Mujer de Brasil
Señor director:
En el umbral de las palabras, donde la gratitud se vuelve plegaria, quiero expresar mi más profundo agradecimiento al periódico La Patria y al señor Fernando Ramírez por abrir las puertas de su corazón a mi poesía. Que la magia de la palabra nos una en este viaje de belleza y creación.
En el trópico de tu piel morena,
donde el sol besa con fuego y pasión,
me pierdo en la selva de tus ojos,
y encuentro el ritmo de la samba en tu corazón.
Tu risa es un río que fluye sin fin,
un canto de alegría que me hace vivir,
tu cuerpo es un tambor que late con furia,
un llamado a la pasión que me hace rendir.
Eres la flor de la caña de azúcar,
dulce y suave como el rocío de la mañana,
eres la luna llena que brilla en la noche,
iluminando el camino de mi corazón.
Quiero perderme en la selva de tu cabello,
donde el aroma de las flores me embriaga,
quiero sentir el calor de tu piel,
y escuchar el latido de tu corazón.
Eres la mujer de Brasil,
la que me hace soñar con el trópico y la pasión,
la que me hace sentir vivo,
y me hace creer en el amor.
Jorge Hernán Hoyos Hoyos
El desvanecimiento del poder
Señor director:
El líder político habita un espejismo. Se cree mirado por millones y se siente a salvo en una masa que imagina como un cuerpo protector. Pero la multitud, bajo el lente de la historia, suele revelar su naturaleza espectral: Es apenas una construcción discursiva, una marea de gente inexistente alimentada por el simulacro de los likes y la propaganda pagada. Es una multitud de espectadores, no de actores; no es aquella que eligió a Barrabás. Cuando llega el momento de la verdad, el simulacro se desvanece y el palacio queda vacío.
No se puede ocultar que lo sabía: trajo, para cuidar su sueño, soldados de otro país, pues no confiaba en los suyos. Pienso en la figura que describe Adriano: Ese esclavo que duerme atravesado en la puerta de su habitación. Una fidelidad comprada que no protege, solo subraya el desamparo.
Aquel que ayer vociferaba, protegido por el eco de sus propios gritos, es extraído de su guarida sin que nadie lo impida. La masa que suponía saldría a defenderlo sencillamente no aparece. O peor aún -como ocurrió con el sátrapa de Rumania- la multitud convocada para el trámite del aplauso, de pronto, ruge. Él, desde el balcón, no puede creerlo. Ese “pueblo” ficticio que inventó para sostener su identidad lo abandona. Desconcertado, huye. Unas horas después, el fusilamiento es apenas el trámite final de una soledad que ya era absoluta.
César apuñalado por los suyos; Napoleón entre el veneno y el cáncer, confinado a la soledad de una isla; Stalin, envuelto en su propia orina, derrumbado en una habitación a la que nadie osa entrar; Mussolini colgado de un gancho de carnicero. Todos habitaron lo que Marguerite Yourcenar describió con maestría: Salas desmanteladas de un palacio demasiado vasto que un propietario venido a menos ya no alcanza a ocupar. El líder quiere el mundo, adorna sus salas con plásticos dorados y triunfalismos de enjambre digital, pero su vastedad está vacía por dentro.
Hoy, la multitud que sigue al poder no marcha: cliquea. Es una masa sin fidelidad, hecha solo de atención, y la atención es el recurso más volátil del mercado. El circo puede más que el pan. De hambre no se muere nadie mientras haya algo qué consumir; es decir, algo qué ver. Por eso, cuando el líder sale del palacio y lo exhiben con nada más que una botella de agua entre las manos, el enjambre ya está distraído por otra noticia. Al final, queda la diferencia entre lo real y lo hinchado. El amor de las masas no es más que una proyección. Una mentira con nombre: un relato.
Luis Fernando Gutiérrez Cardona
Soñar no cuesta nada
Señor director:
Soñé que había un nuevo aspirante a la Presidencia, un señor con título obtenido en universidad pública, que ha desempeñado cargos muy importantes, siempre correctamente y nunca ha sido cuestionada su honestidad siendo vicepresidente. Se enteró de que a esa campaña habían entrado dineros ilícitos y fiel a sus principios no dudó en renunciar. Siempre ha pertenecido al Partido Liberal y ha estado listo para servirle a Colombia: doctor Humberto de la Calle Lombana.
Señores dirigentes del Partido, por favor ayúdenle a Colombia propiciando que este sueño se convierta en realidad.
Jaime Echeverri
Petro, presidente pendenciero (PPP)
Señor director:
Cómo disfruta el señor presidente sacándole la piedra a la oposición. Y, es normal, si no es compatible con los ideales y su formación en la forma de ver la democracia, es diferente, hay qué aceptar con la razón en la conciencia que su forma de pensar es coherente, aunque contradictorio, polémico y verbalmente agresivo. Su historia política lo define como una persona antisistema tradicional y, así lo demostró en sus debates contra la corrupción y el paramilitarismo. La culpa de haber sido presidente la tienen los mismos contradictores políticos de haberse olvidado de gobernar con equidad y justicia. La culpa de que Petro haya llegado a la Presidencia la tienen los políticos que usufructuaron el poder para su propio beneficio olvidando que los colombianos somos todos.
La culpa de que hoy el presidente sea Petro la tienen los políticos que se lamentan por no haber sabido manejar el fuego que terminó quemándoles sus propias manos. La culpa de tener el actual mandatario la tiene la clase dirigente que se enquistó y eternizó en el poder y terminó en hibernación, durmiendo en el colchón mágico de su propio bienestar sin pensar en que todo tiene su fin y que todo puede cambiar. La culpa de tener al actual señor presidente la tienen los mismos políticos que se momificaron ganando desprestigio de quienes participan de la vida activa en un país que es ignorante en política y fácilmente manipulable con baratijas, tamales y falsas promesas. La culpa la tienen quienes han tenido el poder y se olvidaron de que había qué renovar y motivar una generación con perfiles de liderazgo contemporáneo.
La falta de liderazgo es evidente. Líderes con magnetismo carismático ya no existen. Abundan sí, los pseudolíderes, los que se creen líderes, los que creen que merecen y van a ganar, los que no teniendo nada qué hacer le hacen sin querer el mandado gratis al Pacto Histórico para que sigan en el poder sacando un poco más de votos, ya que los ilusos o saboteadores son muchos. Parece que dar lora para muchos es un juego entretenido y hasta masoquista, les gusta jugar al pierde y disfrutar, al parecer, viendo perder a quienes pareciera van por el mismo objetivo e implícitamente son sus “copartidarios”.
A estos políticos tradicionales, disfrutaron tanto del poder que hasta se les olvidó “hacer política”. Se les olvidó algo elemental: Se unen o se los come el lobo.
Elceario de J. Arias Aristizábal