Cada bocado es una caricia para los millones de células que protegen nuestra alegría y bienestar.

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La investigación sobre microbiota intestinal, conocida como “flora”, empezó a ganar espacio dentro de la nutrición clínica. Cada bocado es una caricia para los millones de células que protegen nuestra alegría y bienestar.

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La nutrición clínica observa múltiples procesos del organismo. En ese mapa, la microbiota intestinal empezó a recibir atención en los últimos años. Se trata de un ecosistema de microorganismos que participa en digestión, metabolismo y respuesta inmune.

La nutricionista dietista Juanita Calle Mejía explica que ese sistema también se conecta con el cerebro. “Cumple funciones vitales en el cuerpo y existe una conexión directa en el eje cerebro-intestino”.

Alteraciones en ese ecosistema se asocian con diabetes, obesidad y resistencia a la insulina. Cuando el equilibrio se rompe aparece la disbiosis, un cambio en la composición bacteriana que afecta procesos digestivos y metabólicos.

Juanita Calle Mejía, nutricionista y dietista.

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Juanita Calle Mejía, nutricionista y dietista.

 

Hábitos que afectan el equilibrio intestinal

El estado de la microbiota no depende solo de lo que se come. Factores de la vida cotidiana influyen en ese sistema. Dormir poco, sostener estrés o basar la alimentación en ultraprocesados puede modificar ese equilibrio. El uso frecuente de antibióticos también reduce la diversidad bacteriana del intestino.

El cuerpo suele enviar señales cuando aparece ese desequilibrio. “Hay signos como distensión abdominal, gases, cambios en el patrón intestinal, problemas en la piel o dificultades para dormir”, explica la doctora Calle. Ante esas señales el tratamiento deja de centrarse solo en dietas restrictivas y en la práctica clínica empieza a aparecer otro concepto.

 

La transición hacia la nutrición de precisión

La nutrición de precisión parte de una idea simple: no todas las personas responden igual a la misma alimentación. El metabolismo, la genética y el estilo de vida influyen en la forma en que cada organismo procesa los alimentos. “La dieta general para todo el mundo está reevaluada. Hoy hablamos de nutrición de precisión”, señala Calle Mejía.

Ese enfoque modifica la relación con la comida. El objetivo no consiste en eliminar alimentos, sino en entender cómo encajan dentro de un patrón de vida. “Si una persona se cuida, hace ejercicio, duerme bien y mantiene una alimentación equilibrada, puede comer una hamburguesa el fin de semana”.

Redes sociales, cuerpo e información La conversación sobre nutrición ocurre también en redes sociales. Allí circulan dietas rápidas y promesas de transformación física sin sustento científico. Para Calle Mejía, ese fenómeno puede tener consecuencias clínicas. “Muchos influencers venden cuerpos ‘perfectos’ que a veces esconden trastornos alimentarios”.

El riesgo aparece cuando esos modelos se convierten en referencia para quienes buscan cambiar su cuerpo. En consulta, algunos casos terminan asociados con dismorfia corporal o conductas restrictivas frente a la comida.

La automedicación, en especial de antibióticos, puede ser una de las prácticas que más afecte a la flora intestinal.

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La automedicación, en especial de antibióticos, puede ser una de las prácticas que más afecte a la flora intestinal.

 

Intestino, mente y estado emocional

La investigación reciente también explora la relación entre microbiota intestinal y salud mental. El intestino participa en la producción de sustancias relacionadas con el funcionamiento del cerebro. “Una microbiota bien alimentada produce vitaminas del complejo B, triptófano y ácido fólico”, explica Calle Mejía.

Estas moléculas intervienen en la producción de serotonina, asociada con el estado de ánimo. Cuando ese sistema se altera pueden aparecer ansiedad, estrés o síntomas depresivos. En ese escenario, la nutrición deja de ser solo una cuestión de peso y empieza a entenderse como parte del equilibrio general del organismo.

 

Fuentes de prebióticos en la alimentación

  • Frutas.
  • Verduras.
  • Granos integrales.
  • Cereales integrales.

 

Señales que pueden indicar disbiosis

  • Inflamación abdominal.
  • Cambios en el tránsito intestinal.
  • Gases frecuentes.
  • Alteraciones del sueño.
  • Lesiones o cambios en la piel.

 


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