Leopoldo Múnera presentó carta de renuncia en la que dice que declina para concluir el periodo en la rectoria y a la vez como profesor

Foto I Archivo I LA PATRIA 

Leopoldo Múnera presentó carta de renuncia en la que dice que declina para concluir el periodo en la rectoria y a la vez dejará de ser profesor de la Unal. Diego Torrres, exrepresentante profesonal, dice que Múnera no debió renunciar como rector, pues considera que no lo es y nunca lo ha sido. 

Leopóldo Múnera protagonizó en los dos recientes años de la Universidad Nacional de Colombia un capítulo caracterizado por polémicas, divisiones, paro, demanda, fallos, incertidumbre y demás. Todo en la disputa por la Rectoría 2024-2027, acontecimiento que sigue sin cerrar.

Se debe recordar que en marzo del 2024, el Consejo Superior Universitario (CSU) nombró a Ismael Peña como el rector. La decisión la rechazó comunidad, sobre todo estudinatil, por considerar que el elegido debía ser Múnera, ante los resultados en la consulta interestamental.

En junio, el CSU, con nuevos miembros, cambió la determinación y escogió a Múnera para el cargo. Ambas partes demandaron ante el Consejo de Estado, el cual emitió dos fallos en el segundo semestre del 2025. En uno dijo que era legal el nombramiento de Peña y en otro que no lo era el de Múnera.

Sin embargo, el CSU, amparado en que el alto tribunal no dijo en la sentencia, a favor de Peña que eso implicaba su regreso al cargo, designó a Andrés Felipe Mora, como el rector encargado. Y ahí va la cosa.

En medio de lo que pueda pasar, quizá nuevas demandas, Leopoldo Múnera presentó este lunes 2 de febrero del 2026 una carta de renuncia a la Rectoria y a la vez como profesor de la U. Nacional.

“Convencido de que el proyecto de universidad que hemos impulsado no depende de una persona y que representa los deseos de transformación de un sector importante de la universidad, considero que otros (as) docentes deben tomar el relevo académico y animar las reformas que necesita la UNAL”.

Añade que por consiguiente, para no contribuir a la distorsión intencional de un debate académico y político que atañe a la comunidad universitaria y al conjunto de la sociedad colombiana, declino la pretensión de culminar el período institucional en la rectoría.

Múnera agrega: “ De igual manera, con el propósito de cerrar un ciclo fundamental de mi vida laboral y académica, y empezar otro, vinculado al retiro voluntario, que me permitirá hacer aportes desde una nueva situación institucional, renuncio a mi cargo de profesor, con la satisfacción perenne de seguir siendo parte de la Universidad Nacional de Colombia”. (Lea más abajo la carta completa de renunica de Múnera).

 

Reacción del profesor Diego Torres

El exrepresentante de los profesores ante el CSU Diego Torres, férreo crítico de Múnera en este proceso, indica: “Múnera sale muy mal, en su momento se declaró en desobediencia y dañó un proyecto muy interesante en su afán por tener el poder”.

Adiciona Torres que llama la atención que en la carta Múnera rinde un informe de gestión que nunca tuvo. Y que declina ser o termiar como si fuera rector, lo cual confunde. Es muy triste el mismo bajo perfil técnico-legal al despedirse como si alguna vez hubiese sido o como si fuera rector. Insisto, de acuerdo con el Consejo de Estado él nunca fue rector”.

 

Carta completa de la renuncia de Múnera

“Durante más de cuarenta años he tenido el honor y la ventura de ser profesor de la Universidad Nacional de Colombia, en la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales.

En este tiempo fui tejiendo relaciones estrechas con los integrantes de la comunidad universitaria, pertenecientes a los diferentes estamentos. Así sucedió, gracias a los cursos realizados con cientos de estudiantes en pregrado y posgrado; a la creación, participación y dirección del Grupo de Teoría Política Contemporánea (Teopoco), en un período de diez y seis años; a la orientación de decenas de monografías y tesis de maestría y doctorado; y a las actividades de interrelación con sectores y organizaciones populares, en virtud del trabajo realizado en el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) y en Planeta Paz.

De igual manera, las funciones administrativas que ejercí como decano, vicerrector de la sede Bogotá y rector, así como la integración activa almovimiento universitario colombiano y la intervención en los debatessobre la vida nacional, relacionados con la educación superior, el significado de lo público, la construcción de la paz o los derechos humanos me permitieron enriquecer la vida académica mediante el análisis de sus dimensiones políticas, sociales o burocráticas, que con frecuencia son negadas, ocultadas o minimizadas.

