La película Ella dijo recrea la historia detrás del reportaje que publicó el New York Times y que reveló los abusos de poder y sexuales que protagonizó el entonces poderoso productor de Hollywood Harvey Weinstein y que por estas publicaciones terminó por ser identificado como lo que también era: un depredador sexual. En una escena de la película una joven periodista le pregunta a otra con más experiencia cómo hizo para que las víctimas le contaran su historia. Ella le contestó: “Les dije que no podía cambiar lo que les había sucedido, pero que juntas podríamos ayudar a que no volviera a suceder”.
Esta película es un impresionante retrato de la situación a la que se someten mujeres abusadas en sus entornos de trabajo, el miedo que las domina, el temor a que sean juzgadas como escandalosas por dar a conocer lo que les ocurrió, a no volver a conseguir trabajo. En la novela más reciente de Chimamanda Ngozi, la nigeriana activista por los derechos de la mujer, desde la literatura decidió creerle a la denuncia de abuso sexual que presentó Nafissatou Diallo, a pesar de que la justicia la revictimizó, la maltrató y de que el poderoso Dominique Strauss-Kahn salió absuelto. Porque solo una mujer sabe que estas cosas pasan y con más frecuencia de las que creemos. Aun así, no todas las víctimas tienen la capacidad para enfrentar a sus agresores y afrontar la bajeza de tantos dedos acusadores que las señalan.
Los más recientes hechos que se han dado a conocer sobre posibles acosos sexuales en el Canal Caracol son un asunto que debe interpelarnos a todos los medios de comunicación, sobre todo, cuando cifras de la Defensoría del Pueblo dan cuenta de que en nuestro país el 60 por ciento de las mujeres periodistas han sufrido algún tipo de acoso o discriminación por su condición de mujer. Una cifra que debería escandalizarnos e invitarnos a la acción para hacer de las salas de redacción lugares seguros para ellas, algo que, por fortuna, están acompañando diferentes organizaciones como la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), que ha ofrecido apoyo a las víctimas en acompañamiento y representación jurídica y legal en las rutas de restitución de sus derechos y seguimiento a sus casos; en respaldo psicosocial; y en asesoría a los medios en la revisión y creación de protocolos internos que respondan de manera efectiva a estas violencias.
Y hay que recordar que la violencia de género se da en muchos escenarios, que el poder que ejerce una persona desde un cargo y más si es de una figura pública debe ser un aliciente para convertirse en buen ejemplo de los demás, en un guía que los otros quieran imitar, en lugar de ver en sus subalternas personas vulnerables. En una ciudad como Manizales, universitaria, la protección a las mujeres debe extenderse a estas instituciones, donde de manera permisiva en muchos casos se toleran conductas claramente misóginas o de abuso de poder. Los maestros tienen que ser ejemplares en su comportamiento y no pueden dar lugar a maltratos de ningún tipo.
También nosotros, los medios de comunicación debemos crear ambientes seguros para el trabajo de las mujeres y mantener actualizados nuestros protocolos para que en caso de que alguien ose victimizarlas se activen oportunamente para atender con prontitud y con convicción a esa situación.