La manizaleña Carmenza Gálviz González, coordinadora médica en Colombia de Médicos Sin Fronteras (MSF). También ha prestado asistencia en Sudán.

Fotos | Cortesía Médicos Sin Fronteras | LA PATRIA

La manizaleña Carmenza Gálviz González, coordinadora médica en Colombia de Médicos Sin Fronteras (MSF). También ha prestado asistencia en Sudán.

LA PATRIA | Manizales

Bangladés 2010

Lugar: Campo de refugiados para desplazados de la guerra.

La médica manizaleña Carmenza Gálviz González forma parte de otra misión de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF). Esta vez tiene ante sus ojos el terror que arrastran los rohingyas. Ellos son un pueblo sin Estado y sin amigos en Myanmar (Birmania), entre India, China, Laos, Tailandia y Bangladés. Miles huyen hacia la frontera bangladesa. Cargan con el éxodo al salir despavoridos de su tierra, en el estado de Rakáin (Birmania), por salvar la vida. También los persigue la leishmaniasis. Allí MSF está desde 1985.

Perfil

Carmenza nació en La Enea, barrio de Manizales. Estudió la primaria en la entonces escuela Aeropuerto y el bachillerato en el colegio San Pío X. Se graduó en Medicina en la Universidad de Caldas. “Escogí esta carrera, luego de la muerte de mi madre que sufrió una larga enfermedad. Pasé mucho tiempo con ella en un hospital, donde vi de cerca lo que es servir a las personas”. En el 2006 se unió a MSF.

Comentario

“En Bangladés desarrollamos salud primaria, vacunación, cuidado a pacientes con leishmaniasis, salud mental y reproductiva, pero principalmente la respuesta a la migración y búsqueda de refugio para los rohingyas, que no son reconocidos como ciudadanos de Myanmar. Es una población muy vulnerable, expuesta a violencia continua, con brotes fuertes en 2002, 2014, 2017. Viven sin pertenecer a nadie, sin derecho a una cédula de ciudadanía y con pobres servicios. Son 860 mil personas. Cuando estuve allá oscilaban entre 200 mil y 400 mil. Queda tristeza y preocupación de ver tanta gente forzada a irse de donde están arraigados, donde tienen a sus hijos y su tierra. Cada año niños, mujeres, adultos mayores quedan en vulnerabilidad. Con el tiempo terminan en redes de explotación, mueren prematuramente por cosas que se podían prevenir. MSF se ha comprometido en ser un poco la voz y los ojos de esas personas y denunciar ante el mundo. Infortunadamente con pocos resultados y en algunos momentos incluso con repercusiones sobre operaciones de la organización. En el 2014 en Myanmar tuvimos que suspender un tiempo, porque servíamos a esta población”.

Pakistán 2020

Lugar: Baluchistán, campo de conflicto armado entre grupos nacionalistas del pueblo baluchi y el gobierno pakistaní.

En ese año Carmenza, la médica caldense, llegó a un sitio donde el acceso a la salud es escaso ante el aislamiento rural. Las cosas en el 2020 para Pakistán y el resto del mundo no fueron fáciles frente a la pandemia por la covid-19. El desafío se multiplicó, más en países de bajos recursos y asfixiados por guerras.

Perfil

La vida de Carmenza ha trascurrido en el servicio de salud. Recuerda su paso con el año rural en Belalcázar; por el Hospital San Marcos, de Chinchiná; los puestos de Assbasalud y la Clínica Manizales, en Manizales, y su labor en la EPS Saludcoop. “Siempre he querido ayudar a la gente de una manera diferente, ir a donde no van otros. Por eso, me uní a MSF”.

