Hubo un tiempo en el que Manizales brillaba en el panorama nacional.
Nuestra ciudad, desde las montañas del Eje Cafetero, destacaba como centro económico, cultural, educativo y cívico. Éramos escenario de decisiones importantes y generadores de pensamiento que influía en el país.
Banqueros, comerciantes y caficultores construyeron una historia de progreso durante la bonanza cafetera, posicionándonos como un núcleo financiero relevante.
Con los años, otras ciudades ganaron protagonismo, mientras Manizales parecía conformarse con una posición secundaria.
¿Pero este segundo plano es realmente nuestro lugar? ¿O hemos olvidado el papel que Manizales debe jugar en Colombia?
La reciente Cumbre de Alcaldes de Ciudades Capitales celebrada aquí demuestra que seguimos siendo un punto de referencia.
Este encuentro reunió a líderes municipales para abordar desafíos comunes y buscar soluciones.
La seguridad, la autonomía territorial y las relaciones con el Gobierno central volvieron a poner a Manizales en el centro del debate nacional.
Los alcaldes no eligieron Manizales solo por su paisaje o capacidad organizativa, sino porque nuestra ciudad representa el orden, civismo y liderazgo que Colombia necesita.
Desde aquí se transmitieron mensajes claros: sin seguridad no hay desarrollo y sin autonomía no hay gobernabilidad. Estos diálogos confirman que la importancia de una ciudad no se mide solo por su economía o presupuesto, sino por su capacidad para influir en el rumbo del país.
Recuperar nuestra posición destacada no significa volver al pasado, sino proyectar un futuro en el que Manizales sea nuevamente protagonista desde sus fortalezas actuales.
La influencia se construye con educación, conocimiento y liderazgo. Ser un centro de pensamiento y decisión es tan valioso como el desarrollo económico. Para lograrlo, necesitamos menos palabras y más acciones concretas.
Porque no se recupera la grandeza con eslóganes de marketing ni con administraciones ineficientes que prometen mucho y hacen poco.
La administración anterior nos dejó claro que llenar la ciudad de frases rimbombantes y redes sociales saturadas de autopromoción no sirve de nada si no hay resultados concretos.
La grandeza se recupera con trabajo serio, decisiones estratégicas y acciones que vuelvan a posicionar a Manizales en el mapa nacional.
Tenemos los elementos para liderar: universidades de calidad, talento humano destacado en ciencia y tecnología, y una tradición de liderazgo que forma parte de nuestra identidad.
No buscamos copiar el modelo industrial de otras ciudades, pero podemos consolidarnos como el espacio en el que nacen las grandes ideas y se toman decisiones importantes para Colombia.
Manizales tiene la oportunidad de reescribir su historia. No desde la nostalgia, sino desde un optimismo práctico que reconozca nuestras fortalezas y las proyecte hacia el futuro.
El protagonismo que una vez tuvimos está a nuestro alcance. Hagamos de Manizales, nuevamente, un referente de progreso y liderazgo para Colombia.