Foto | Cortesía Jorge Raad | Papel Salmón
Mario Orozco Hoyos fue disciplinado, afable, servicial, familiar, leal y doctor.
Nada en exceso.
Terencio.
En pleno ejercicio de la Dirección del Hospital Universitario de Caldas, 1962-1970, después de Rafael Henao Toro y Jaime Villegas Velásquez, el profesor Mario Orozco Hoyos, a manera de faro, llenaba e iluminaba todos los rincones de la Institución.
Su reciente fallecimiento cierra, en parte, un capítulo de los maestros que hicieron posible el ejercicio de la medicina en el antiguo Hospital Municipal de Manizales, al frente de El Cable, facilitando la transición hacia el nuevo hospital ubicado en el barrio Versalles, inaugurado en 1960, bajo la tutela de la Beneficencia de Manizales.
Hace seis años, el profesor Mario Orozco concedió una entrevista al escritor e historiador Orlando Mejía Rivera, publicada en su libro: Historia de la Medicina en el Eje Cafetero, 1865-1965, con el sello editorial de la Universidad de Caldas, 2019.
Se han extractado y editado apartes de lo enunciado por el profesor, que revelan en buena parte sus ejecutorias, como persona, médico y directivo, durante su productiva vida en bien de las gentes de Manizales.
Al inicio, el entrevistador expresa: El doctor Orozco se encuentra saludable y conserva indemne una memoria prodigiosa que siempre ha sorprendido a sus colegas y alumnos. El don de gentes y la caballerosidad han acompañado la vida docente y clínica de uno de los pioneros de la gastroenterología moderna en la región.
Sus inicios
El maestro Mario Orozco hace un recuento de sus inicios de vida: Nací en Manizales en 1930. Hice la primaria y el bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora. Nos enseñaron francés y raíces latinas y griegas, cuyo profesor fue el padre Rubén Mejía. En 1948 terminé el bachillerato y al año siguiente me fui para Bogotá. Estudié medicina en la Universidad Nacional entre 1949 y 1954. Rojas Pinilla hizo cerrar la Universidad en el año 54 y me vine para Manizales, me presenté al director del hospital municipal, el Dr. Luis Felipe Osorio, quien me dejó hacer la práctica, extraordinaria, con mis compañeros Gonzalo Posada y Silvio Gómez. Regresé en diciembre de ese año y recibimos un grado colectivo y masivo en el estadio El Campín, presidido por el General Rojas.
El internista inolvidable Mario Orozco Hoyos, continúa: En 1955 hice el internado en el hospital municipal y el rural con los niños de las veredas de Manizales, por solicitud de Fabio Buitrago, secretario de salud departamental de la época. Luego me vinculé como jefe de consulta externa del Hospital Municipal y comencé como docente en el Departamento de Medicina Interna en la Universidad de Caldas.
Actividad hospitalaria y académica
El recuento abarca aspectos relacionados con su actividad hospitalaria y académica en Manizales. Describe en detalle los inicios de la gastroenterología: Era muy amigo de Jaime Campos, Jaime Hurtado y Víctor Arguello. Jefes del servicio de gastroenterología de la Universidad Nacional en el Hospital San Juan de Dios. No existía la residencia. Me invitaron, durante dos años, estuve todos los fines de semana aprendiendo y trabajando con ellos. Luego, me hice amigo de los gastroenterólogos de Medellín. Cuando Ferry Aranzazu organizó el Departamento de Medicina Interna le dije que asignará un sitio para el servicio de gastroenterología y allí lo iniciamos, en el tercer piso, 1965.
Mario Orozco, hace detallada rememoración de su actividad inicial en gastroenterología: Conocí al Dr. Filiberto Carvajal, quien me regaló la mesa que había comprado en París y donde se podían hacer procedimientos. Para iniciar las endoscopias invité a mis gastroenterólogos amigos de Medellín y de Bogotá, quienes se turnaban los fines de semana. Traían sus propios equipos.
Luego, a la gobernadora, Pilar Villegas, le pedí un gastroscopio para el servicio. Compró uno, el primero en Manizales. El laparoscopio me lo regaló la gobernadora, Dilia Estrada. Nos faltaba un colonoscopio. El gerente del Banco de la República, Germán Botero de los Ríos, lo regaló a nombre de la institución.
Una de las características que siempre evidenció el profesor Orozco Hoyos fue su carisma para con la gente de todos los rangos, lo que le permitió solicitar y obtener apoyo para estructurar el servicio de gastroenterología, donde a partir de 1969 se formaron seis especialistas: Gustavo Montealegre, Sigifredo Franco, Fabio Salazar, Ignacio Arias, Emiro Meissel y Mario Santacoloma.
