Sin lugar a dudas, lo ocurrido recientemente en México tras la muerte del capo conocido como ‘el Mencho’, cuya ola de violencia paralizó a ese país, tiene que ser visto con preocupación por los colombianos y, especialmente, por los candidatos a la Presidencia. El momento actual no parece estar muy lejano de las épocas de Pablo Escobar y de que tengamos que vivir hechos violentos como los que hoy padecen los mexicanos.
El eslogan del expresidente Andrés Manuel López Obrador, “abrazos, no balazos”, resultó ser un fracaso total en la lucha contra el narcotráfico, una propuesta que no es muy distinta a la “Paz Total” de Petro, quien también ha mantenido un tratamiento complaciente con los grupos narcoguerrilleros.
El próximo gobierno no puede continuar con esa condescendencia hacia los narcotraficantes y los grupos al margen de la ley. Este tema genera una gran incertidumbre ante la posibilidad de una presidencia de Iván Cepeda, dada su conocida afinidad con sectores vinculados a estas estructuras. El candidato ha eludido esta discusión, evitando participar en debates y conceder entrevistas para no enfrentar preguntas incómodas ni explicar cómo sería el manejo del orden público en su eventual gobierno. No deja de ser preocupante que el país no tenga clara la posición del candidato puntero en las encuestas frente a esta amenaza.
Es vital analizar los sectores que están sosteniendo la economía nacional, especialmente cuando el Gobierno saca pecho por un crecimiento del 2,6% en el 2025, que no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta la falta de capacidad de ejecución del Gobierno, las bajas utilidades de Ecopetrol, la inseguridad desbordada y la crisis en el sector de la construcción, que tradicionalmente ha sido un motor fundamental para la economía.
Para entender qué está pasando realmente, hay que destacar que la economía se mantiene hoy por el consumo interno, el comercio, el entretenimiento -donde los conciertos masivos son protagonistas-, el turismo y la agricultura. Hay que tener en cuenta que el café ha venido perdiendo importancia debido a la caída del dólar, que está generando serias dificultades a los productores.
Asimismo, las remesas enviadas por los colombianos en el exterior jugaron un papel importantísimo, alcanzando la cifra récord de 13.100 millones de dólares el año pasado, que equivalen a unos 53 billones de pesos. Estos ingresos superan con creces las utilidades de Ecopetrol, que fueron de apenas 9 billones de pesos, consolidándose las remesas, como el principal salvavidas de los hogares.
Sin embargo, existe un “sector” determinante que no puede ser ignorado: los recursos de la economía oculta provenientes del narcotráfico y la minería ilegal.
Se estima que la cocaína moviliza cerca de 75 billones de pesos anuales, mientras que la extracción ilegal de oro se ha consolidado como la fuente preferida de los grupos criminales. Se calcula que el 80% de la extracción de este mineral es ilegal y genera recursos cercanos a los 130 billones de pesos al año, superando incluso al tráfico de drogas.
Sin lugar a dudas, esta economía oculta está dinamizando el país, permeando sectores como el comercio, el entretenimiento, el turismo y hasta la salud, contribuyendo así al crecimiento económico. Un observador improvisado podría estar de acuerdo con este soporte de la economía, pero no se puede olvidar que esta economía oculta ha sido la causante de la violencia y la corrupción que hemos vivido en los últimos 50 años.