Fernando-Alonso Ramírez
Periodista y abogado, con 30 años de experiencia en La Patria, donde se desempeña como director. Presidió el Consejo Directivo de la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia (Flip). Profesor universitario. Autor del libro Cogito, ergo ¡Pum!
Correo: editornoticias@lapatria.com
X (Twitter): @fernalonso
19 años de columnista. Eso lleva el colombiano Juan Gabriel Vásquez escribiendo en periódicos sobre lo que ha sucedido y lo que sucederá. Su lucidez para interpretar los hechos y su capacidad para escoger las palabras precisas dan cuenta de un columnista de quilates que ha sabido ser más que un mero comentarista de los hechos, un crítico.
Si usted quiere escribir columnas, o ya las escribe, leer a este escritor colombiano mundialmente reconocido, le permitirá seguramente identificar mejor cómo hacerle honor a ese difícil arte de la opinión, en un oficio en el que muchos quieren decir sin decir, no comprometerse y eso los termina por hacer irrelevantes.
El arte de opinar no es tarea sencilla. Es difícil pensar, también hacerse entender y si esto debe hacerse por escrito, no todos tienen la lucidez de plantear una hipótesis, argumentarla y sacar conclusiones y menos en pocas palabras.
Siempre me pregunto si las páginas de opinión pueden ser una verdadera conversación. Cuando leemos periódicos antiguos nos damos cuenta que era común ver que dos columnistas de medios diferentes se mostraran las espuelas en críticas de ida y vuelta a sus propias posturas. Las discusiones de los columnistas y editorialistas de LA PATRIA y del diario El Universal, el liberal de esa época, en los años 20 del siglo pasado son verdaderos duelos ideológicos y de la palabra.
Un analista
Juan Gabriel Vásquez es más un analista, un hombre universal, capaz de poner perspectiva a los hechos a los que se refiere y aportar su punto de vista, con el que puede estar uno de acuerdo o no, pero en todo caso el suyo, que se fundamenta en creencias sólidas como el respeto por los derechos humanos, por la democracia, por la verdad.
Siempre he dicho que al final un columnista escribe siempre la misma columna. Por supuesto, esto es una simplificación de caricaturista, pero es que cuando se lee asiduamente a un escritor de columnas, más o menos se puede anticipar para dónde va con cada pieza. Se vuelven un poco predecibles.
En esto Juan Gabriel no es la excepción, de hecho cuando se leen las columnas compiladas caes en la cuenta de que el autor usa el mismo ejemplo o cita el mismo autor en varias, algo casi insalvable porque las influencias no cambiarán y menos en una persona coherente, cosa que no abunda.
Hay que decir que este libro, como la mayoría de compilaciones que se hacen últimamente, peca por la falta de una mirada externa que nos ayude a entender mejor de qué van esas opiniones, que nos desglosen el pensamiento del autor, pero eso no es error de quien las escribió, sino de la editorial que pudo haber añadido unas páginas más de un crítico conocedor del trabajo de Vásquez.
Solo subrayados
En El Espectador ha escrito la mayoría de esas columnas. ¿Saben que inicialmente pensé en no escribir esta columna, sino en cederla a las lúcidas frases del autor? Es decir, que la columna se convirtiera en solos subrayados, pero me dio pena con ustedes que pensaran que se trataba de pereza mental.
Estaba motivado porque quería rescatar una cantidad de frases que realmente nos ponen a pensar, porque eso es lo que logra un buen columnista, aún en estos tiempos donde hay tanto impostor.
Los temas que son comunes a varias columnas están en su preocupación por la desinformación, por un mundo gobernado por adolescentes adinerados que no entienden del otro, también por la falta de lectura crítica, por la presencia cada vez mayor de liderazgos inanes, obviamente aparece la literatura -y cómo disfruté esta parte- y también la necesidad de que Colombia se dé cuenta de los bucles de la historia.
Está dividido en tres partes:
I. Instrucciones para no ser sonámbulos. sobre la verdad, la mentira y nuestra dificultad para distinguirla.
II. Cuidado aquí hay historia. Sobre la violencia, las libertades individuales y la memoria colectiva.
III El arte no es un lujo. Sobre literatura y otras formas de explorar el mundo.
Amor al periodismo
Decía que me habría gustado dejar esta columna solo a los subrayados, pero como no lo hice, sí quiero dejarles por acá antes de cerrar, esta maravillosa declaración de amor al periodismo que aparece en el libro como parte del discurso que dio en el máster de Periodismo UAM / El país:
"Pues el periodismo es mucho más que los medios que lo producen: es un fenómeno cultural, un lugar de la ciudadanía, un espacio de poder real o percibido, un espacio desde el cual plantar cara a los poderes percibidos o reales, y, sobre todo, un oficio: y no seré yo quien contradiga a Albert Camus cuando lo llamó el oficio más bello del mundo. Los periodistas, en su mejor versión, tienen códigos de comportamiento, una serie de convicciones poco prácticas y a veces francamente molestas -la transparencia, la responsabilidad, el rigor investigativo- en las cuales creen y según las cuales viven".
Espero con esta cita animarlos a leer estas columnas que nos recuerdan que la tecnología debe estar al servicio del hombre y no al revés, que hay un poco de personajes que creen que la bobería es el éxito o que nadan en dinero, pero se comportan como adolescentes o que simplemente no creen en ninguna idea si no es propiciada por ellos mismos. En fin, leer a Vásques es una vuelta al humanismo, aunque por momentos parezca un poco pesimista, pero ya saben ustedes, que los pesimistas somos optimistas informados. Léanlo, #HablemosDeLibros y de las columnas de opinión de calidad.