Comentario

“En Pakistán estamos desde 1986. Estuvimos en una zona aislada, con poco acceso a salud. Nos enfocamos en salud reproductiva, en tres hospitales, donde atendíamos a niños de cinco años y mujeres embarazadas. Eran unos mil partos al mes, que de otra manera hubiesen sido inseguros. Nadie en el mundo estaba preparado para la pandemia. Fue un pco frustrante porque cerraron fronteras, suministros, no pudimos responder de la manera que hubiéramos querido, no había disponibilidad de recursos. Con esta población tan vulnerable, nos enfocamos en mantener saludable a nuestros colaboradores para que trabajaran con seguridad y garantizar servicios de emergencia, fundamentales en estos hospitales donde regularmente llegaban heridos, básicamente de la frontera con Afganistán. Había partos todos los días, las mujeres no iban a dejar de llegar. Nos centramos en servicios seguros, que tuvieran a sus bebés sin riesgo y que no fueran a salir con covid del hospital. Fue una época bastante retadora por estar lejos de la casa y no poder estar cuidando a la familia. Al mismo tiempo fue muy gratificante, al final de la misión no murió ningún colega, no tuvimos pacientes que se enfermaran en nuestros hospitales".

Yemen 2021

Lugares: Norte y sur, dos regiones dividas por un país en guerra.

El conflicto lo protagonizan dos partes enfrentadas y radicalizadas por el poder, tras el golpe de estado del 2014 contra el presidente Al-Hadi.

Carmenza y sus colegas de Médicos Sin Fronteras ofrecen su mano en una nación arrasada por la violencia y la pobreza, donde la gente no tiene con que pagar salud, necesidades básicas y alimentación. Además, de la afectación al agua potable y el saneamiento básico.

Perfil

La familia de Carmenza la integran su papá y un hermano. Como se dijo más atrás, su madre ya falleció. En la U. de Caldas encontró el amor de su vida, Andrés Mauricio Mejía, nacido en Villamaría. Comparten sueños, al punto que él también está en MSF y suelen ir juntos a misiones. La labor de Andrés, quien se graduó en Electrónica, es en logística, lo que es electricidad, administración, vehículos, entre otras, claves para el desempeño de los médicos. “Nos gusta lo que hacemos, que es servir en circunstancias difíciles”.

Comentario

"Estuve en Yemen luego de Pakistán. Allí tenemos actividades desde 1986. En los últimos años se incrementaron por el conflicto armado, que ha tenido consecuencias devastadoras con una economía débil e inflación alta. Durante cinco meses apoyé en el norte y en el sur, ambas con un sistema administrativo diferente, lo que complica las relaciones y el trabajo con los ministerios de salud para llegar a los más vulnerables. En la misión era atención, sobre todo, en salud reproductiva en un hospital de maternidad, apoyando urgencias en el lado sur. La disminución de las confrontaciones diarias permite opciones y empezamos a proveer atención móvil a desplazados del conflicto y a migrantes que llegan de la Península Arábiga y de Etiopía, Eritrea, Yibuti. Pasan por Yemen para llegar a Arabia Saudita y acceder a trabajo y mejores condiciones de vida. Llegan con necesidades en salud mental, con historias de abuso y de explotación en la ruta que transitan".

Venezuela 2017

Lugar: Campos de influencia minera infestados de malaria, en el estado Bolívar.

Allí la minería ocasiona daños ambientales. Mucha agua de la que se utiliza queda estancada y con el clima y la diversidad proliferan zancudos que transmiten la malaria.

Esta vez Carmenza estuvo en Venezuela, donde le llamaron la atención las consecuencias de la enfermedad. También la sorprendió el cambio de un país del cual escuchó muchas veces que era de los más desarrollados de Latinoamérica y que ahora tiene deficiencias en salud.

Perfil

Un alto para preguntarle a Carmenza:

  • ¿Cómo ingresó a Médicos Sin Fronteras?

Me vinculé en el 2006. No había reclutamiento en Suramérica para colombianos. Era por Nueva York o por Europa. Apliqué con la oficina en Suiza. Ese año me enviaron al desierto del Sahara. Me encantó. Estoy en misión 9 de 12 meses, vuelvo a casa, paso un tiempo con la familia y salgo de nuevo.

  • ¿Algo especial de esa primera misión?

Sí, un nómada que llevaba años con tuberculosis y llegó en su camello. Ya casi no tenía nada, había gastado mucho en tratamientos. Le hicimos el diagnóstico en un hospital en medio de la nada. Lo tuvimos hospitalizado seis meses. Se fue superando, ganó peso. Le salvamos la vida. Al final, me quería regalar un camello. Le expliqué que todo era gratis y me decía que le recibiera pues una cabra (risas). Quedé muy feliz porque volvió a ser un hombre productivo para su familia y su comunidad”.

