La humanidad volvió esta semana a la Luna después de más de medio siglo de ausencia en la nave Orión, que pasó por el lado oculto del satélite para observar por primera vez lugares nunca vistos por el ojo humano. En esta ocasión fueron cuatro los astronautas, tres hombres y una mujer, los que lograron la proeza y se han sentido maravillados de ver nuestro planeta desde tan lejos como la bella esfera azul y nublada que es.
Quienes fuimos testigos en la infancia de la transmisión de la llegada del hombre a la Luna en el lejano 1969, seguimos con emoción desde antes los progresos logrados por las dos potencias de entonces, Rusia y Estados Unidos, que con frecuencia nos sorprendían con el envío de animales o astronautas a la órbita terrestre y en medio de la guerra fría competían para llevar la delantera.
Fueron los estadounidenses quienes triunfaron al lograr que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pisaran la superficie de la Luna, cubierta de regolito y poblada de cráteres y piedras diversas. En la órbita del satélite se había quedado el otro viajero Mike Collins, quien ayudó desde ahí al éxito de la misión y los recibió de regreso para emprender el viaje de retorno a la tierra.
Neil Armstrong pronunció la famosa frase al pisar la Luna donde decía que el suyo era un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad. En las pantallas de los viejos televisores en blanco y negro, marca Philips, centenares de millones de humanos vimos en familia la emocionante salida de los astronautas de la pequeña nave y luego atestiguamos sus pasos sobre el polvo lunar, cuando izaron la bandera de su país y volvieron a subir al módulo lunar y lo encendieron de nuevo en una arriesgada maniobra para volver a la nave madre Apolo y retornar a tierra.
Esos tres astronautas se volvieron leyendas y a lo largo de sus vidas ejercieron el difícil papel de ser mitos vivientes. Después de ellos otros viajeros volvieron a la Luna para cumplir misiones cada vez más largas y complicadas. Pero pasada la euforia, la humanidad volvió a la normalidad y desde entonces nadie pudo enviar otras misiones a nuestro satélite.
Es probable que tras el éxito de esta misión y otras programadas, la humanidad vuelva a posar en el suelo lunar a varios astronautas que estudiarán las condiciones para establecer allí bases más permanentes. Estados Unidos compite ahora con otras potencias emergentes como China, que también están avanzando a pasos agigantados en la conquista espacial y podrían dar la sorpresa en las próximas décadas.
Entre tanto la humanidad ha logrado proezas extraordinarias al enviar decenas de misiones robóticas que han viajado por el sistema solar e inclusive lo abandonaron y se alejan hacia un viaje infinito. Otras naves han logrado posarse en Marte y recorrido su superficie enviándonos retratos inolvidables. Otras misiones se han acercado a los gigantes y bellos Júpiter y Saturno y sus satélites activos y llegaron hasta Neptuno y Plutón.
Y grandes telescopios avanzados han logrado rastrear como nunca el universo, logrando una cartografía que hace poco era imposible y descubren planetas parecidos a la Tierra en otros lejanos sistemas solares. La aventura espacial y las ciencias astronómicas han logrado avances que nos fascinan y nos hacen soñar a los soñadores. Las generaciones futuras que sucederán a las nuestras serán sin duda testigos de nuevos descubrimientos espaciales que nos parecen inimaginables o absurdos y ahora solo pertenecen al universo de la ciencia ficción.