El doctor Mario Orozco cuenta como se desarrollaron las primeras etapas del Hospital Universitario de Caldas y de su socia inigualable e irrepetible, la Facultad de Medicina de la Universidad de Caldas: Los médicos tenían gran influencia de la clínica francesa y por eso atendían muy bien a los enfermos. Se organizaron las infraestructuras de los departamentos de Cirugía y Gineco-obstetricia. Se abrió un pensionado en el cuarto piso. Se clasificaban los pacientes que llegaban a consulta externa y aportaban de acuerdo a sus capacidades económicas. En el tercer piso se puso un cuarto para pobres vergonzantes, que funcionaba como de pensión, pero no se pagaba nada.
Más adelante recuerda: El doctor Alfonso Naranjo era gran cardiólogo y llegó como miembro de la Junta de Beneficencia. Allí expresó que necesitaba con urgencia un angiógrafo. Gustavo Vélez Arango, que era el síndico, lo pidió. El aparato se demoraba y dijo que pidieran otro. Ambos llegaron al tiempo y nunca se utilizaron. Llamé a Jorge Reynolds y vino a verlos. Nadie sabía manejarlos. Reynolds me informó que eran chatarra. Me aconsejo botarlos, argumentando que en los Estados Unidos había una fábrica que ensambla aparatos viejos y nos los venden como nuevos.
Entre 1966 y 1967 el profesor Orozco Hoyos se certificó, como internista, gastroenterólogo y endoscopista. Solo las exigencias académicas y legales hacían que eminentes médicos expertos buscaran validar su sapiencia.
Como maestro y persona
Médicos, estudiantes y pacientes recuerdan las actividades del Maestro, en el ejercicio médico cotidiano: Iniciaba, puntualmente a las siete de la mañana. En esa época los estudios de acidez del jugo gástrico, los diagnósticos de amebiasis intestinal, absceso amebiano hepático y las parasitosis intestinales como ascariasis y su recomendada terapéutica de sebacato de piperazina, ocupaban algún tiempo de su consulta.
El maestro Mario Orozco tenía, con su carácter, una inmensa apertura hacia todo aquel con quien conversaba, incluyendo: Colegas, compañeros, amistades, familias, superiores y estudiantes.
Fue el doctor Orozco Hoyos un viajero sin tregua. Relata como asistió a 16 congresos mundiales de gastroenterología, complementando su acción académica con su interés humanístico y cultural, de lo cual hacía gala en amenas clases, lecturas y conversatorios.
Un aspecto solo recordado actualmente por algunos se refiere a su noviazgo: Mi novia fue Luz Marina Zuluaga durante varios años. Era el médico de su mamá, Margarita. Un día me contó que iba a ser señorita Manizales. Luego vino lo del Concurso Universal de Belleza, 1958.
Este hecho lo marcó por siempre. La reina se casó luego con el médico Enrique Vélez Hoyos.
Como lo hizo durante toda su vida siendo un ejemplo para los médicos, el maestro Mario Orozco Hoyos, “marito” para sus amistades, decía: Tenemos la obligación de atender muy bien a los pacientes y gastarles el tiempo que sea necesario.
Don Mario merece una mención especial cuando se evalúa la relación con sus estudiantes tanto de pregrado como de posgrado. Jamás una voz altisonante, nunca un ademan impulsivo, sin gestos ni desplantes. Los comprendía, pero exigía que el rendimiento debía ser un signo de capacidad.
Era fuente de disciplina, que se reflejaba en sus calificaciones, posteriormente controvertidas por las diferencias que tenía con otros docentes.
Sus colegas entendieron siempre que era un hombre serio, responsable y fiel a su palabra. No daba ventajas ni pedía claudicaciones porque siempre estuvo por encima de las nimiedades y de los avasallamientos de otros. Se entendía a la perfección con sus superiores, Ferry Aranzazu, o con sus colaboradores inmediatos, Fernando Hoyos, Javier Castaño, Gerardo Echeverry y Amelia Franco.
En la vida pública
Ocupó diferentes cargos dentro del área médica: El Instituto de los Seguros Sociales, la Secretaria de Salud del Municipio de Manizales, la Universidad de Caldas, Beneficencia de Manizales y miembro de diversas juntas. Todas sus intervenciones estuvieron respaldadas por su donosura, lo cual hacía que, frente a temas difíciles, momentos complicados y decisiones severas, su presencia se convertía en un edén que facilitaba las aproximaciones y los entendimientos. Sin embargo, cuando en ocasiones asumía posiciones radicales era porque lo había reflexionado mucho o porque se había lesionado su sensibilidad.
Frente a la política, indudablemente siempre estuvo cerca de las convicciones conservadoras sin extremo y ejercía maravillosamente su papel de conciliador ante discrepancias, tanto extremas como de fácil canalización.
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Tenía un inmenso y especial cariño por su padre, al cual siempre consideró como un compañero en sus emprendimientos. Sacrificó muchas veces su vida a favor de don Juan, con la inmensa alegría de respetar a su viejo querido.
A la mitad de su vida se encontró con un territorio cálido, propicio para sus afectos: Sus pavos reales, su casa solariega, sus prados de paz y la piscina de su ensueño.
Mario vivió y ejerció como un caballero intachable. Dejando una estela difícilmente imitable.
*Miembro de Número. Academia de Medicina de Caldas.
Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina.