En Colombia la figura del vicepresidente ha sido irrelevante. Pero, como en ley es quien reemplaza al presidente en sus ausencias temporales o absolutas, debemos mirar lo que representan las opciones de las tres principales campañas presidenciales: Binomio Cepeda-Quilcué: catástrofe total. Sea en manos de Cepeda o de Quilcué, el país aumentaría su debacle en todos los órdenes. Porque tanto el uno como la otra son expertos en generar caos, desorden y violencia, y no en gobernar. Cepeda ha vivido toda su vida de la teta del Estado, sin producir nada concreto, y se siente cómodo tolerando y conviviendo con el crimen; y Quilcué solo ha brillado por movilizar organizaciones indígenas como instrumentos de presión bajo las vías de hecho. ¡Quilcué es igual a perdición!

Binomio De la Espriella-Restrepo: de probada aptitud, el país quedaría tranquilo bajo una administración que tiene como propósito sacarlo del apestoso pantano en que se encuentra. Tanto De la Espriella, como Restrepo, tienen la capacidad para gobernar en crisis, y tienen claro que es bajo el precepto de la ley y la Constitución que se tiene que imponer el orden para lograr la paz y la recuperación económica y social. En cabeza de cualquiera de los dos el país entraría en una nueva etapa de crecimiento nacional e internacional, y volveríamos a respirar el aire de seguridad y tranquilidad que tanto añoramos. ¡Restrepo es igual a fortaleza y ley!

Binomio Valencia-Oviedo: con Paloma Valencia el país estaría tranquilo. Nada qué objetar de sus luchas individuales y colectivas, ni albergar alguna duda sobre su honestidad y carácter. Tiene además conocimiento y contacto estrecho con el país político lo que la ha llevado, infortunadamente, a terminar imbuida en él. Pero sobre Oviedo, más que dudas son certezas. Partimos de su evasiva para unirse en segunda vuelta a un eventual rival ganador, hasta llegar a sus posturas diametralmente opuestas a la óptica de su presidenta.

Un individuo que defiende la primera línea, la JEP, la paz total y que pretende soslayar el peligro que significan Cepeda y Petro para la estabilidad colombiana, es un individuo que avala entonces los abusos de terroristas a más de 18.677 niños, la incineración de policías, la vandalización del territorio, el terrorismo, el narcotráfico, la barbarie y la desinstitucionalización del país. ¡Oviedo es un Petro camuflado! ¡Y por eso lo inflan!

Entonces, en medio de esta descomposición, y sabiendo que la izquierda no gana en las urnas, muy fácil les quedaría a los bárbaros usufructuarios de la paz total, moverse en libertad para que, en un eventual gobierno de Paloma, desaparezca la presidenta y adquiera el derecho legítimo el caballo de Troya que hoy nos imponen. Y no es morbo, ni fatalismo, ni exceso de aspaviento. Petro les entregó el país a los delincuentes, les lavó sus activos y los liberó para reforzar su campaña. Nada nos extrañaría que, en caso de ganar Paloma-Oviedo, terminemos en manos de un ascendido vicepresidente impuesto por el maquiavelismo petrista.

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Quilcué, es Petro; Oviedo, es Petro; Restrepo, es ley y orden. ¡Usted decide!