El Nevado de Santa Isabel, montaña sagrada para los Quimbaya, pierde sus glaciares por el cambio climático y revela su transformación histórica y natural. En las fotos, los domos Centro, Negro y Sur cubiertos en el 2005 (arriba) y despejados en el 2024 (abajo). 

Fotos | Cortesía | LA PATRIA

El Nevado de Santa Isabel, montaña sagrada para los Quimbaya, pierde sus glaciares por el cambio climático y revela su transformación histórica y natural. En las fotos, los domos Centro, Negro y Sur cubiertos en el 2005 (arriba) y despejados en el 2024 (abajo). 
 

Autor

Milton Ordóñez*
LA PATRIA | Manizales

El volcán Nevado de Santa Isabel (VNSI) se localiza en los límites de los departamentos de Risaralda, Caldas y Tolima, en las coordenadas geográficas 4° 48' Norte y 75° 22' Oeste (elipsoide WGS84). Posee una altitud de 4965 m s. n. m., se ubica a una distancia de 140 km al oeste de Bogotá y 33 km al sureste de Manizales.

El VNSI es considerado un complejo de domos de lava. En la parte alta del edificio principal se emplazan los domos Norte, Centro, Negro y Sur, y al sur de su edificio volcánico, los domos Alsacia Norte, Alsacia Sur, Arenero Norte y Arenero Sur.

El VNSI hace parte de los volcanes del Segmento Volcánico Norte de Colombia y se encuentra localizado dentro del área protegida del Parque Nacional Natural Los Nevados.

 

Poleka Kasué y la cosmovisión Quimbaya

El VNSI era conocido en la época precolombina como “Poleka Kasué“, que en la lengua de los indígenas Kimbaya, hoy denominados Quimbaya, significa "Princesa de las Nieves" o también "Doncella de la Montaña" (Friede, J., 1963).

La cultura Quimbaya fue una civilización precolombina que habitó entre los años 500 a. C. y 1600 d. C. Se establecieron en la región montañosa de los Andes centrales de Colombia, en las regiones del alto y bajo Cauca colombiano, hoy departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío y parte del Valle del Cauca. La cultura Quimbaya se destacó por su habilidad de construcción con guadua, su destreza en la agricultura, el arte orfebre de oro y cerámica, y su fama de ser grandes guerreros, pues protagonizaron una feroz resistencia contra los españoles, con dos rebeliones abiertas en 1542 y 1557.

Los Quimbaya adoraban al Sol y a su esposa la Luna, practicaban rituales religiosos y creían en la vida después de la muerte. La mayoría de los cacicazgos precolombinos adoraban al Sol, por lo cual los españoles, durante la conquista, los denominaban “los Hijos del Sol”. Otros cacicazgos como los Quindúes, Carrapas, Pijaos y Chibchas, asentados en la zona central de Colombia, también rendían culto a Poleka Kasué.

Los Quimbaya consideraban a “Poleka Kasué” como una montaña sagrada que proveía todo en su territorio. Era el sustrato que promovía la vida gracias a las condiciones climáticas especiales, la abundancia de fuentes hídricas y la gran biodiversidad. Poleka Kasué era considerada una deidad que deslumbraba con su belleza paisajística y definió la cosmovisión, los símbolos y las tradiciones de los Quimbaya. Los Quimbaya desaparecieron en 1628 (Timbón, H. y Gnecco, C., 2005).

Fotografías aéreas de los glaciares del VNSI en 1996. Observatorio 1. El Hongo, 2: Farallón, 3: Mozul, 4: Laguna Azul, 5: El Español, 6: El África, 7: La Alsacia, 8: El Boquerón, 9: Cinturón Rocoso, 10: Central, 11: La Conejera, 12: La Cristalina.

 

Nombramiento y visión colonial

Poleka Kasué dejó una huella significativa en el patrimonio cultural precolombino. Los españoles llegaron al territorio en el siglo XVI. Fray Pedro Simón se refiere al VNSI como Nevado de Tataquí, nombre dado por la tribu Tataquí que habitaba el caserío Boquía (cerca al actual Salento), que tenía la misma tradición lingüística de los Quindúes (IGAC, 1995).

