El pasado 8 de marzo los colombianos se acercaron a las urnas para dejar un voto de grandeza, uno que permitió avanzar en la defensa de nuestra democracia, evidenciar la politización del país y reconocer la importancia de unirnos en torno a la ley y el orden.

El primer gran logro en defensa de la democracia fue la labor de la Registraduría Nacional del Estado Civil, una institución que, pese a los ataques del presidente y su desconocimiento del sistema electoral, fue fiel a su misión y garantizó la organización y la transparencia del proceso electoral.

La participación ciudadana alcanzó aproximadamente el 51%, según cifras oficiales, lo que representa no solo un proceso legítimo, sino también participativo, teniendo en cuenta el escenario vivido. Un Gobierno que, de manera abierta y absurda, hizo campaña política con la complicidad de algunos organismos de control, que permitieron el irrespeto a la institucionalidad y a nuestra Constitución.

Resulta paradójico que a una sociedad que le destruyen el sistema de salud; le quitan los medicamentos; le roban la posibilidad de estudiar; la regresan a un pasado doloroso y tortuoso permitiendo el fortalecimiento de los grupos armados y criminales del país; le quitan empleos formales que se han ido supliendo con informalidad y con un crecimiento desbordado de la contratación del Estado y pierde la capacidad de elegir, vota mayoritariamente, no solamente por quienes están en el Gobierno sino por aquellos que han traicionado y vendido a sus propios partidos. Aquí no primó la preparación intelectual y académica sino el dinero, y fue más poderoso el interés particular que el bienestar común.

No obstante, gran parte del pueblo colombiano votó y rechazó en las urnas a quienes, sin declararse de izquierda ni de extrema izquierda, respaldaron proyectos perjudiciales para el país. También le dio su confianza a quienes, incluso de manera anónima, han trabajado porque las vías conecten con nuestros derechos, como es el caso de Elefante Blanco, reconocido por sus denuncias de irregularidades en las carreteras del país y quien ocupará una curul en el Senado.

¿Sería premonitorio que las elecciones fueran el 8 de marzo y que una mujer fuera la gran triunfadora? Puede ser. Lo cierto es que la Gran Consulta también demostró el respaldo a un grupo de ciudadanos que dejando las diferencias atrás se unieron y aun sin maquinaria política lograron seis millones de votos.

La votación caldense también dejó varias lecturas. Se requiere analizar por qué el Pacto Histórico se convirtió en la primera fuerza política del departamento; mientras que un partido tradicional como el Conservador ocupó el cuarto lugar en votación en Caldas y el quinto en Manizales. Una oportunidad para repensarnos sobre lo que muchos militantes profesan y lo que realmente cumplen. Sin embargo, me alegra la llegada de nuevos liderazgos, de líderes que han hecho la tarea y han priorizado el bien superior sobre el individual.

Vamos por buen camino, pero aún nos falta un voto de grandeza para la Presidencia. ¿Tendremos a una mujer en la Presidencia y a un hombre que represente la diferencia en la Vicepresidencia? Solo sus votos lo definirán.