Gonzalo Duque Escobar

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@godues

Dados los conflictos ambientales de nuestro territorio, urge emprender una gestión regional participativa, integral y duradera de adaptación, que soportada en la construcción y apropiación social del territorio, entendido como la fracción de un bioma del trópico andino vecino al PNN de los Nevados donde ha surgido nuestra cultura cafetera, requerimos acciones urgentes y de largo plazo para enfrentar los desafíos que impone el cambio climático, y aprovechar las potencialidades naturales y culturales del hábitat mediante estrategias de desarrollo sostenible.
En la “tierra del café”, nuestros ecosistemas podrían aportar a la conservación de la biodiversidad, si en lugar de monocultivos de base química que atentan contra la calidad del agua y la salud del suelo, se implementan buenas prácticas agrícolas con modelos agroforestales, a la luz de la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad que hizo la UNESCO (2005), reconociendo los atributos de nuestra cultura, donde sobresalen el sombrío, el café de montaña, el bahareque de guadua y la huerta casera.
Si para el fin del siglo la temperatura en la Ecorregión Eje Cafetero según el IDEAM, podría aumentar más de 2°C en el corredor del Cauca y región Magdalenense, y 1°C en la zona cordillerana, también en precipitaciones, según dicho pronóstico, aunque sólo se prevén incrementos de precipitaciones del 10% en el oriente Caldense, por las dos vertientes del Cauca se darían aumentos desde un 20%  al 2040 hasta un 28% para fin de siglo, con un máximo entre 30% y 40% sobre el pie cordillerano desde Villamaría a Salamina.
Pero en lo ambiental, el Eje Cafetero es un “jardín deforestado”, donde la superficie en potreros cubre la mitad del territorio y la de bosques su quinta parte, lo que impide la regulación hídrica y pluviométrica favoreciendo la amenaza hidrogeológica. Añádase además de la deforestación y falta de control ambiental, la contaminación de aguas, modelados de las zonas de montaña y presión sobre la cultura rural campesina, donde se da la extranjerización de la tierra, por el ‘oro verde’ que amenaza el Paisaje Cultural Cafetero.
Y respecto a los medios urbanos preocupa lo que pasa en Manizales donde el Concejo municipal, si aprueba reducir la sobretasa ambiental que financia a Corpocaldas, así el catastro se haya actualizado, flagelaría los recursos ambientales que demanda la creciente amenaza hidrogeológica, repitiendo así una medida tan perversa como lo fue bajar la plusvalía urbana. Recordemos que, en las zonas más deprimidas donde los desastres acechan, como lo son las frágiles laderas de la ciudad, los pasivos ambientales reclaman mayores recursos para resolver su vulnerabilidad.
Habiendo surgido en 2000 la Ecorregión Cafetera como proyecto de ordenamiento territorial para el desarrollo sostenible, gracias a la visión de las CARS del territorio y en su primera década a los aportes de las comunidades académicas regionales con el concurso de la Red Alma Mater como  coordinadora, será que en esta ocasión Alianza Suma -el Sistema Universitario de Manizales-, para reiniciar la gestión territorial regional de adaptación al cambio climático con el mismo alcance territorial, ¿puede revitalizar el proyecto con un enfoque biocéntrico?
Es que, para la reconstrucción de nuestro territorio, dada su profunda fragmentación social y espacial resulta fundamental el aporte de la academia, ya que lograr la equidad como disrupción y posibilidad revolucionaria de cara a un cambio profundo, exige al tiempo recomponer el sistema societal de exclusiones recíprocas e inclusiones desiguales que lo caracteriza, y emplear estrategias de ciencia y tecnología imbricadas con la cultura mediante soluciones económicas y educativas que cierren brechas en los medios urbanos y rurales. No olvidemos que, mientras el cultivo del café sólo representa el 0,8% del PIB nacional, el PCC y el turismo ecológico son alternativas varias veces más rentables.
Así entonces, partiendo de los anteriores presupuestos, dado que el espíritu de la integración como estrategia que se anticipó a la creación de la Región Administrativa de Planificación RAP Eje Cafetero, para el enorme desafío de la problemática ambiental, se debería aplicar dicha estrategia concebida en el 2000, pero fortalecida en el marco de la RAP, a la adaptación para el cambio climático priorizando acciones interinstitucionales regionales, como intensificar los Planes de Manejo Ambiental de Cuencas y Microcuencas, y de áreas de interés ambiental.