Posteriormente, fue bautizado como Nevado de Santa Isabel de Buenaventura (posiblemente en la campaña liderada por el mariscal Jorge Robledo, conquistador de Antioquia en 1540) (Robledo, E., 1995), nombre que fue dado a una montaña con silueta de mujer y para recordar la visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel (Universidad de Navarra, 2016), fiesta que fue introducida en 1263 por el franciscano San Buenaventura e instituida en la Iglesia católica desde 1389 por el papa Urbano VI (Bergamini, A., 1995).

El VNSI cautivó a los españoles e inspiró la conmemoración del milagro de la visitación (San Lucas 1, 26-57).

 

Representaciones históricas del Nevado

La primera ilustración del VNSI fue realizada por el dibujante de la Comisión Corográfica Henry Price en 1852 (Museo Nacional de Colombia), quien plasmó la cotidianidad de los llanos de Mariquita en una acuarela donde se observaban los nevados del Tolima, Santa Isabel de Buenaventura, Ruiz y Mesa de Herveo, cubiertos por grandes y blancos glaciares que se levantaban sobre la cordillera Central de Colombia.

Hacia 1853, el también dibujante de la Comisión Corográfica Manuel María Paz pintó una acuarela (Museo Nacional de Colombia) donde plasmó la cotidianidad del barrio San Victorino de Bogotá, puerta de entrada desde Honda, el puerto sobre el río Magdalena que comunicaba a la capital con el Caribe y el mundo. Al fondo se aprecian los nevados, incluido también el Nevado del Quindío.

 

Inicio de la documentación fotográfica

A principios del siglo XX, unos pocos privilegiados introducen la fotografía en Colombia y con ello aparecen las primeras imágenes del VNSI, cuyo nombre fue simplificado por el desuso de la palabra “Buenaventura”. Hoy en día, pocos conocen que el nombre del VNSI estuvo asociado al milagro de la visitación, pero sí reconocen su majestuoso glaciar, que pronto desaparecerá.

 

Desaparición de los glaciares en Colombia

A mediados del siglo XX empezaron a desaparecer los nevados en Colombia, como el Nevado de Puracé, ubicado cerca de Popayán, ahora volcán Puracé, que le hace honor a su nombre, que en lengua quechua significa “Montaña de Fuego”. Le siguió “El gigante de las montañas del sur”: el Nevado de Cumbal, que en lengua quechua significa “Tronera”.

Con la pérdida de los glaciares del Cumbal también desaparecieron los “hieleros”, quienes extraían bloques de hielo para elaborar los helados de paila.

A esta lista también se sumó el Nevado del Quindío, el “Nevado de los colibríes”.

También desaparecieron los glaciares de los nevados de Chiles, Galeras, Sotará, Pan de Azúcar y Cisne.

 

Fotografía aérea desde el Norte del VNSI en 1986. 

 

Monitoreo científico y estudios glaciológicos

En 1986, el entonces Ingeominas (hoy Servicio Geológico Colombiano - SGC) empezó el monitoreo del VNSI. En 1987 se inició el monitoreo permanente y el seguimiento de sus glaciares

El grupo de glaciología estaba integrado por el geógrafo Luis Fernando Guarnizo, el  topógrafo Jaír Ramírez Cadena y el geodesta Héctor Mora Páez, cofundadores del entonces Observatorio Vulcanológico de Colombia (hoy Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, del SGC).

En los años posteriores elaboraron el primer mapa de los glaciares del VNSI, asignaron nomenclatura, estimaron áreas, definieron las zonas de acumulación glaciar, establecieron la línea de equilibrio glaciar (que se mantuvo sin pérdida significativa por varios años) y monitorearon las zonas de ablación y de reducción de área.

Mapa analógico original elaborado desde 1987 hasta 1996 por Luis Fernando Guarnizo, Jaír Ramírez Cadena y Héctor Mora Páez, del Observatorio Vulcanológico de Colombia. Mapa SIG versión 2024 adaptada por Milton Ordóñez.

 

Retroceso glaciar y cambio climático

Con el paso de los años, se empezaron a notar los efectos de la variabilidad del clima sobre los glaciares del VNSI.

A principios de la década de 1990 se agudizaron las zonas de ablación glaciar, haciéndose más evidente el cambio del color de los glaciares y la reducción significativa de nieve y hielo.

A mediados de la década de los 2000, los glaciares de los domos Norte, Centro, Negro y Sur se habían reducido significativamente. Sin embargo, aún se mantenían unidos. La siguiente década fue el comienzo del fin, ya que los glaciares se rompieron.

Para el 2012, los glaciares del domo Negro prácticamente habían desaparecido.

