Ante el fenómeno de la apreciable baja en la tasa de natalidad que registra la humanidad, de forma consecuente con el envejecimieno de la población, se generan interrogantes e inquietudes sobre lo que puede suceder con el futuro de la población actual en etapas de infancia y adolescencia, cuando llegue a la edad del adulto mayor.

Aunque pareciera un tanto prematuro, es pertinente la inquietud sobre quién se encargará de su cuidado en esa etapa final de su existencia ante la ausencia de un sistema suficientemente personificado para atender los requerimientos que le impongan sus limitaciones físicas, mentales y demás propias del deterioro causante de los años. Y es que en el caso de Colombia la situación tiende a acelerarse cada vez mas, sin que exista una política pública para este delicado tema de atención a la vejez, como tampoco se observa que los organismos privados relacionados con la materia lo aborden con la celeridad que lo requiere, analizando alternativas para hacerle frente a este desafío que les corresponderá afrontar a los niños y jóvenes de hoy y que se debe asumir desde ya con la mayor entereza, creatividad y decisión.

Algo que amerita mayor análisis para buscar las respuestas sustentadas en la experiencia, el conocimiento de los mayores, pero también generando conciencia sobre el cuidado, la responsabilidad y el estilo de vida proyectado hacia una adultez digna, tal como se asegura lo económico con el ahorro pensional. Así como a ellos corresponderá asumir de alguna forma el cuidado de sus padres, en concordancia con los datos crecientes de población mayor de 60 años y decrecientes en nacimientos, también deberán cuestionarse sobre quiénes se harán cargo de su propio cuidado en caso de requerirlo. No se debe olvidar que las fortalezas o debilidades de senectud, son consecuencias del cuidado o desenfrenos de juventud.

En Colombia hay alrededor de 8,17 millones de personas mayores de 60 años, 15,4% al 2025, según el DANE, siendo el Eje Cafetero una de las regiones con más alta proporción, con alrededor del 20% de su población, equivalente a unas 470 mil personas. Y según la OMS, la población mayor de 80 se triplicará entre los años 2030 y 2050. Frente a este panorama, hoy son los hogares los que deben acometer esta situación, sin apoyo alguno del Estado, ni en asuntos presupuestales, ni institucionales, ni logísticos, lo que exacerbará la situación en caso de que no sea asumida con seriedad, siendo los jóvenes de hoy los más perjudicados, en especial las mujeres en las familias que en la actualidad se encargan de esta atención en una proporción del 60%, sin que por ello perciban remuneración alguna.

El reto es grande por los nuevos requerimientos en materia no solo presupuestal; también tecnológica, profesional especializada y social pues, habrá quienes puedan asumir la sobrecarga en costos y quienes no. Para terminar, estas preguntas a vía de ejercicio y reflexión: ¿Será que los adultos mayores del futuro serán cuidados por mascotas, por robots, por la IA? Y ¿qué pasaría con la indispensable humanización del servicio? Dios proveerá, pero el hombre también debe hacer lo suyo.