Del griego ‘neos’ (‘nuevo’) y ‘logos’ (‘palabra’), el término ‘neologismo’ se aplica a las palabras recientemente introducidas en un idioma. “Son, en general, considerados legítimos, sin necesidad de que estén sancionados por la Real Academia, los tecnicismos necesarios para designar conceptos nuevos, así como las designaciones científicas formadas con una raíz culta para atender una nueva necesidad, de acuerdo con las normas generales de la derivación” (M. Moliner). Palabras como ‘ciberespacio’ y ‘cibernauta’, que aparecen por primera vez en la vigésima segunda edición de El Diccionario (2001). Esto, en lo relacionado con la tecnología. Ya en el campo de la literatura propiamente dicha, los ‘neologismos’, para ser aceptados, deben ser no solamente necesarios, sino también enriquecedores del idioma y ajustados a su estructura. Lo que no se aplica al verbo ‘jefear’, utilizado en la siguiente comunicación de DW Español: “El funcionario reemplaza a Kristi Noem quien jefeó una política dura contra los migrantes” (25/3/2026). Dicho verbo afea la redacción y es innecesario, puesto que el castellano tiene los adecuados para expresar la idea pretendida, como ‘encabezar, iniciar, dirigir, promover’. A propósito, recuerdo que Gabriel García Márquez quiso introducir en nuestro léxico el sustantivo ‘átimo’ (del italiano ‘attimo’ –‘momento, minuto’), pero su deseo, a pesar de su autoridad, no se hizo realidad.

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Las preposiciones ‘por’ y ‘de’, ellas solas, sin necesidad de la ayuda de otras palabras, desempeñan cabalmente su oficio en la oración. Por esto, las omnipresentes y redundantes locuciones ‘por parte de’ y ‘de parte de’ deben ser proscritas de nuestro lenguaje. Algo ya imposible de realizar, pues su uso es general: se oyen y se leen en cualquier declaración, en los reportajes de radio y televisión, en los comentarios de los narradores de fútbol, que la usan cada minuto, y en los artículos de la prensa escrita, como en las dos siguientes muestras: “Pero se necesita autocrítica y realismo por parte de todos sus integrantes, comenzando por su técnico Néstor Lorenzo...” (El Tiempo, editorial 2, 31/3/2026). “...para su defensa personal y de su círculo familiar ante su inclusión en la lista Clinton por parte de Estados Unidos...” (LA PATRIA, Alberto Arce Londoño, 2/4/2026). En la primera, “...de todos sus integrantes...”, suficiente; en la segunda, “...inclusión en la lista Clinton por Estados Unidos”. ¿Para qué más?

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Información de primera página de LA PATRIA: “Por motivo de las celebraciones de Semana Santa no circulará el periódico este viernes 3 y el sábado 4 de abril” (2/4/2026). “...no circulará el viernes 3 ni el sábado 4”, de esta manera, porque, cuando en una oración negativa a la negación principal le siguen otro u otros elementos negativos, éstos se unen a la primera mediante la conjunción copulativa ‘ni’, verbigracia, ‘a la celebración no se presentaron ni el agasajado ni sus familiares’. Algunas veces, para enfatizar lo que se quiere expresar, se puede empezar la oración con la conjunción, como en el dicho ‘ni raja ni presta el hacha’, con el que se caracteriza a una persona que no sirve para nada. Interviene también en expresiones que manifiestan rechazo o algo parecido, verbigracia, ‘¡ni más faltaba!’, ‘¡ni de fundas!’.

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En la sección ‘Mundo’, de LA PATRIA, se lee: "...amerizarán en la costa de California", "Amerizaje en el océano Pacífico" (1/4/2026). Un lector pregunta si son castizos ‘amerizar’ y ‘amerizaje’. Sí, aparecen por primer vez en la vigésima edición de El Diccionario (1984), y son sinónimos de ‘amarizar, amarar*’ y ‘amarizaje’. *Amarizar o amarar: posarse un hidroavión o un vehículo espacial en el mar’.