Ante el desgaste de la política tradicional la respuesta no puede ser la apatía o la indiferencia, sino una mayor participación ciudadana como forma de fortalecer la democracia. Este juicio de valor me motivó a escribir esta columna como un ciudadano del común que le duele todo lo negativo que le pasa al país y en especial a la ciudad.
En esta época electoral la mayoría de actores políticos abandonan la ideología, carecen de planes políticos, programas, políticas públicas, propuestas claras, metas medibles, visión de largo plazo. Por el contrario, lo que se presenta es una ambición de poder sin propósito, una necesidad de protagonismo; no es vocación, es miedo a desaparecer del escenario público; no es una ambición legitima de poder para servir, sino una ambición vacía orientada a la permanencia personal y no al bien público.
Hoy en la política colombiana abundan personajes de estos, que conciben el poder y el servicio público como un fin personal. La política deja de ser un proyecto público y se convierte en medio de supervivencia personal, incluso vendiendo principios, la vocación de servicio desaparece y da paso a un gran negocio del que se aprovechan contratistas, narcotraficantes, minería ilegal, caciques regionales, clanes familiares, estructuras clientelistas, otros actores menos visibles pero igual determinantes, grupos económicos y empresariales no siempre ilegales pero que generan conflicto de interés, sindicatos, entre otros.
En este esquema el ciudadano deja de ser el destinatario de la acción política y se convierte en un medio electoral que es lo que hoy sucede en el país, y Manizales no es ajena a esta realidad pues aquí aparece nuevamente en la escena política el cinismo de Carlos Mario Marín como candidato a la Cámara de Representantes, avalado por la Coalición ALMA -integrada por varios partidos y movimientos colombianos como Cambio Radical, Colombia Justa Libres, Liga de Gobernantes Anticorrupción, ADA (Alianza Democrática Amplia), Dignidad Liberal y otros), en la que fue recibido sin censura alguna a pesar de los múltiples cuestionamientos públicos y problemas de gestión, algunos de ellos relacionados con decisiones polémicas, problemas de transparencia y procesos disciplinarios o judiciales, lo que significa la falta de ética política.
Personaje ampliamente conocido en la ciudad, ya que hasta hoy ha sido el peor alcalde en toda la historia de Manizales y célebre nacional e internacionalmente al firmar un memorando de cooperación con la llamada “República Libre de Liberland”, que jurídicamente no existe como estado.
Carlos Mario Marín llegó a la Alcaldía con su slogan principal “Yo Cuido a Manizales”, pero hizo todo lo contrario, acabó con Manizales pues fue un administrador irresponsable, que durante su mandato generó más daño institucional, social y financiero que progreso real. Dejó a la ciudad en peores condiciones que al inicio, por su incapacidad de dirigir, la falta de planeación, desconocimiento técnico y falta de control en la Gestión; dejó obras de gran envergadura inconclusas, como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), el Intercambiador Vial de Los Cedros, la Línea Tres del Cable, entre otras. Así y todo, hoy en su campaña promete gestionar las líneas cuatro y cinco del cable.
Todo lo anterior con corresponsables políticos, porque participaron de las decisiones y las permitieron, algunos concejales, secretarios de despacho, asesores y la falta de una gestión eficiente de los órganos de control. Carlos Mario pretende seguir con el engaño sin haber asumido responsabilidad alguna por el daño causado a la ciudad.