En Caldas solemos hablar del desarrollo como si fuera una lista corta. Repetimos los mismos proyectos, las mismas urgencias, los mismos debates. Y aunque muchos son absolutamente necesarios, el riesgo de mirar siempre el futuro desde el mismo ángulo es terminar reduciendo las posibilidades de una región que ha demostrado que puede pensar en grande.

Hace unas semanas, en el Foro Económico de América Latina y el Caribe liderado por la CAF, se insistió en algo que cambia la conversación, la energía no es solo un insumo, es el motor de la riqueza moderna. No existe ningún país desarrollado que consuma poca energía. Y lo que viene no es solo transición energética, sino una expansión energética. Hoy la electricidad representa cerca del 20% del consumo global; podría subir al 70% u 80% (según datos de McKinsey & Company). Eso implica multiplicar la producción limpia y, por tanto, los minerales que la hacen posible.

En ese mapa, América Latina -y particularmente la cordillera de los Andes- aparece como territorio estratégico. Nuestros recursos no son una anécdota geológica, son parte de las cadenas de valor de la nueva economía, y Caldas no está por fuera de esa conversación.

El departamento tiene una trayectoria minera centenaria. Marmato no es una novedad en el mapa productivo del país. Lo que sí es novedoso es la escala y el momento. El proyecto Apollo, hoy en fase de exploración, es considerado uno de los 10 descubrimientos mineros más relevantes del mundo en los últimos años. Un sistema polimetálico que combina oro, plata, cobre y tungsteno, desarrollado con talento 100% colombiano y con una participación mayoritaria de profesionales caldenses.

Más allá del debate sectorial, hay dos hechos que importan. Primero, la inversión privada internacional sigue confiando en Caldas. En un contexto global exigente, eso no es menor. Segundo, si el proyecto avanza hacia la producción en los próximos años, su potencial exportador podría incluso duplicar el valor actual de las exportaciones de café del departamento (lo menciono, no para reemplazar una tradición, sino para dimensionar la magnitud). Además, un proyecto de esta escala activa encadenamientos productivos en bienes y servicios, dinamiza proveedores locales, fortalece capacidades técnicas y genera nuevas oportunidades para empresas del territorio. Es decir, no es solo una operación minera, es una plataforma de desarrollo económico y social que se articula con la estructura productiva regional.

La pregunta es si estamos dispuestos a ampliar la perspectiva. La región se encuentra en un punto de inflexión donde sus recursos naturales pueden ser una salida al estancamiento económico, siempre que haya rigor ambiental, diálogo y concertación social y una gobernanza responsable de los ingresos.

Cuando un territorio es capaz de discutir proyectos grandes sin miedo, con información y con respeto, demuestra algo más profundo, confianza en sí mismo, confianza en su gente, en sus instituciones y en su capacidad de decidir qué tipo de desarrollo quiere y bajo qué condiciones.

Tal vez Apollo no sea solo un proyecto de exploración. Tal vez sea la oportunidad de que Caldas deje de pensar el desarrollo como una lista corta… y empiece a mirarse con la escala que el mundo hoy le está reconociendo.