Fotos | LA PATRIA
En medio del júbilo, amigos y familiares recibieron a Yónatan en Neira, tras 10 años encerrado de manera injusta.
A Yónatan Gálvez Marín lo condenó un juzgado de Estados Unidos a pagar 25 años a cadena perpetua por el homicidio de la docente musulmana Nazma Khanam, de 60, en Nueva York (Estados Unidos).
Él se terminó convirtiendo en el chivo expiatorio por lo que los medios de ese país catalogaron como un crimen de odio, pero 10 años después, la verdad salió a la luz y el neirano pudo regresar a su tierra, tras una década de suplicios en una cárcel.
Para él, cuando todos le dieron la espalda en Estados Unidos, con un aparato judicial en contra, aparecieron dos personas que le permitieron demostrar su inocencia: Rafael Agosto, un recluso avezado en las leyes, y la abogada Alice Pullina.
Ellos pudieron demostrar que la sentencia estaba plagada de errores y las autoridades omitieron la prueba de ADN, con la que se demostró que Yónatan no tuvo nada que ver con la muerte de la mujer, quien residía en su mismo barrio. Él habló con LA PATRIA sobre lo que ocurrió.
¿Cómo llega a Estados Unidos?
Emigré en el 2015 de Neira y llegué a Chicago. Ahí trabajaba en construcción, pintura. Llegó el invierno y me quedé sin trabajo, por lo que me moví a Nueva York. Ahí trabajaba en casas de eventos, como mesero. Por mi labor y personalidad, una señora me dijo que si quería trabajar en el restaurante de ella, un restaurante italiano. Acepté el trabajo porque era algo seguro.
¿Luego qué ocurrió?
Estaba trabajando ahí y por cosas de la vida, Dios tiene un propósito con cada uno de nosotros, sabe por qué y para qué hace las cosas, estaba en el lugar y en el momento equivocado. Días después me hicieron una falsa acusación de algo que yo ni sabía que estaba pasando.
¿Qué pasó cuando lo detuvieron? ¿En dónde estaba?
Iba caminando a la estación del tren, cuando atrás de mí se paró un carro sin placa y se bajaron dos hombres con traje. Me preguntaron si sabía lo que pasó y les dije que yo mantenía trabajando, sí vi el movimiento de policía, de tanta gente en la cuadra y me logré dar cuenta de lo que pasaba. Me dijeron que los acompañara a la estación de Policía, porque era sospechoso de lo que me estaban acusando porque aparecía en una cámara caminando.
¿Cómo transcurrió el tiempo en ese sitio?
Empezaron el interrogatorio durante horas, aguanté hambre, sed, con ganas de ir al baño. Me negaban todo. Me obligaban a que yo aceptara algo que no existía, me golpearon, me llenaron de insultos. Uno como migrante no tiene un apoyo, ni una cobija donde uno cubrirse. No sabía qué hacer, pasaron las horas, me esposaron y me indicaron que estaba arrestado.
¿Por qué estaba arrestado?
Por sospecha de un crimen que me estaban acusando, la muerte de una señora. Me dieron una oportunidad de llamar. Llamé a mi mamá, le dije que me estaban acusando y arrestando por algo que no cometí. Le dije que estuviera tranquila porque el que nada debe, nada teme. Yo tengo que salir de aquí o me tienen que soltar. Pasaron las horas, me sacaron de la estación y me procesaron.
¿Ese trato tuvo que ver con que la víctima fuera hija de un policía?
Me di cuenta que era una tía de un uniformado, ntonces ahí até cabos y tal vez por esa razón me golpearon, me insultaron y me dijeron que yo tenía que aceptar algo que yo no había cometido. Ellos solamente necesitaban a una persona para cerrar un caso, y mucho más cuando era un familiar de un uniformado. Dios tiene una razón, un por qué, un para qué, y quizás si estuviera afuera algo me iba a pasar.
¿Cómo comprueban que usted es inocente a los 10 años?
Eso fue un proceso muy largo porque hice una apelación. Cuando me dieron 25 años, al principio fue muy duro, porque yo era inocentemente, pero yo dije que eso me tenía que dar fuerza para continuar. Llegó la pandemia, todo se atrasó, todo se cerró, todo se tomó su tiempo.
Y le llegaron dos ángeles...
Le agradezco primero a Dios que me puso a dos ángeles. Fue la doctora Alice Pullina, mi abogada de apelación, y a mi viejito del corazón, Rafael, un preso que lleva más de 30 años en la prisión y me dijo un día que estaba para ayudarme.
La doctora Alice hizo un excelente trabajo de apelación. Por el señor es que estoy aquí en Neira, gracias a Dios. Él sacó todos los errores de mis papeles legales.
Una maquinaria contra Yónatan
El neirano, quien regresó a Colombia, la semana pasada, contó que en los múltiples cambios de abogados y de jueces que tuvo, uno se le fue en contra y le decía que la mejor opción era que aceptara cargos. Aseguró que por mucho tiempo tuvo que pelear solo, ante la insistencia de sus defensores que solo torpedearon el proceso.
Las frases de Yónatan
- "Ellos (la justicia) dijeron: nosotros no vamos a responder, no vamos a cubrir toda esta ilegalidad que cometimos con él. Entonces lo vamos a entregar a migración y a él lo tienen que deportar automáticamente".
- "Usted poder levantarse, acostarse, ver a sus papás, pedirles las bendiciones, coger un teléfono, llamar a su familia, que a usted lo llamen, darles un abrazo, eso no tiene precio".
- "Ya no tengo amigos, mis amigos se convirtieron en mi familia. Familia también es esta gente que estuvo conmigo todos estos años. Y se merecen que yo les diga familia".

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