La violencia de pareja se ha convertido en un elemento más del paisaje en nuestra sociedad. En una herida latente de la que en muchas ocasiones se habla solo a susurros, y aunque deja cicatrices visibles y dolorosas, parece ser demasiado complicada de cerrar, de erradicar. Las cifras de violencia en nuestro país resultan desalentadoras, los intentos de remediación pueden sentirse insuficientes, y pensar en cómo cambiar todo un sistema de creencias, comportamientos y expresiones sociales es abrumador y quizás imposible.

En Manizales, durante el 2024 se presentaron 300 casos de violencia de pareja, un tipo de violencia que puede ser verbal, física, sexual, psicológica o económica, y que resulta tan alarmante como difícil de tratar. Es un problema que incluye aspectos como la socialización que recibimos como niños y niñas durante nuestro crecimiento, la carencia de responsabilidad afectiva e inteligencia emocional, desigualdades estructurales y creencias transmitidas de generación en generación. Lo que está claro es que no existe una solución simple para un problema tan complejo.

¿Y si cambiamos la perspectiva? Las ciencias comportamentales han ganado fuerza en las últimas décadas, aportando evidencia sobre lo efectivas, y sobre todo económicas, que pueden resultar las intervenciones sencillas, en contraposición a programas que requieran grandes cantidades de planeación y recursos para su implementación.

Problemas en ámbitos tan diversos como salud pública, educación financiera, movilidad o seguridad en las grandes ciudades pueden atenuarse o remediarse por medio de acciones sencillas basadas en entender el comportamiento humano. Dentro de las más conocidas y simples de implementar están los nudges o “empujoncitos”, es decir pequeños impulsos que guían la toma de decisiones de las personas sin intervenir directamente para elegir por ellas; y las opciones por defecto. Podemos verlas en todas partes: en las ofertas “2X1” en cada tienda de ropa, en los servicios adicionales que no recordamos haber aceptado pagar en el extracto bancario, o lo absurdamente difícil que resulta intentar cancelar un plan de telefonía.

Una intervención realizada en Chile por el Behavioural Insights Team (BIT) logró que las cortes chilenas alentaran a víctimas de violencia de pareja a continuar con sus procesos hasta llegar a juicio, logrando disminuir la tasa de abandono de las víctimas en un 30%, y aumentando en un 16% el número de casos en los que la Fiscalía presentó cargos (ver https://shorturl.at/2LZLL)

¿Cómo? Usando mensajes de texto y llamadas telefónicas de forma frecuente, personalizada y empática para dar apoyo adicional a las víctimas en momentos clave del proceso, dado que estos procesos en el sistema judicial pueden resultar engorrosos, confusos, y en ocasiones revictimizantes. Además, se les brindó a las víctimas recordatorios oportunos e información útil sobre las decisiones tomadas por la Corte, las protecciones a las que tienen derecho y servicios de apoyo locales para sobrevivientes de violencia de pareja.

Las estrategias más efectivas pueden no ser las más complejas o las que requieran de una mayor cantidad de recursos. A veces están en los aspectos más simples, fáciles de pasar por alto o de subestimar. Es cuestión de cambiar la perspectiva. En una sociedad en la que problemas tan complejas como la violencia se pueden convertir en paisaje, retroceder hacia los aspectos más fundamentales del comportamiento humano puede ser la clave para encontrar alternativas más aterrizadas y eficaces.