En el 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF), con el propósito de aumentar la sensibilización y promover acciones concretas para eliminar la MGF como una forma de violencia basada en género y una violación de los derechos humanos.
Pero ¿qué es la MGF? Es cualquier procedimiento en el que se cortan, lesionan o alteran los genitales externos de una niña o mujer sin que exista una razón médica. Puede variar en gravedad: cortar parcial o totalmente el clítoris; cortar los labios menores o mayores; y, en los casos extremos, coser o cerrar parcialmente la abertura de la vulva, dejando un pequeño orificio para la orina y la menstruación. La mayoría de las veces se realiza en bebés y niñas menores de 5 años.
¿Por qué se practica en algunas comunidades? Porque, según ciertas creencias, “controla” la sexualidad femenina, preserva la “pureza” o el honor, es un requisito para el matrimonio o simplemente es una tradición.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 230 millones de niñas y mujeres en el mundo han sido sometidas a MGF. África y Asia son los continentes con mayor prevalencia. No obstante, en Colombia también existen comunidades que practican la MGF, como la comunidad indígena Emberá, con presencia principalmente en los departamentos de Risaralda, Chocó, Antioquia, Cauca y Quindío. Entre el 2020 y el 2025 se documentaron en Colombia aproximadamente 204 casos. Sin embargo, fue apenas en el 2007 cuando la práctica de la MGF en el país se hizo visible, tras la muerte de una niña de la comunidad Emberá por complicaciones asociadas a este procedimiento. Estas complicaciones pueden ser graves, a corto, mediano y largo plazo: dolor intenso y hemorragia, infecciones, problemas urinarios, complicaciones en el parto, afectación psicológica y emocional y dificultades en la vida sexual adulta.
En Colombia, la iniciativa más avanzada para prohibir la MGF es el Proyecto de Ley 018 del 2024 en la Cámara y el 440 del 2025 en el Senado. Esta propuesta no solo busca su prohibición, sino también que el Estado defina políticas públicas, fortalezca los sistemas de recolección de datos, establezca responsabilidades claras y promueva estrategias de prevención con enfoque intercultural.
Traer hoy el tema de la MGF a esta columna no es casual; hace parte de la misma causa que ha guiado mi trabajo para educar en sexualidad femenina. Esto implica visibilizar prácticas que afectan la salud y los derechos de las niñas y las mujeres.
Hablar de MGF implica información y, ante todo, respeto por los contextos culturales. No se trata de juzgar a las comunidades que la han practicado, sino de abrir espacios de diálogo que protejan la integridad y los derechos sexuales de las mujeres.
El conocimiento sobre la existencia de la MGF debe ser una herramienta poderosa de transformación para revisar todas las prácticas que atenten contra la salud y el derecho que, como mujeres, tenemos para sentir, para disfrutar y para hacernos cargo de nuestra sexualidad y de nuestra vida sexual.
A menos estigmas, más diálogo que transforma, más conocimiento que libera y más educación que abre puertas a nuestras niñas y mujeres.