El gran genio francés literario Víctor Hugo publicó en 1831 una novela con luces de historia que se hizo famosa: "El jorobado de Nuestra Señora de París”, que narra la vida de un hombrecillo sordo, abandonado de su familia, con enorme joroba y mirada insegura. El archidiácono de Nuestra Señora, el magno Templo Parisino lo adoptó y le dio como vivienda la torre del campanario y como oficio tocar las campanas y tener todo en su orden.
Un día al salir al atrio cae en la burla de despiadada turba. Una mujer gitana bella y joven lo defiende, se llamaba Esmeralda, brillante como su alma. Cuasimodo se enamora de aquella que le dio el primer beso de amor y le arrancó sonrisas a su deforme rostro. Un pretendiente de Esmeralda la acusa con calumnias y sella sus celos con la fatídica orden: la horca pública.
Cusimodo nada puede hacer para liberarla. Se cuenta que semanas después encontraron en el cementerio a Cuasimodo muerto encima de la tumba de su amada Esmeralda.
Narración para múltiples aplicaciones, pero sólo quiero destacar dos que valen la pena hoy. Gracias a esta obra literaria Víctor Hugo libró el Templo de Notre Dame de ser demolido ya que estaba en proyecto construir otra edificación en el mismo lugar; las letras destruyeron pérfidos deseos y actos.
Lo segundo que resalto es lo que Cuasimodo sentía cada vez que tocaba las campanas llamando al Templo: danzaba entre campanadas viendo como muchos feligreses llegaban para las celebraciones, como abejas al panal, para recibir y repartir la miel del amor divino.
Me parece que tiene un sello de Cuaresma. La iglesia, como Cuasimodo, nos llama en Cuaresma para reunirnos, nutrirnos, animarnos y evitar que la Iglesia de Jesucristo se derrumbe por hachazos de odios o indiferencias. Además la Palabra divina como literatura de oro, fulgor y ascensos hará que la Iglesia como Comunidad, Asamblea de creyentes en los besos de Dios más tiernos y fuertes que los de Esmeralda a Cuasimodo nos llenarán de vigor, luz y esperanza para seguir en camino "cambiando las lanzas en podaderas", los odios en perdón, el orgullo en humildad, la indiferencia en el pan compartido en el altar que es llevada a los más necesitados.
Buena unidad entre Cuasimodo, Esmeralda, la Cuaresma ...y tu.