Volvamos al Parque Nacional Chiribiquete. Por doquiera que caminábamos encontrábamos arroyos de agua roja. Los suelos de la selva son en su mayoría arenosos y propios para la formación de ríos de agua negra-roja. El color se debe a ácidos de la tierra, húmicos, fúlvico y tanino. En varias ocasiones he explicado que en gran cantidad, o sea en pozos profundos del río, el agua se ve negra brillante y en pocetas pequeñas rojo, color coca-cola. Sin embargo, esta agua es perfectamente potable. A estos suelos arenosos los llaman caatingas en Brasil y nosotros catingales.
Cualquiera que piense en la selva la imagina con poderosos árboles, muy altos y gruesos. Sí y no. Sí porque los hay, y no porque el suelo es muy pobre en nutrientes, por ser tan arenoso. Y en suelos pobres en nutrientes los árboles deben luchar para aprovecharlos, lo que hace que no todos los árboles sean corpulentos. Por eso se ven árboles altos con raíces muy poco gruesas y que en vez de profundizar en el suelo más bien se extienden buscando los nutrientes que proporcionan las hojas y demás elementos vegetales que se pudren en el suelo.
Tengo fotos de árboles altísimos y gruesos caídos por la fuerza del viento, porque las raíces no los pueden sostener ante el embate; en la foto se ven las raíces que darían risa, por lo “flacas y débiles”. Nosotros estuvimos en una zona de árboles de tallos muy delgados.
Para mí, los mayores peligros de la selva no son ni los tigres ni las serpientes. Son los vientos y las tempestades y las hormigas. Los primeros soplan con gran fuerza, los árboles altos provistos de grandes ramajes les ofrecen resistencia y al tener unas raíces tan pobres los árboles no se pueden sostener y caen con gran estruendo llevándose en su caída árboles y maleza. El peligro es que uno haya colgado cerca la hamaca o levantado la carpa y muera aplastado. Terribles aguaceros los hemos tenido en la selva. La solución no es salir corriendo, sino esperar asustados mirando los fogonazos de los rayos y esperando que el árbol no caiga encima arrastrando consigo todo su vecindario vegetal.
Y las hormigas. Hablando de su poder y resistencia recuerdo que una crónica científica dice que ellas heredarán la tierra. La crónica se llama Hellstrom. Hormigas hay por todas partes en la selva tropical, en verano y en invierno. Yo no duermo en hamaca porque sencillamente no puedo, termino con tortícolis. Buscamos cuidadosamente el sitio, mirando que no haya hormigas, porque se comen todo, no solo alimentos sino la misma carpa y la ropa. No se sabe de dónde, pero suelen aparecer.
En una ocasión a un indígena que me acompañaba en una travesía de selva y que dormía en hamaca se le subió una serpiente y se acomodó a su lado. La ventaja de dormir en carpa en la selva es que se la cierra completamente y evita además la entrada tan fastidiosa de los mosquitos. La desventaja es que dentro hace mucho calor; con todo, prefiero aguantar el calor.