En la UNAL comprendí la riqueza del conocimiento académico y la importancia de la diversidad de saberes y sensibilidades artísticas, científicas, profesionales, técnicas y tecnológicas que se cruzan en sus campus. También de los encarnados por estudiantes y profesores que vienen de la mayor parte de las regiones del país o por los sectores populares y las comunidades étnicas y raizales que contribuyen a definir el acervo de la sociedad colombiana.

Con frecuencia, quienes, animados por el espíritu empresarial privado, buscan la autofinanciación de las instituciones de educación superioro de algunos campos del conocimiento que son considerados como “poco rentables”, olvidan que para determinar el sentido de los proyectos culturales nacionales o territoriales y materializarlo, la sociedad en su conjunto, por medio del Estado, debe garantizar el buen funcionamiento de las universidades públicas, sin asimilarlas a empresas autosostenibles y destinando para ello los recursos necesarios.

La vida cotidiana de cada una de nuestras sedes nos invita a recordar que la igualdad social, entendida como el reconocimiento de las diferencias no jerarquizadas, requiere del acceso universal al bien común del conocimiento, sin ninguna discriminación, y que Colombia está lejos de lograr esa meta colectiva. En contraste, la naturaleza pública de la Universidad Nacional de Colombia que ha sido uno de sus rasgos distintivos se ve amenazada cuando en sus actividades empieza a imponerse la competencia por la apropiación individual de los recursos institucionales.

La experiencia reciente del movimiento estudiantil colombiano nos enseña que si se pretende conservar el carácter público de las instituciones de educación superior no podemos sacrificar su pertinencia, compuesta por diferentes dimensiones: académica, referida a la estructuración histórica y conflictiva de los campos de conocimiento y limitada con frecuencia por el concepto de “calidad”; política, relacionada con nuestra vida en común dentro de un sistema de relaciones de poder; y social y cultural, referente a la relación social con la naturaleza y el mundo artificial. La ampliación de la cobertura sin garantizar un proceso pedagógico integral puede conducirnos a la privatización de la educación superior y de su pertinencia, al permitir que quede convertida en el privilegio de quienes pueden costearla con sus propios recursos en universidades o institutos privados.

La necesaria relación de las comunidades universitarias con la sociedad, que les impide encerrarse sobre sí mismas, no implica que en la función de extensión predomine la privatización de los excedentes económicos para el beneficio particular de algunos de sus integrantes. La oposición entre el usufructo colectivo del bien comú que representa la universidad pública y el goce individual de las ganancias producidas por la rentabilidad mercantil de sus actividades constituye una de las principales tensiones entre los proyectos de universidad que han estado en juego en los últimos años en lasinstituciones de educación superior pública.

La historia de la Universidad Nacional de Colombia nos indica que no se debe a sí misma sino a la sociedad colombiana y que en función de ella debe generar su conocimiento. Con el pasar del tiempo diera la impresión de que el interrogante sobre la relevancia de la docencia, la investigación y la extensión para el país y sus territorios se ha ido desdibujando y fragmentando en proyectos particulares. Es imperativo el regreso a las preguntas fundamentales sobre el resultado de las reformas académicas que hemos implementado en los últimos lustros, la orientación de las convocatorias de investigación o el sentido de los proyectos de extensión.

El proyecto de universidad que hemos impulsado se basa en la pretensión de lograr el acceso universal al conocimiento, sin ningún tipo de discriminación, social, política o cultural, que se fundamente en la garantía ofrecida por la sociedad en su conjunto de f inanciar la educación superior pública. Con tal objetivo hemos buscado convertir el bienestar de la comunidad universitaria en un elemento esencial d la vida académica y permitir el desarrollo equitativo de todos los campos de conocimiento y de sus relaciones inter y transdisciplinarias. 

El reconocimiento y el respeto por la diversidad social y cultural ha sido un elemento transversal de las políticas que hemos formulado, al tiempo que, en medio de los conflictos y dificultades, se han ampliado los espacios de participación.

La democratización de la universidad ha empezado, no sin tropiezos, con el proceso constituyente y las prácticas cotidianas de la mayoría de las sedes, incluido el fortalecimiento y la ampliación de la infraestructura física y digital, de acuerdo con los requerimientos de la comunidad universitaria.

