Que todo un país, su imperio y las direcciones de la historia universal hayan dependido de un mosquito, parece inconcebible. Pero así fueron los Estados Unidos, que sin el mosquito de la malaria (Anofeles) y el de la fiebre amarilla, (Aedes), no hubieran llegado a gran potencia; o se hubieran demorado. Y el mundo hubiera sido otro.
Thomas de Quincey, en “Suspiria de Profundis”, afirmó que toda historia no es lineal, sino aleatoria y depende de múltiples causas posibles. Una contingencia casi infinita. Shakespeare, en “Ricardo III” (acto 5, escena 4), rey inglés que perdió su reino en la batalla de Bosworth (1485) porque resbaló su caballo, no pudo defenderse y fue muerto, pone en su boca aquel grito famoso: “un caballo, mi reino por un caballo”. Imaginan que antes el herrero real puso mal un clavo. William J. Bennet, tararea: por un clavo se perdió una herradura; por una herradura se perdió un caballo; por un caballo se perdió un reino.
Esos moscos -que parecen anticipar el autollamado “destino manifiesto”- y los Estados Unidos, se amacizaron. Primero en la guerra de independencia contra Inglaterra, cuyos ejércitos fueron diezmados por la malaria; Washington perdía y perdía y sin la ayuda de Francia y de los mosquitos, esa independencia (1783) se hubiera pospuesto por décadas. Segundo, la compra de Luisiana (1803) resalta la colaboración del insecto. Haití, colonia francesa, primer productor mundial de azúcar, segundo de café, importante en algodón, cacao y tabaco, constituía una tercera parte del comercio de Francia. Los esclavos se rebelaron, triunfaron y se independizaron porque la malaria mató dos tercios del ejército francés. Privado de esos recursos y sin esa base de Haití para defender Luisiana, Napoleón desistió de su imperio en América y resolvió vendérselo a Jefferson, territorio desde su extremo sur hasta Canadá. Duplicó la extensión de Norteamérica y despejó el tapón para la conquista del inmenso oeste. Gracias al mosquito.
Tercero, en la guerra de secesión, Lincoln de derrota en derrota hasta que la malaria diezmó el ejército del sur y así pudo vencerlo, salvar la Unión (1865) y abolir la esclavitud. Cuarto. Los Estados Unidos intervinieron para independizar a Cuba (1902). Voces propusieron incorporarla, pero los militares exigieron una salida inmediata: estaban siendo diezmados por la malaria. Sin el mosquito, Cuba hubiera sido Estado de la Unión… y Fidel… también fue beneficiario del anofeles. Cinco. Panamá, copado por el insecto y sus muertes, el canal se pudo construir (1904) porque en la guerra de Cuba el médico William Gorgas había probado las medidas de prevención contra el mosquito.
Suerte, con salvedades. Un proverbio turco asegura que la suerte le sonríe a los hombres hábiles. Y nuestros campesinos que quien nace para tamal las hojas le llueven. Cierto, pero más se necesitan adicionales materiales y la experticia humana para cocinar lo demás, lo esencial. En la historia el hombre puede, aunque limitado o ayudado por el medio y por ciertos enigmas. Incluidos los suertudos poderosos gringos.