Vacilante el comienzo para el Once Caldas. Saldo lamentado, sin dramas. Simplemente inferior al compromiso y al adversario. Era lo pronosticado porque Fluminense tiene plata en el banco y figuras en el campo.
Fieles a su estilo, los brasileños, amos de la pelota. La tocaron a placer cuando el oxígeno faltaba. Anestesiaron el partido y contraatacaron, para buscar una goleada.
Con el soporte de jugadores experimentados, veteranos, como el arquero Fabio (44), figura indiscutida del partido; Thiago (40), impecable defensor y Cano (37), goleador histórico, verdugo siempre del Once Caldas. Increíble la ausencia de marca, en su magistral conquista, que no le dio opción a James Aguirre.
Jhon Arias, desperdiciado en la Selección, director de orquesta, con la batuta del partido. Marcó ritmos y tiempos, dominó las bandas, asistió al gol y se recreó con técnica. Inteligente para entender el juego y la altura.
Vitalidad la de Dayro, siempre la voz cantante, sin socios. Buscó el gol de todas las formas, negadas por el portero.
El Once Caldas fue tenaz en la lucha, pero insuficiente en la calidad. Sin mecánica colectiva y sin inspiración individual, porque la mayoría de sus jugadores se perdió en la improductividad.
Para colmo los relevos fueron ineficaces. Diferentes a los brasileños que, con sus cambios, le dieron pulmón al partido, con baile, dominio del balón y a punto de la goleada.
Castaño y Palacios en el campo, enloquecieron el partido. Mucho musculo, poco intelecto.
Contreras, Zuleta y Arteaga, con chispazos, no entendieron que estaban en un partido de copa y no en una feria recreativa.
El Once pudo ganar. Con mucho esfuerzo, lo dejó todo en el campo. Propuso desde el principio, corrió y metió, para premiar el decorado. No pudo. Lo intentó con desorden, porque su ataque siempre será un caos, como lo fue, en ocasiones, su defensa por desenfrenada.
No ganó Fluminense por demolición como muchos esperaban. Fue un partido disputado, palmo a palmo, minuto a minuto, jugada por jugada. Pero había mucha diferencia, de clases, de clase, de talento y de individualidades.
No todo está consumado. Un tropezón esperado. Hay camino, hay vida.
Los remedios
Un creativo, por favor que ilumine con ideas. Un Socio para Dayro. Agua de malba para Aguirre y Malagón, peleadores callejeros. Braveros. Un fundamentador para Luis Palacios. Clases remediales para Patiño. No sabe cubrir su banda. Un investigador que descubra el paradero de Barrios en los partidos exigentes. Vitaminas para Alejo García, dominado por el estrés de cada juego. Un mago que descifre el último cuarto en el ataque, donde el gol no llega. Un sicólogo que aleje los complejos y controle a Mateo pasado de carrete. Unas gafas para los asistentes del entrenador y un recreacionista para Zuleta, Contreras y Arteaga cuando no se enchufan en el partido.