Santiago Jiménez, coordinador de urgencias en el SES Hospital de Caldas.

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Santiago Jiménez, coordinador de urgencias en el SES Hospital de Caldas.

Santiago Jiménez, coordinador de urgencias en el SES Hospital de Caldas, quien hace cinco años, cuando se decretó la pandemia, era el coordinador de urgencias de la clínica San Marcel, habló con LA PATRIA Radio sobre las vivencias de aquel entonces, las enseñanzas y recomendaciones de hoy. Esto dijo:  
 

¿Cómo fue ese momento en el que usted estaba en urgencias de la Clínica San Marcel y se hace el anuncio de la pandemia? 

La pandemia nos marcó a todos los que logramos sobrevivir a esa condición. 

Fue una situación de una incertidumbre total durante los primeros días, semanas y meses. 

Recordemos que no habíamos tenido la oportunidad de participar en una pandemia como tal, simplemente sabíamos que la pandemia era una situación médica que afectaba al globo terráqueo, pero como que no pensábamos en más. 

No sabíamos el contexto de esa condición, que realmente las pandemias encerraban familias, terminaban trabajos, desaparecen personas de nuestra sociedad. Allegados que por situaciones médicas no vuelven a estar con nosotros.

Y la pandemia no es solo la palabra, sino todo lo que corresponde a esta situación. Es decir, el mundo cambió con la pandemia y todos nosotros cambiamos. 

El hecho de estar en la casa y no poder salir a botar la basura, por ejemplo. El miedo era impresionante

Uno salía de la casa y escuchaba a alguien toser o estornudar y le daba pavor

Y en los servicios de urgencias, hospitalización o UCI de las diferentes clínicas de la ciudad o del mundo, el susto al principio era absurdamente alto. 

Hay compañeros que cuando se declaró la pandemia, dejaron de trabajar como médicos. 

Y decidieron, por alguna situación personal principalmente, evitar la exposición de ellos mismos y de su familia. 

La pandemia nos trajo muchísimas experiencias y de esto todavía estamos aprendiendo día a día.
 

Usted decidió quedarse…

Yo me quedé. Fue complejo. Fue muy duro al principio, pero no veía opción de retirarme, sabía que podía hacer la diferencia en las personas. 

Empecé con mucho susto, pero a través de ese susto y la experiencia, el aprendizaje, el estudio y las retroalimentaciones mundiales, logramos enfrentar esa condición con los cambios que se dieron. 

Y poco a poco entendimos que no podíamos desfallecer ante el intento mundial de que sobrevivieran personas.
 

Fotos Archivo l Freddy Arango l LA PATRIA

Hace 5 años las urgencias den la Clínica San Marcel estaban vacías, excepto por los médicos que decidieron quedarse para afrontar la pandemia. 

 

Los pacientes que empezaron a llegar a urgencias prácticamente solo los tenían a ustedes porque ni las familias podían verlos, ¿cómo se vivió ese proceso psicológico?

Cuando se declaró la pandemia y el aislamiento nacional fue obligatorio, los servicios de urgencias y hospitalización de la ciudad empezaron a estar vacíos

Los primeros días de la pandemia para la parte asistencial hospitalaria fue de temor porque nadie iba. 

Ahí entendimos realmente que la gente aprendió a consultar a los servicios de urgencias solamente con situaciones realmente emergentes

Pero entonces al principio, los médicos, auxiliares, enfermeros, terapeutas decíamos esto va a ser tranquilo porque la gente no viene. 

Pero luego dijimos: Preparémonos para lo que va a acontecer en unas semanas o meses. Porque solo veíamos en noticias a nivel mundial que encerraban ciudades, que no sé cuántos millones en China estaban aislados, que Italia estaba llevada, que Francia estaba colapsada, que Estados Unidos estaba aumentando hasta 5.000 muertos diarios. 

Con eso empezamos a asustarnos y llegó entonces el primer caso en Manizales confirmado, el primer intubado y el primer fallecido. 

Todo empezó a crecer de una manera grandísima

El personal de salud, desde el principio, yo creo que en todas las instituciones fuimos muy acompañados o cobijados por las organizaciones, las empresas, los hospitales. 

