Acabamos de pasar el primer “premio de montaña” de la competencia por la Presidencia de la República y el panorama empieza a despejarse. Quedan aún dos meses y medio de campaña, pero el resultado de las recientes consultas deja lecciones muy interesantes.
Analizando los números a fondo, Roy Barreras no salió con nada. Él le atribuye su pobre resultado al presidente Petro, por haber prohibido que el Pacto Histórico votara la consulta. Barreras manifiesta que fue un error estratégico, pues la consulta sirvió principalmente para posicionar a Paloma Valencia, lo cual tiene mucho de cierto.
Es muy probable que en las próximas encuestas Paloma muestre un crecimiento en las encuestas; después de todo, obtuvo 3.2 millones de votos, una cifra incluso más alta que la de su propio Partido, que en estas elecciones parlamentarias sacó 3 millones. Hay que reconocer que a Valencia se le empieza a percibir, con la ayuda de Oviedo, como una figura de derecha moderada, cercana al centro. También hay que tener en cuenta la votación total de los nueve candidatos de la gran consulta que fue de 5.8 millones de votos. Cifra nada despreciable.
La otra candidata de la consulta, Claudia López, si bien sacó mejor votación que Roy, también puede considerarse perdedora. Al salir de la Alcaldía de Bogotá se proyectaba como la próxima presidente, pero su capital político parece haberse erosionado. El solo hecho de que su pareja no lograra una curul en el Senado es un mensaje muy diciente para alguien con aspiraciones presidenciales.
Las elecciones parlamentarias mostraron que el Pacto Histórico es hoy el partido mayoritario, seguido de cerca por el Centro Democrático. Sin embargo, vale la pena analizar las cifras de la pasada elección. De un total aproximado de 20 millones de votos, la votación del Pacto fue de 4.4 millones; es decir, un 22%, cifra muy lejana del 35% de aceptación que algunas encuestas le otorgan a Cepeda.
Sobre Iván Cepeda, hay dos puntos que merecen analizarse: el primero muestra un exceso de triunfalismo, como se puede ver con el nombramiento de una lideresa indígena como su fórmula vicepresidencial. Esto lo hace ver radical e inclusive podría espantar al voto del “centro”, que será indispensable para llegar a la Presidencia. El segundo punto no deja de ser preocupante: las dificultades de salud que ha estado padeciendo generan temor de que, ante una eventual ausencia provisional o permanente, el país quede en manos de alguien sin experiencia para gobernar.
En el fondo, la pelea por la Presidencia sigue siendo una confrontación entre Petro y Uribe, los dos grandes protagonistas de la política en lo que va del siglo. Mientras Petro tiene controlado su grupo, Uribe parece estar jugando con dos cartas: Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Aunque hoy parece inclinado hacia Paloma, el futuro no está definido y se resolverá según evolucionen las encuestas.
Finalmente, no hay dudas de la inmensa cantidad de recursos con que cuenta el Gobierno para la campaña, pero, a juzgar por los resultados el dinero fue mal invertido. Con tal caudal de recursos se esperaba que el Pacto consiguiera mayorías absolutas en Senado y Cámara, lo que al final no sucedió. Solo pasaron de 20 a 25 senadores; además, hay que tener en cuenta que la izquierda, y especialmente el petrismo, es un sector disciplinado en el cual todos votan. Estos puntos pueden ser un indicador del potencial electoral del Pacto Histórico.