José Erley Ramírez Garcés reconoció su responsabilidad por el ataque sexual y secuestro.

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José Erley Ramírez Garcés reconoció su responsabilidad por el ataque sexual y secuestro.

José Erley Ramírez Garcés terminó condenado en marzo pasado a 43 años y 6 meses por acceso carnal violento agravado y secuestro agravado. Sometió a su hijastra a vejámenes en una finca ubicada en zona rural de Chinchiná.

El pastor cristiano, hoy recluido en una cárcel de Valledupar, ofreció una entrevista al pódcast Conducta Delictiva, pero más allá de mostrar arrepentimiento o pedir perdón por lo hecho, aprovechó los micrófonos para justificar su actuar criminal.

Red Papaz dio a conocer recomendaciones sobre cómo actuar frente al abuso sexual de menores. Adriana Árcila Rivera, médica especialista en Sexología de la Universidad de Caldas, habló sobre la necesidad y las oportunidades que el sistema penal ofrece a los agresores sexuales.

 

Debe haber reconocimiento de culpa

Adriana Arcila Rivera sostiene que, frente a lo dicho por el pastor, se trata de justificaciones pueriles y preocupa, pues lo que se busca en intervenciones para prevención de reincidencia en delitos sexuales es que en primer lugar reconozcan la culpa, que haya un genuino arrepentimiento. Es un principio de intervención con condenados por delitos sexuales.

En países como Canadá, Estados Unidos, España, Noruega, países de Centro y Sudamérica, incluida Colombia, se llevan a cabo propuestas de intervención para personas privadas de la libertad por delitos sexuales.

"El trabajo es básicamente un proceso en el cual se busca la aceptación de delito, suprimir las justificaciones de la agresión sexual y rebatir las distorsiones cognitivas o excusas que los agresores argumentan tales como: un demonio me poseyó, la niña me sedujo, fue culpa del licor, añade.

Se trabaja en desarrollar la capacidad emocional y la empatía hacía las víctimas. Mejorar las habilidades sociales. Y realizar proceso de educación sexual centrada en el conocimiento científico y la ética, que motive el respeto por la dignidad humana y los derechos sexuales.

"También busca fortalecer la capacidad de anticipar las consecuencias negativas derivadas de comportamientos inadecuados, pedir perdón y reparar a la víctima, la familia y la sociedad", indica la experta.

Asegura que lo primero es reconocer el error, lo que no ve en Ramírez Garcés. Sentencia que ningún demonio posee a las personas, la agresión sexual no es un acto impulsivo, y se notan las actuaciones premeditadas. Decir que no podía contenerse es una justificación.

Sin embargo, aclaró que existen parafilias, como la pedofilia, que consiste en la preferencia sexual por menores de edad. No quiere decir que todo el que padezca este trastorno es un agresor sexual, y quienes reconocen a tiempo su problema, pueden recibir tratamientos que si bien, no son sencillos, funcionan.

"¿Por qué no buscó ayuda al sentir esa atracción? son justificaciones para no reconocer, no hacerse responsable. El mismo afirma que venía con estas ideas por mucho tiempo, es necesario que piense que hizo algo horrible y merece un castigo", añade Arcila Rivera.

"Realmente es un hombre que no reconoce la falta, la justifica, no demuestra culpa o arrepentimiento, carece de empatía hacia la víctima y los demás, son rasgos preocupantes. Planear incluso desaparecer a la niña indica mucha frialdad. Por lo que sus seguidores mencionan refleja una capacidad engañar y manipular, que podrían indicar rasgos de sociopatía", sentencia.

 

Proyecto internacional

El proyecto que se aplica con los condenados por agresión sexual, indica la médica, se diseña a partir de las experiencias de países antes mencionados, que consiste en un trabajo de prevención terciaria, consistente en volverlos personas responsables afectivamente y en su conducta sexual.

Estos programas conllevan trabajo de meses, se evalúan rasgos de personalidad, impulsividad, actitudes violentas. El propósito principal es generar procesos de introspección y aceptación de la culpa.

"Nadie cambia si cree que lo que hizo no está mal. En estos procesos también se trabaja con sus historias de vida, sus infancias o traumas", menciona Adriana Arcila Rivera.

Las condenas en Colombia son altas y en promedio son de 12 años, y generalmente aumentan mucho más, por situaciones como ser figuras de cuidado de los niños, padres, madres, padrastros, o figuras de autoridad, educadores, sacerdotes, pastores.

Lo que se espera es que el agresor sexual salga siendo un ser humano distinto, que implica no dejarlo solo y acompañarlo en la reinserción a la sociedad, para prevenir reincidencias.

 

Las frases

1. "No tenía la capacidad de dominar lo que hacía, no tenía la capacidad de determinar si era bueno o malo. O sea, no estaba esa conciencia. La única defensa que yo tenía era la oración".

2." Cada vez veía a mi hijastra con otros ojos. Los del deseo. Y lo peor, era algo que hasta ya sabía mi esposa, la mamá de la menor".

3. "Esa atracción, esa ansiedad, no era normal. El problema es cuando yo empiezo a sentir esa atracción desmedida".

4. "No fue una decisión mía, fue un ataque indiscriminado de fuerzas y lo hice saber en el juicio”.

5. " La decisión se tomó el lunes 28, en esos últimos tres meses, incluso. Empecé a batallar no solamente con accederla, sino con matarla. Y no solamente a ella, sino a mi esposa".

6. "Con la niña tenía una fricción y una de las armas fue el odio, porque la niña creó un odio hacia a mí, y se creó un odio de mí hacia la niña también".

7. "Soy un hombre experto en cuerdas. Yo no me explico cómo... Yo la tenía amarrada de pies y manos. Le había puesto una en el cuello, la que le coloqué inicialmente, porque era la manera más fácil de intimidar".

8. "Luego de abusar de mi hijastra, me fui a despejar la mente, mientras ya rondaba la idea de que tocaba desaparecerla, una vez la matara".

 

Seis cosas que se deben saber

1. Los adultos son responsables de su seguridad en todos los entornos.

2. Cuando cuenten de una situación de violencia sexual, siempre deben creerles. Hay que actuar y apoyarlos.

3. Enseñarles a autoprotegerse.

4. Estar atentos al cambio de comportamiento.

5. Consultar si la institución educativa donde estudia el menor tiene un manual de convivencia, protocolos y ruta de atención frente a casos de abuso sexual.

6. Denunciar estas situaciones a través de la Línea 141 del ICBF, la 123 de la Policía o por la App Adenunciar de la Fiscalía General de La Nación.

 

¿Conoce sobre alguna situación que ponga en riesgo a menores de edad? Acceda a teprotejocolombia.org/

 


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