Con recursos, talento humano, gestión de patologías clínicas o mentales, acompañamiento psicológico, psicogénico, preparación de todo respecto a la pandemia.

Y sí hacíamos acompañamiento. Recuerdo compañeros que se bloqueaban por esta condición, pero todos hablábamos. 


 

¿Hay alguna anécdota que recuerde en particular?

Sí, anécdotas hay cientos, pero hay una que me llamó mucho la atención. 

Estábamos en el segundo pico de covid en Manizales, de los más complejos que tuvimos. 

En la IPS donde estaba, había dos pacientes hospitalizados, padre e hijo, el padre de 58 años y el hijo de 28. Ambos con covid complejo. 

Los dos tuvieron falla ventilatoria, pero teníamos solamente un ventilador en ese momento. 

Entonces dijimos: “¿Qué hacemos? ¿Le damos el ventilador al papá, que es el que estaba más grave, o se lo damos al hijo, que es el que mejor pronóstico tiene?” 

Y hablando con ellos en psicología, trabajo social, cuidado crítico, el papá decía: “Ponga el ventilador a mi hijo”: 

Y el hijo decía: “Ponga el ventilador a mi papá”. 

Entonces hablando entre todos, decidimos en ese momento, por condición clínica, ponerle el ventilador mecánico al papá. 

Por fortuna, a los tres días permitió soltar el ventilador mecánico con muy buena evolución. Y a esos tres días, el hijo ya venía más crítico y el ventilador del papá apenas terminó su ciclo de desinfección, pasó al hijo. 

Cuento esta anécdota porque llegamos a ese punto, a intentar escoger lo mejor posible sobre a quién debíamos uno ponerle el ventilador.

Fue muy angustiante para nosotros tener muchos pacientes para intubar o para ventilar, pero pocos ventiladores.

Y si bien llegaban ventiladores, no había personal suficiente para operarlos todos. 
 

Fotos Archivo l Freddy Arango l LA PATRIA

A lo largo de los primeros picos del Covic-19 en Manizales Santiago perdió a amigos, familiares y colegas. Hoy los recuerda y entrega reflexiones sobre el cuidado que se debe continuar. 

 

¿Recuerda al primer paciente con covid que ingresó a Urgencias?

No tengo muy claro al primer paciente que atendimos en urgencias de San Marcel. 

Pero sé que hubo mucho susto y el primer colega que lo atendió se quedó angustiado por haberlo atendido. 

Y cuatro días después de ese primer paciente, empezaron a llegar más, más y más complicados. 

Y cuando llegó el primer paciente covid crítico yo lo intubé y a pesar de haber tenido las monogafas, el tapabocas, los guantes pensé: Me morí. 

Me dije a mí mismo: Me contaminé, ya tengo compañeros contaminados. Y pensé en mi esposa, en mi hija, en mi mamá, en mis hermanos, en mis amigos. Por fortuna nunca ocurrió. 
 

 

Ya han pasado cinco años de ese suceso mundial, ¿qué aprendizajes cree que quedaron?

Al principio la gente aprendió a consultar los servicios de urgencias. Con el paso del tiempo, lastimosamente, se nos olvidó. 

Todavía vemos en urgencias pacientes que no son críticos, pero que llegan por situaciones sociales, culturales, por mil situaciones y exponen a la gente que está consultando a una demora injustificada en la atención. 

'Aprendí que la gente es de ciclos. Hace 5 años nadie salía sin un tapabocas. Hace unos años nadie salía sin un alcohol glicerinado o un jabón de manos para lavarse las manos 20 o 30 veces al día. Ahora la gente no lo hace

La gente volvió a entrar y salir del baño, ir a comer, jugar y no se lavan las manos. 

Eso es complejo, porque las enfermedades se siguen transmitiendo, la covid no ha desaparecido

Bajó en incidencia y en gravedad por fortuna, por toda la inmunidad de rebaño, por las vacunas, pero la covid persiste.

Y aparte del Covid está la influenza, el beta pneumovirus, están todas las patologías, pero la gente dejó de lavarse las manos y dejó de ponerse el tapabocas cuando están enfermos, que es grave. 
 