En 2019, solamente parte del glaciar Central (denominado La Conejera por el Ideam) se conservaba, aunque muy afectado, y su fin llegó entre marzo y abril de 2024, afectación similar para el glaciar del domo Sur, aunque aún se conservan unos pequeños relictos.

Fotografía aérea desde el Noreste del VNSI en 1995.

 

El presente del Nevado: una montaña en transformación

Actualmente, la mayoría de los glaciares del domo Norte han desaparecido y solo permanecen como relictos moribundos: las partes altas de los glaciares Mozul, La  Cristalina, El Hongo y Farallón (denominados en conjunto El Hongo por el Ideam) con  pequeños espesores, lo que pronostica su pronta desaparición.

Hoy la altitud del domo Norte es de 4950 m s.n.m., evidenciando 15 metros de pérdida de espesor en 40 años.  

Después de ver al VNSI como una doncella rebelde e imponente, ahora la vemos moribunda y sus glaciares, símbolo de su blancura, apenas poseen una pequeña área (Ceballos Liévano, J. L., et al, 2024).

Fotografía aérea desde el Noreste del VNSI en 2020.

Fotografía aérea desde el Noreste del VNSI en 2020. 

 

Nuevos descubrimientos y un futuro sin nieves

Sin embargo, el retroceso glaciar ha permitido hacer nuevos descubrimientos.

Con el  retroceso glaciar, en el futuro se podrá actualizar en detalle la geología del VNSI y  con ello mejorar el conocimiento de su actividad eruptiva pasada, ya que con la  desaparición de los glaciares, han aflorado en toda su magnitud los depósitos de los  flujos de lava, los flujos piroclásticos y particularmente, sus espectaculares domos de  lava, especialmente el domo de lava Central que emerge poderosamente empinado como una gigantesca plataforma elevada a manera de púlpito “con antepecho y tornavoz”, donde subir o escalar seguramente será el reto de los andinistas colombianos que quieran estar más cerca de las estrellas y quizás encontrarse con lo supremo. Presento así “El Pulpito de Dios”.  

Los Quimbaya también denominaron a “Poleka Kasué“ como la "Doncella de la Montaña" como si hubieran vaticinado su futuro: la montaña que perdería su blancura, pero que seguirá siendo una montaña sagrada.

Con el paso de los años, nuestra cosmovisión será diferente al igual que la de los hijos de nuestros hijos, que tendrán como referencia un volcán que se llamará el Paramillo de Santa Isabel, uno más de los volcanes levantados sobre los valles andinos habitados por frailejones, lagunas encantadas y quindes o colibríes.

A la lista de los nevados desaparecidos, pronto se unirán el volcán Nevado del Tolima, también conocido como Dulima o Río de las Nieves, que a pesar de estar custodiado  por la Diosa Ibanasca, líder y chamán del cañón del río Combeima (Maldonado, B.,  1551), quien no podrá detener el retroceso glaciar con el mismo ímpetu que defendió heroicamente su territorio, las tradiciones ancestrales, la cultura y la cosmología de  su pueblo pijao.

Y quizás, el último volcán nevado en extinguirse del Segmento Volcánico Norte de Colombia será el Volcán Nevado del Ruiz, también conocido como Kumanday, Blanco Hermoso con su Nariz Humeante, que no será recordado como el señor del fuego y el agua, sino como un paramillo y su tristemente célebre desastre de Armero, Chinchiná y Villamaría, asociado a la erupción del 13 de noviembre de 1985, cuando fallecieron 25 mil compatriotas. 

Estamos presenciando la desaparición de los glaciares porque todo tiene un ciclo y debemos adaptarnos a los cambios que produce la variabilidad climática.

En el futuro una erupción poderosa podrá generar una microglaciación que dé vida nuevamente a los glaciares, y si no, tendrán que pasar miles de años para que el clima nuevamente cambie y los glaciares vuelvan a renacer, pero esa será otra historia que nosotros no veremos.

Fotografía aérea del VNSI vista desde el Oeste del domo Norte con el glaciar El Hongo y a la derecha el domo Central y el relicto del glaciar Central en el 2018 (denominado La Conejera por el Ideam).

Fotografía aérea del VNSI vista desde el Oeste del domo Norte con el glaciar El Hongo y a la derecha el domo Central y el relicto del glaciar Central en el 2018 (denominado La Conejera por el Ideam).

 

*Geólogo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, Servicio Geológico Colombiano.

 


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