Duván Emilio Ramírez

Rector Universidad de Manizales. 

 

Observando los procesos de degradación ambiental que se están incrementando por estos tiempos y su efectos sobre las diferentes formas de vida en el planeta y las futuras generaciones, se plantean diversas alternativas de solución. Una -que está llamada a jugar un papel importante en transformar la forma como el ser humano se ha venido relacionando con la naturaleza a lo largo de la historia- es la educación ambiental, fundamental para el desarrollo sostenible, como lo planteó la primera conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente, celebrada el año 1972 en Estocolmo. El principio # 19 de su Declaración  reza : “La educación en materia ambiental de jóvenes y adultos es fundamental para construir una opinión ilustrada y una conducta responsable de individuos, empresas y comunidades para proteger y mejorar el medio ambiente en toda su dimensión, y que los medios de información contribuyan  en esta tarea”. Hoy más que ayer -hace 50 años- esta consiga conserva plena vigencia.
Entre las muchas definiciones que en el mundo académico se encuentran sobre la educación ambiental se puede señalar que esta hace referencia a una acción permanente orientada a que la comunidad tome conciencia de su realidad, del tipo de relaciones que los seres humanos establecen entre ellos y la naturaleza, de los problemas derivados de dichas relaciones y sus causas profundas. La educación ambiental se desarrolla mediante una práctica que vincula al educando con la comunidad, valores y actitudes que promueven un “comportamiento dirigido hacia la transformación superadora de esa realidad, tanto en sus aspectos naturales como sociales, promoviendo en el educando las habilidades y aptitudes necesarias para dicha transformación”.
La educación ambiental ha de ser un compromiso mundial orientado a que las sociedades humanas adquieran sensibilidad hacia el medioambiente  y conciencia de las consecuencias que  sus relaciones con él puedan acarrear a mediano y largo plazo.  Implica generar nuevas actitudes, habilidades y valores en los educandos para identificar y resolver los desafíos ambientales y, al menos, conservar un entorno de vida sano para el presente y futuro de todos.

 De esta manera, el concepto “educación ambiental” se ha entrelazado con el de “educación para el desarrollo sotenible”, involucrando a los ciudadanos para que, de manera responsable, sus decisiones estén enfocadas hacia un futuro sostenible, y para equilibrar el bienestar humano y económico con las tradiciones culturales y el respeto de los recursos naturales. Tal ha sido el programa de la Unesco (2002) que apoya cinco modalidades esenciales de aprendizaje con miras a lograr una educación de calidad y fomentar el desarrollo humano sostenible: aprender a conocer, aprender a ser, aprender a convivir, aprender a hacer y aprender a transformarse uno mismo y cambiar la sociedad.
En este sentido, el mexicano Enrique Leff sostiene que es indispensable incorporar criterios culturales y tecnológicos a un nuevo paradigma alternativo de producción que supere la racionalidad económica dominante. El desarrollo sostenible hunde sus raíces en las diversas condiciones culturales y ecológicas y depende de varios factores: las estructuras funcionales de ecosistemas que sustentan la producción de recursos bióticos y servicios ambientales, de la eficiencia energética de los procesos tecnológicos, de las ideologías que subyacen en la valorización cultural de los recursos naturales, y de los procesos políticos que determinan la apropiación de la naturaleza.  
La educación para el desarrollo sostenible juega un papel preponderante, por cuanto busca lograr que la visión antropocéntrica trascienda a una visión sistémica que contribuya a conservar todas las formas de vida que habitan el planeta y, en especial, la más fragil de todas: la especie humana. Esta educación es entonces no solo una responsabilidad escolar o universitaria, sino individual, familiar, nacional y mundial. La suma de minúsculos aportes individuales y sectoriales movilizarán el conocimiento social hacia el nuevo paradigma ambiental que nos reclama la Naturaleza.