 

¿Cuál es la importancia de las vacunas?

La gente debe entender que las vacunas nacieron, se desarrollan, se investigan por la necesidad del mundo de tener mayor seguridad. 

Personalmente y profesionalmente soy pro vacuna

Intento que la gente se vacune las veces que considere necesario con los refuerzos del caso.

Aquí en Manizales fui uno de los primeros 500 profesionales de salud que fui beneficiado con el primer lote de vacunas que llegó a Colombia.

Cuando me vacuné me sentí feliz, incluso lloré porque dije: Esto me va a ayudar.

Actualmente llevo cinco dosis de vacuna para covid.

 

¿Le dio covid-19? 

Después de cinco años de la pandemia, nunca supe si me dio covid porque nunca tuve síntomas. 

Y parte de que no me dieran síntomas, o si me dieron fueron tan leves, fue porque estuve vacunado

Soy de los que se vacuna anualmente contra la influenza. Si sale una vacuna de herpes, me la intento poner. Si sale neumococo, me la pongo. O sea, la vacuna que salga es porque se ha desarrollado, porque tiene más beneficio que riesgo, y porque sé que está intentando aumentar mis niveles de defensa para evitar complicaciones. 

Y si yo me vacuno tampoco estoy transmitiendo la enfermedad a mi esposa, a mi hija, a mi mamá, a mi hermano, a mi papá.
 

Fotos Archivo l Freddy Arango l LA PATRIA

El médico Santiago relata los primero meses de la pandemia y el miedo que tenía en aquel entonces de contagiar a su familia. 

 

¿Cómo vivió la pandemia en su vida personal con su esposa e hija?

Mi hija tenía en ese momento tres años y yo dije al principio:  “Voy a esperar un tiempo. No volveré a casa”.

Pero hablé con mi esposa y me dijo que no. En la casa me cuidarían, me darían energía.

Entonces siempre regresé a mi casa, pero con miedo. Llegaba después de haber visto 5, 10, 15, 20 pacientes con covid en un turno de 12 o 24 horas y entraba a la casa, me iba a uno de los baños que había destinado solamente para mí. 

Lavaba la ropa y me cambiaba antes de subir a saludar a mi esposa o a saludar a mi hija. 

Y los primeros días o semanas a mí me daba miedo acercarme a darles. A veces duraba muchos minutos en la ducha, dejando que me cayera agua o volviéndome a enjabonar. 



¿Cuáles recomendaciones entrega hoy a las personas?
  1. El lavado de manos es fundamental. Las enfermedades infectocontagiosas tienen una gran incidencia de aumento cuando no nos lavamos las manos o tenemos un aseo adecuado de nuestro cuerpo.
  2. El uso del tapabocas cuando sospechamos o confirmamos que tenemos alguna patología respiratoria es fundamental.
  3. Utilizar el tapabocas con inteligencia. Se debe cambiar al menos cada 8 o cada 12 horas. Un tapabocas no dura una semana, ni siquiera un día entero. 
  4. Si voy a manipular el tapabocas, tengo que tener las manos aseadas.
    De nada me sirve que no me lave las manos y me ponga un tapabocas limpio. Las manos sucias contaminan el tapabocas y el tapabocas me contamina.  
  5. Y si puede, haga el  autoaislamiento o el aislamiento respiratorio en casa, que es fundamental.

 

Ustedes fueron llamados superhéroes durante la pandemia, pero seguían siendo seres humanos ¿perdió compañeros por el covid?

Creo que todos debemos recordar que en Colombia fueron más o menos 147 mil muertos por covid. Eso es una cantidad impresionante de personas.

Yo tuve conocidos, compañeros, amigos y familiares que fallecieron en la pandemia. Una tía falleció. Uno de mis grandes amigos de residencia falleció. Tuve compañeros de trabajo que fallecieron.

También tuvimos por fortuna mucha gente que entró crítica, pero sobrevivió. Y estas son situaciones que recuerdo todo el tiempo.

Como la pandemia ya pasó, la gente se olvida, pero ahí está y sabemos que si se viene una nueva pandemia vamos a perder personas, eso está claro.

 

Escuche la entrevista completa aquí: 

 


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