Comentario

Volvamos con Carmenza a Venezuela 2017:

“Estuve allí dos años y medio luego de ir a Etiopía. Fue difícil ver a un país que hasta hace tan poco era de los más desarrollados y que hoy tiene hospitales con falta de personal y de suministros. Los servicios básicos fallan, no se puede garantizar agua potable, donde hay tantas necesidades de salud. MSF está en Venezuela desde el 2015. Hicimos actividades sobre todo orientadas a adolescentes en salud reproductiva, un vacío en salud. Y en malaria, principalmente en el estado Bolívar, donde la minería ocasiona un daño ambiental y proliferan zancudos. Trabajamos con el programa de malaria del país y de la región para brindar atención médica, diagnosticar y prevenir. Esa zona en el 2017 ponía la mitad de casos de malaria en Latinoamérica. Contribuimos al tratamiento de cerca de 200 mil a 240 mil pacientes por año”.

Colombia 2022-2023

Lugares: zonas vulnerables del Medio y Alto Baudó (Chocó) y Triángulo del Telembí (Nariño). Paso de inmigrantes por el tapón del Darién, en el límite con Panamá.

En su país se ha encontrado con los rostros de quienes viven alejados de la ciudad y de las oportunidades, pero que habitan cerca de la pobreza y del conflicto armado. También se ha topado con las almas angustiadas que dejan sus naciones en busca del sueño americano en travesías de sudor, abuso y hasta muerte.

Perfil

Carmenza en frases, antes de continuar su camino por las selvas de Colombia y de Panamá:

  • "La esperanza en las personas es la que lo mantiene a uno. Son grupos pequeños los que hacen hacen daño, que generan estrés, que dañan las relaciones. La mayoría de gente es buena, solidaria, quieren que la comunidad esté bien".
  • "Lo importante es brindar dignidad, tratarlos con respecto, favorecer, tratar de ayudar. Reconocer que tienen herramientas para solucionar, respetar su resiliencia, tratarlos como seres que pueden tomar decisiones con autonomía ".

Comentario

“Desde hace tres meses me uní a la misión de Médicos Sin Fronteras en Colombia como coordinadora médica. Ha sido una labor muy enriquecedora con comunidades a las que no había tenido acceso. A veces los que estamos sentados en Manizales no nos damos cuenta de lo que pasa en el resto. La primera vez que Médicos llegó al país fue en 1985 con la erupción del Volcán-Nevado del Ruiz. Desde esa época, por las condiciones de desastre a las que somos propensos y del conflicto armado, la organización se quedó. Se trabaja en salud reproductiva, mental, violencia sexual, accesos a salud en comunidades alejadas a través de clínicas móviles. Recientemente con inmigrantes en la frontera colombo-venezolana. Tenemos un programa en Panamá, que depende de la misión de Colombia en la zona del Darién, donde atendemos migrantes que cruzan a diario esa frontera. Llegan en condiciones vulnerables y necesitan atención médica inmediata, salud mental, trabajo social. Hacemos conexiones con otras organizaciones que puedan apoyar a la gente en aspectos que se salen de lo médico. En Chocó tenemos un programa descentralizado de salud con comunidades emberá y afro del Medio y Alto Baudó, con la base en Istmina, donde hay limitaciones de movilidad por distancias y conflicto armado. En Nariño estamos terminando formación con agentes comunitarios en zonas del triángulo del Telembí y evaluando qué otras actividades podemos realizar. Es gratificante volver al país y contribuir en regiones con poco acceso”.

Adelante

Las misiones para Carmenza y su esposo siguen, en conflictos armados, brotes de enfermedades, desastres naturales. Ella estará otro tiempo en Colombia, y él, en Iraq. "Estoy en en Médicos Sin Fronteras por sus principios humanitarios, que son acordes con mis valores y siento que como médica que los debo ofrecer a las personas".