El plan global de desarrollo fue estructurado alrededor de una redistribución regulada de los recursos que permita pensar la nación colombiana desde los territorios y los territorios desde una nación plural y diversa. En tal sentido hemos diversificado las trayectorias académicas para responder a las necesidades locales y regionales con el fortalecimiento de programas como el PEAMA (Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica) o el PAET (Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica), la creación del PTIUN (Programa de Admisión Especial para el Tránsito Inmediato a la Universidad Nacional de Colombia) y la reestructuración de los proyectos académicos de las sedes de frontera integrando las funciones misionales. Este último objetivo ha guiado los planes de trabajo de las vicerrectorías académica y de investigación y extensión.

Hemos estructurado un proceso participativo para el debate sobre las reformas de la extensión y los posgrados que está en una etapa de socialización de los borradores, elaborados por las comisiones respectivas, los cuales evidencian la heterogeneidad de sentidos académicos que animan a la comunidad universitaria y la debilidad de una reflexión colectiva y crítica sobre el gobierno del conocimiento en la universidad pública colombiana.

Tenemos nuevos desafíos que nos obligan a enfrentarlos colectivamente y a meditar sobre ellos con un pensamiento crítico renovado. Las diferentes formas de la inteligencia artificial exigen una reflexión pedagógica urgente, pues están cambiando la relacin con el conocimiento y reestructurando los saberes académicos.

La crisis climática y ambiental y las mutaciones geopolíticas están trastocando nuestras referencias naturales y culturales y creando un nuevo orden o caos mundial. La transición energética exige desarrollo tecnológicos glocales y transdisciplinarios.

Sin embargo, los debates y las decisiones sobre muchos de estos puntos, o sobre otros relativos a los cambios internos en los diferentes campos del conocimiento, están atrapados en un largo conflicto que ha sido personalizado y desvirtuado, aun a costa del buen nombre de la universidad y de los integrantes del CSU, para evitar el reconocimiento de la autonomía en cabeza de la comunidad universitaria y el desarrollo de un proceso que pretende democratizar el gobierno institucional y la vida académica, con la finalidad de asumir, en forma colectiva y plural, los retos que enfrentamos en una sociedad asediada por diferentes tipos de violencia.

Convencido de que el proyecto de universidad que hemos impulsadono depende de una persona y que representa los deseos de transformación de un sector importante de la universidad, considero que otros(as) docentes deben tomar el relevo académico y animar las reformas que necesita la UNAL. Por consiguiente, para no contribuir a la distorsión intencional de un debate académico y político que atañ a la comunidad universitaria y al conjunto de la sociedad colombiana, declino la pretensión de culminar el período institucional en la rectoría. De igual manera, con el propósito de cerrar un ciclo fundamental de mi vida laboral y académica, y empezar otro, vinculado al retiro voluntario, que me permitirá hacer aportes desde una nueva situación institucional, renuncio a mi cargo de profesor, con la satisfacción perenne de seguir siendo parte de la Universidad Nacional de Colombia.

Reitero el agradecimiento a las y los integrantes de la comunidad universitaria que promovieron y apoyaron, con razón y sentido críticos,la propuesta de transformación de la institución y la vida académica elaborada de forma colectiva; en especial, a quienes participaron en Bien Común y en diferentes espacios y mesas de trabajo, como estudiantes, profesores, trabajadoras (es), egresados (as) y pensionadas (os), con el objetivo de fortalecer los lazos comunitarios y la pertinencia de la Universidad Nacional de Colombia para el país. El desarrollo de este proceso, que, por fortuna continua, no hubiera sido posible sin la labor permanente y dedicada de las personas que desde la administración o la dirección universitaria hicieron sus aportes valiosos en el nivel nacional y en cada una de las sedes y facultades; así como de quienes participaron en el Consejo Superior Universitario,anteponiendo el interés general de la universidad sobre sus causas particulares. Mi reconocimiento a su compromiso con la UNAL

Leopoldo Múnera Ruiz

2 de febrero de 2026

Convencidosde que el proyecto de universidad que hemos impulsado no depende deuna persona y que representa los deseos de transformación de unsector importante de la Universidad, considero que otros (as) docentes deben tomar el relevo académico y animar las reformas quenecesita la Unal. Porconsiguiente, para no contribuir a la distorsión intencional de undebate académico y político que atañe a la comunidaduniversitaria y al conjunto de la sociedad colombiana, declinó lapretensión de culminar el periodo institucional en la Rectoría. Deigual manera, con el propósito de cerrar un ciclo fundamental demi vida laboral y académica, empezar, otro, vinculado al retirovoluntario, que me permitirá hacer aportes desde una nueva situacióninstitucional, renuncio a mi cargo de profesor, con la satisfacciónperenne de seguir siendo parte de la Universidad Nacional deColombia”. 

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