Foto | LA PATRIA
La antigua galería de Montenegro, demolida desde 2023 para su renovación, permanece hoy convertida en un lote sin edificación mientras comerciantes continúan trabajando en módulos provisionales.
La galería de Montenegro fue más que una plaza de mercado durante decenas de años. Esta gran estructura reunía a cientos de montenegrinos y turistas, que a diario recorrían sus negocios y probaban su comida típica.
Desde que fue fundada en 1933, fue el epicentro de la venta de alimentos típicos, café y productos de la agricultura, y movió la actividad comercial que antes tenía lugar en la Plaza de Bolívar.
Allí se desarrollaban gran parte de las actividades económicas locales y, además, la vida diaria del municipio.
Hoy la situación es diferente. Lo que antes eran puestos, compradores y el aroma de la cocina tradicional ahora son solo bases de concreto y un terreno sin edificar.
En el 2022 se comunicó la rehabilitación del lugar para transformarlo en un sitio de turismo, gastronomía y artesanía. Donde se buscaría renovar los cimientos de la antigua Galería y a la vez, darle otro enfoque al lugar

La compañía Proyecta, especializada en el desarrollo territorial, elaboró los diseños, apoyados por la Administración municipal, que en aquel entonces dirigía el alcalde Daniel Mauricio Restrepo. La inversión, cercana a los $2.000 millones, provenía de la Gobernación del Quindío, Fontur (Fondo Nacional de Turismo) y la Alcaldía.
A los vendedores los trasladaron en el 2023 a módulos temporales para comenzar la obra. Esto sería por un periodo limitado.
“Nos dijeron que solo iba a ser por ocho meses, pero ahora el 10 de abril cumplimos cinco años aquí”, cuenta Luz Mary Gonzales, cocinera en un restaurante, mientras trabaja en el lugar improvisado.
La demolición de la galería se llevó a cabo y se inició la cimentación. No obstante, la obra se fue demorando hasta que se detuvo. A lo largo del tiempo, el lugar nunca se reabrió y el proyecto no progresó.
El efecto no fue solamente urbano, también social y económico. De acuerdo con Gonzales, el mercado tenía alrededor de 100 comerciantes: “Muchos perdieron sus empleos, otros han muerto a causa de la preocupación y el estrés. Desde que llegamos aquí, trabajamos en condiciones difíciles, pero uno intenta sobrevivir”.
El flujo de visitantes también cambió. La galería era un lugar turístico de gastronomía, sobre todo, por sus platillos autóctonos.
"Nosotros subsistíamos de eso, del turismo", aclara Jorge Eliécer Carranza, dueño de una revueltería. “En este momento no queda galería, solo restos”.
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