolos de esa necesidad. De esta manera cuando estén adultos verán el valioso trabajo que hicieron sus progenitores.
No debe haber preferencias de ninguna índole, porque eso lacera moralmente a quien la sufre y con mayor razón los demás hermanos lo estigmatizan. Debe haber amor, cariño y afecto para todos. Salvo cuando son hijos únicos que crecen con todo el amor, valorándolos intensamente desde su infancia, llenándolos de autoestima, diciéndoles todo lo que valen. Los resultados a futuro son de entrañable connotación, orgullo y satisfacción cuando triunfan.
Álvaro Alzate Ussma

Que alguien lo explique
Señor director:

A visitantes inversionistas europeos les llamó la atención que teniendo una recta gigante entre el Club Campestre y Chinchiná, lista para hacer un aeropuerto internacional, hubiéramos malgastado tantos años y tanto dinero en una pista en Palestina, que implica derribar una montaña. Jamás había hecho esta reflexión y me pregunto: ¿eso es realmente así? ¿La Hacienda Playa Rica fue la que se debió comprar para realizar esta obra? Alguien que nos explique por favor. 
Blanquita de Rojas

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