En tiempos de convulsiones mundiales, y Colombia no se escapa de eso porque a diario hay que registrar múltiples violencias e inequidades, así se esté bajo un gobierno que prometió cambios, llega muy bien la Semana Santa, cuando los ritmos se desaceleran y se abre la oportunidad de aprovechar estos días para repensar en lo mucho que como humanidad estamos propiciando para generar estas crispaciones por el solo hecho de estar tan concentrados en satisfacer lo individual y dejar en un segundo plano la existencia del mutuo y el colectivo. Lo complejo es que en la mayoría de ocasiones han desencadenado graves y absurdas guerras que ya se han cobrado las suficientes víctimas; sin embargo, no parece haber todavía una forma inmediata de detenerlo.
Será la primera Semana Santa del papa León XIV, quien desde el Domingo de Ramos no escatimó palabras para expresar su preocupación por los conflictos en el mundo que están fracturando la humanidad. En la plaza del Vaticano dijo a quienes lo escuchaban que está convencido de que “la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable”. Además viene haciendo un vehemente llamado a que las partes involucradas en estos enfrentamientos “asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable”.
Buen llamado el del papa León para millones de católicos que dedicarán este periodo a revivir la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo; reflexión muy apropiada para confrontarla con las injusticias que se cometen hoy en día, sobre todo contra muchos seres indefensos y vulnerables que son los que más están sufriendo. El mensaje papal también debería llegar a millones que siendo católicos o profesando cualquier otro credo o religión estarán descansando, a los que aprovecharán para salir de paseo y unos menos quienes seguirán dedicados a laborar porque sus oficios así lo exigen y permiten que el mundo siga funcionando. Lo más importante es que lo que se esté haciendo lleve durante cualquier momento de estos días a repensar en cómo podemos contribuir a la paz como lo invoca el papa.
Quizás considerando que hay que derribar, como él mismo lo llama las “configuraciones injustas de poder” que no son más que actitudes y acciones que siguen socavando las diferencias entre pobres y ricos en el mundo, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos. Un mensaje que se aplica a todas las instancias, desde quienes están ostentando poder y decisión a cargo de gobiernos y países, que son los que más lo deberían poner en práctica; hasta los gobernados que se encuentran bajo todo tipo de sistemas y mandatos asumiendo las consecuencias de lo que todos estos poderosos determinan, no siempre de la manera más acertada y justa para lograr paz y alejar cualquier expresión de violencia.
No es gratuito que el papa León hable de un mundo herido, incluso en el que se sigue utilizando a Dios para justificar los enfrentamientos, tal y como sigue sucediendo en Medio Oriente. El camino que plantea es el de la construcción de reconciliación. Quizás sea esa la única salida.
Fecha Publicación - Hora