Una de las guías del crucigrama de El Tiempo del 15 de enero de 2025 era ésta: ‘Conjunción’. La única respuesta, ‘no’. Pero este monosílabo (del adverbio latino de negación ‘non’) es única y exclusivamente un ‘adverbio’, que, en nuestro lenguaje, tiene muchos y diferentes oficios, algunos superfluos, como en ciertas oraciones comparativas, por ejemplo, ‘es mejor ser rico que no pobre’ (Pambelé), en la que se puede suprimir sin afectar su significación.

Sirve también para introducir una pregunta cuya respuesta se supone afirmativa, verbigracia, ‘¿no dizque era éste el Gobierno del cambio?’. Se emplea principalmente para negar respondiendo a una pregunta; para expresar la ausencia de lo significado por el verbo en una frase (‘ya no truena’), y para expresar la falta de lo designado por las palabras (‘animales no identificados merodean por la región’).

Y es mucho más lo que se puede decir de ese ‘adverbio’, pero no que sea ‘conjunción’, una de las partes de la oración que sirve para unir palabras o frases relacionadas sintácticamente. ***

De la siguiente manera redactó el columnista Fernando Alonso Ramírez: “La más importante de los personajes es Lovely Jackson, una octogenaria mujer que alega haber sido la última habitante de Dark Isle...” (LA PATRIA, Papel Salmón, 18/1/2025).

Castizamente, así: “El más importante de los personajes es Lovely Jackson...”, porque el artículo determinado ‘el’ concuerda en género con el nombre que determina, en este caso, ‘personaje’, masculino. Lo que se aprecia mejor si construimos la oración de este modo: “Lovely Jackson (sujeto) es el personaje más importante (predicado nominal)...”, no, ‘la personaje’.

Otro ejemplo para ilustrar mejor lo dicho: ‘la más apetecida de las frutas es el mango’ (‘el mango es la fruta más apetecida’), porque, evidentemente, el artículo ‘la’ concuerda con ‘fruta’, no con ‘mango’.

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Son pocos los que plantean las preguntas de la forma correcta. Por ejemplo, el columnista de El Tiempo Mauricio Cárdenas Santamaría titula su artículo así: “¿Colombia va bien?” (El Tiempo, 18/1/2025), titular del que se puede decir que es una oración afirmativa con signos de interrogación, porque la forma correcta es ésta: “¿Va bien Colombia?”.

En las oraciones interrogativas, el verbo principal va siempre antes de su sujeto, verbigracia, ‘¿está usted seguro de lo que dice?’, no importa que la pregunta esté encabezada por un adverbio o por un pronombre relativo, como en los siguientes casos: ‘¿dónde estaba usted cuando asesinaron a Kennedy?’, ‘¿qué hacíamos nosotros en aquella época?’. Las normas gramaticales tienen su razón de ser, y hay que observarlas si queremos expresarnos debidamente.

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“Los árboles viejos no se trasplantan”. Antes del primer trasplante de corazón, realizado por el doctor Christiaan Barnard el 3 de diciembre de 1967, el verbo ‘trasplantar’ (de ‘tras-’ y ‘plantar’ -‘sembrar’) significaba ‘trasladar un vegetal del lugar en que estaba sembrado a otro’ y ‘mudarse una persona de un lugar a otro’. Desde la vigésima edición de El Diccionario (1984), y por lo antes anotado, la Academia de la Lengua añadió la definición correspondiente al ‘trasplante’ de órganos y tejidos humanos.

Esta introducción, para hablar de los pacientes de este procedimiento quirúrgico, que algunos equivocadamente llaman ‘trasplantados’, como en esta información: “...la editora de salud de Noticias RCN (...) expuso públicamente el caso de dos mujeres trasplantadas...” (El Tiempo, José Manuel Acevedo, 21/1/2025).

Ni siquiera considerada como figura literaria (‘receptor por lo recibido’) puede aceptarse esta expresión pasiva, pues el paciente ‘recibe’, no ‘da’. Lo correcto sería decir ‘persona implantada’, digo, admitiéndola como figura literaria (‘sinécdoque’). Mejor, sin embargo, ‘pacientes de trasplantes’ o, lógicamente, ‘de implantes’.