Los humanos nos damos un estupendo regalo suprimiendo del todo la palabra “muerte”.
No hay muerte ni muertos. Seguimos vivos cuando el cerebro deja de funcionar y el corazón de latir.
Y, como casi nadie se prepara para ese paso, hay confusión al sentirse vivo y no “muerto”.
El alma observa ese cuerpo quieto y, literalmente vuela por toda la habitación o fuera de ella.
Poco a poco el alma aprende que se traslada donde quiera a la velocidad del pensamiento.
Hay una sensación de libertad y ligereza increíbles, y puede desplazarse donde quiera.
Puede estar con seres amados que no están ahí, y estar en varios lugares al mismo tiempo.
El alma ve una luz preciosa, se siente libre y, cuando quiere, se une a ella y trasciende al cielo.
@gonzalogallog