No voy a referirme al ‘interés’ de una persona hacia otra, por razones de dinero, poder o posesiones materiales. Tristemente, un comportamiento muy común en la historia de la humanidad y muchas veces presente en las relaciones sociales, laborales, económicas, políticas e, incluso, en las interpersonales. Más bien, en vez de ello, quedémonos con otro adagio popular que sintetiza el valor de una amistad sincera: “Cuando encuentres un amigo, consérvalo como un tesoro”. ¡Ah escasos!

Pero bueno, volvamos a lo que hoy nos convoca. Con el título de esta columna, que recuerda el viejo y conocido refrán sobre el interés egoísta en las relaciones humanas, pretendo, sólo por esta vez, tomarlo prestado para referirme a otra clase de ‘interés’: al que se paga por tomar dinero prestado y que comúnmente, en términos financieros y económicos, conocemos como ‘tasa de interés’.

Y es que en Colombia está candente el debate por cuenta de la reciente decisión del Banco de la República de subir la tasa de interés de la economía en 100 puntos básicos (1%), de 9,25% a 10,25%. Y según las “malas lenguas”, aún quedan pendientes otras alzas. Una decisión, hay que decirlo, corajuda y no exenta de polémica. Muchos se aventuraron a aseverar que la movida tenía tintes políticos. Pero no es así.

La decisión del Banrepública se basó en su propósito de atacar frontalmente la inflación, la misma que ha venido al alza, entre otras razones, por cuenta del elevado consumo de los hogares, el alto ingreso de remesas que jalona un mayor consumo y las crecientes economías ilegales. Así mismo, y aunque el Gobierno lo niegue, por cuenta de su robusto endeudamiento, el creciente gasto público y la desbordada alza del salario mínimo, hechos que indiscutiblemente presionan la inflación al alza. El Banco estima que este año la inflación cierre en 6,3% y que con las medidas tomadas para la tasa de interés, se ubique entre 2% y 4% en el 2027. Confiemos en ello.

Por ahora, habrá que esperar unos intereses más altos para créditos de consumo, tarjetas de crédito y préstamos personales; y que muchos proyectos de inversión empresarial se retrasen por cuenta de los mayores costos de financiación. Y por otro lado, consecuentemente, disminuya el consumo de personas y hogares y se incentive el ahorro en CDT y otros instrumentos financieros, gracias a las mejores tasas que ofrecerán los bancos para captar el dinero del público, situación que habrá que aprovechar sin dudarlo.

Y, precisamente, eso es lo que pretende el Banco de la República con el alza de la tasa de interés: anclar las expectativas y ‘enfriar la economía’ para que la gente gaste menos, las empresas inviertan menos y, juntos, ahorren más dinero para que la inflación baje. Así de sencillo.

En fin, como siempre, la sabiduría popular tiene razón. El ‘interés’, tristemente, mueve las relaciones humanas, pero cuando se trata de economía, mueve el consumo, las decisiones de inversión y, quiérase o no, los hilos visibles e invisibles de la actividad económica. “¡Interés, cuánto valés!”