Hablar del Museo de la Universidad de Caldas (MUC) es hablar de un lugar donde la arquitectura, la memoria y la educación se entrelazan para contarnos quiénes somos como región y como país. No se trata solo de un edificio nuevo en el Centro Cultural Rogelio Salmona, sino de un proyecto académico y ciudadano que invita a mirar la ciudad y el territorio con otros ojos.
El conjunto diseñado por Rogelio Salmona es una obra de arte. El ladrillo, las rampas, las plazas y los recorridos abiertos hacia el paisaje convierten el edificio en una gran escultura habitable, complementada por una excelente biblioteca que invita a profundizar en estas reflexiones. Allí, la arquitectura deja de ser un escenario silencioso y se vuelve lenguaje: explica cómo queremos vivir la ciudad, qué tipo de espacio público defendemos y cómo entendemos la relación entre estética y dignidad humana.
Dentro de este marco surge el MUC, heredero de más de treinta años de trabajo del antiguo Centro de Museos, dedicado a la recolección, preservación y divulgación del patrimonio regional. La Universidad ha transformado ese esfuerzo acumulado en un proyecto contemporáneo, articulado con investigación, docencia y extensión, que consolida al MUC como referente cultural de Manizales y Caldas.
El Museo resguarda colecciones de arqueología, etnografía, historia natural, geología y paleontología que permiten recorrer miles de años de ocupación humana y transformaciones del paisaje andino. No se limita a exhibir piezas: las estudia, contextualiza y devuelve a la comunidad como conocimiento público.
Cada objeto -vasija, figurilla, fragmento de ajuar funerario- es una voz que habla de formas de vida, creencias y relaciones con la naturaleza que constituyen la base de nuestra identidad colectiva.
Por eso el MUC es un escenario privilegiado para todas las edades: llevar niños, jóvenes, adultos y personas mayores permite rescatar ese pasado prehispánico poco conocido, que debemos valorar por su inmenso significado cultural. Las visitas familiares y comunitarias convierten el museo en un aula extendida donde se aprende mirando, preguntando y dialogando, y donde el patrimonio se convierte en derecho cultural de todos.
Sin embargo, la defensa de este patrimonio exige mirar más lejos. Durante décadas, innumerables piezas prehispánicas salieron del país hacia museos y colecciones privadas en muchas partes del mundo, arrancadas de sus contextos por guaqueros y traficantes. Esos objetos no son curiosidades exóticas, son patrimonio de nuestra historia precolombina, y Colombia tiene el derecho y deber de reclamar su retorno.
Los Estados tienen un deber jurídico de proteger estas culturas. La Convención de la Unesco de 1970 exige prevenir la exportación e importación ilícitas de bienes culturales.
Visitar el MUC, recorrer el Salmona, llevar a todas las generaciones, dialogar con su historia es reconocer nuestro pasado y futuro. Porque una sociedad que protege su memoria mira hacia adelante con conciencia.