A pesar de ser un hombre atormentado por la locura y la incomprensión, en sus momentos de lucidez y creación artística fue capaz de transmitir magia y una variedad de emociones que van desde la ternura a la crudeza. En sus “Comedores de patatas”, pinta la realidad sin ningún adorno, él mismo expresó que quería darles a sus personajes el color de una papa recién extraída de la tierra.
Cuando estuve en Ámsterdam fui al museo que en esta ciudad está dedicado a su obra. En su recorrido pude ver varias de mis obras favoritas, como los Cerezos en flor, obra que transmite tranquilidad, por su paleta de colores suaves y también ternura, allí aprendí que esta obra la creó para decorar la habitación de su sobrino.
En el museo de Orsay, en París, también se puede ver una muestra de varias de sus pinturas, pues este museo está dedicado a la obra de los artistas pertenecientes al impresionismo y aunque Van Gogh está catalogado como postimpresionista, este museo contiene piezas importantes como Noche estrellada en el Ródano, que el artista pintó “para expresar esperanza con un puñado de estrellas”, como le escribió a su hermano Theo, en una de sus cartas, también se puede ver La Siesta, dos de las obras que resalta la experiencia inmersiva sobre la obra de este artista, que se puede ver en Manizales hasta el 9 de febrero.
¿Cómo no hablar de los Girasoles? Esta serie que pintó inspirado en su amistad y convivencia con Paul Gauguin, a quien le regaló uno de sus cuadros y Gauguin, a su vez, plasmó al artista pintando sus girasoles. Sabemos que esta amistad tuvo un destino trágico, que desencadenó una de las crisis de Van Gogh en la que mutiló su oreja. Pero lo que crearon mientras estaban juntos dejó algo grande, pues la serie Los Girasoles es una de las más famosas del artista.
En la sala inmersiva es uno de los momentos que más se disfruta, pues es alegre y a la vez se acompaña con una música hermosa. Otra de las series de flores que este artista creó, fue la de los Lirios, con una paleta de colores diferente, entre el morado y el azul, expresa su necesidad de paz mental y de sosiego para su alma. Uno de los cuadros más famosos de esta serie se encuentra en el J. Paul Getty Museum, en los Ángeles. Allí lo pude apreciar y disfrutar.
Pero no todo en Van Gogh es belleza, si algo me impresionó fue la fealdad con la que pinta a los niños, sin ninguna compasión desdibuja sus caras, resaltando sus rasgos más grotescos, ni siquiera los bebés se salvan de esta percepción. Ese es Vincent Van Gogh, un hombre que oscila entre la fealdad y la belleza, un artista que fue incomprendido e ignorado en su época; durante su vida sólo vendió uno de sus cuadros, pero él entendió que no estaba pintando para sus contemporáneos: “Si nada valgo hoy, tampoco valdré mañana, pero si mañana descubren valores en mí, significa que hoy también los poseo (…) No puedo cambiar el hecho de que mis cuadros no se venden, pero llegará el día en que las personas reconocerán que valen más que el valor de los colores utilizados en la pintura”.
Si no ha visto la experiencia inmersiva de Van Gogh, vaya, es una oportunidad para alimentar su mente y su alma a través de la obra de este maravilloso artista.