Martha Lucía Gómez
Profesional en Desarrollo Familiar. 25 años como periodista de La Patria. Actual editora de Opinión del periódico La Patria. Temas de interés: política, economía, salud, educación, cultura, deporte, seguridad y todo el acontecer local, regional, nacional e internacional.
Correo: martha.gomezlp@gmail.com
Revisar las cifras del preconteo de votos del domingo en Colombia deja un amargo sabor para quienes creemos firmemente que sufragar es un derecho, un acto de responsabilidad con el país y un brazo esencial de la democracia. Cuántos en países sometidos a dictaduras desearían salir un domingo a votar con la tranquilidad que un colombiano lo puede hacer durante ocho horas y sin tener que obedecer a alienaciones de un régimen.
Votar en Colombia debería ser un goce al sentir que la voluntad propia encuentra su expresión cuando se ingresa al cubículo y se marcan, al antojo de cada quien, las tarjetas electorales. Por esto es que parece increíble que después de 38 años de tener vigente la tarjeta electoral en el país -fue creada por la Ley 62 de 1988- se sigan teniendo elecciones con cientos de votos nulos y cientos de tarjetas no marcadas que podrían estar favoreciendo a partidos y candidatos.
En esta elección de Senado para el periodo 2026-2030, en Colombia fueron 20 millones 492 mil 278 votantes, total del que se contabilizaron 573 mil 572 votos nulos y 495 mil 519 tarjetas no marcadas. En la elección del 2022 para el Senado que está terminando su periodo, de 17 millones 530 mil 841 votantes, hubo 730 mil 831 votos nulos y 521 mil 49 tarjetas no marcados. Este año fueron menos, es cierto, pero no se debería estar registrando; ni siquiera como forma de protestar o para manifestar descontento, porque para eso está el voto en blanco que en caso tal de ser mayoría llevaría a repetir una elección. ¿La gente lo desconoce?
En Caldas votaron en la elección del domingo para Senado 423 mil 340 personas y entre ellas 16 mil 923 anularon el voto y 15 mil 510 no lo marcaron. Hace cuatro años, de 380 mil 843 votantes en este departamento, fueron 17 mil 762 votos nulos y 24 mil 181 tarjetas no marcadas. Es un ejemplo, porque también ocurrió con las votaciones a Cámara y las consultas interpartidistas.
El trasfondo de tener tanto voto perdido también está relacionado con la deficiente calidad de los candidatos, que en muchas ocasiones no es prenda de garantía para ocupar altos cargos como los que se eligen por votación popular. Los votantes no se sienten identificados ni representados por ninguno y eso lo deberían tener en cuenta antes de lanzarse a una campaña electoral.
En los votos nulos y las tarjetas no marcadas también hay un fuerte mensaje para los partidos políticos, que no pueden seguir haciendo campañas con ojos cerrados y oídos tapados. Son resultados que muestran evidentes fallas en la formación de su militancia, que no se está enseñando a votar bien, y que es un asunto que se deja, como siempre, para última hora cuando ya el tiempo apremia.
La educación y la pedagogía electoral también atañe a las organizaciones electorales de la Nación, incluso a los establecimientos educativos sin caer en una peligrosa instrumentalización hacia alguna tendencia política. Votar mal, igual que quien no vota y se queda en su casa en un día de elecciones, no puede dar lugar a hacer críticas y a exigir posteriormente. Ya es momento de tomarse seriamente el acto de votar en Colombia, lo que se decida en las urnas nos va a afectar a todos. Lo estamos viviendo.