La forma como las personas emplean su tiempo puede evidenciar diversas cosas. Refleja preferencias personales, dedicación, indiferencia o disciplina. Pero también se convierte en una ventana para identificar desigualdades. Se habla mucho de desigualdades y pobreza en términos monetarios, pero no tanto sobre la pobreza del tiempo. ¿Cuántos de nosotros sentimos en nuestro día a día que tenemos tiempo libre suficiente para descansar, cuidarnos o hacer cualquier cosa fuera de las responsabilidades diarias?

Según The Time Use Initiative (TUI), esta es la definición de pobreza del tiempo: "No contar con tiempo suficiente para el ocio, el descanso y el autocuidado". Y uno de los aspectos más preocupantes de este tipo de desigualdad, que resulta invisible y silenciosa, es la desigualdad de género en su incidencia, la cual se ve reflejada en la carga desproporcionada de trabajo no remunerado y de cuidado que recae sobre las mujeres.

En Manizales se ve así. De acuerdo con el Informe de Calidad de Vida de Manizales Cómo Vamos 2024, el 40% de las mujeres dedicaron la mayor parte de su tiempo a oficios del hogar, y solo el 4% de los hombres hicieron lo mismo. Además, el 60% de los hombres informó que la mayor parte de su tiempo la dedicó a trabajar, mientras que para las mujeres la proporción fue del 39%.

Este tipo de desigualdad se traduce en problemas de salud pública que perpetúan desigualdades de género e impactan negativamente la salud mental y física de las personas, especialmente de las mujeres. La falta de tiempo para el autocuidado aumenta el riesgo de afecciones como el estrés crónico, el agotamiento, la ansiedad y la depresión; y está asociada con problemas cardiovasculares e inmunológicos.

El rol de cuidado y la falta de tiempo que acarrea también genera impactos negativos sobre la trayectoria laboral: puede llevar a abandonar el trabajo, reducir las horas de trabajo, o rechazar ofertas. Además, las personas que carecen de tiempo pierden oportunidades para adquirir nuevas habilidades, fortalecer vínculos sociales o participar en la vida democrática, lo que restringe su desarrollo personal e integración en la sociedad.

Por esto, resulta indispensable que las políticas públicas promuevan la redistribución del trabajo de cuidado entre hombres y mujeres, la transformación de los roles de género tradicionales, la universalización del acceso a servicios de cuidado asequibles y de calidad, y que garanticen los derechos laborales de quienes tienen un rol de cuidado en el hogar.

En Colombia ya estamos avanzando. Bogotá fue nombrada en el 2025 la Capital Mundial del Tiempo (por TUI) gracias a su apuesta por colocar el tiempo de las mujeres en el centro de las decisiones públicas. Políticas como el Sistema Distrital de Cuidado han logrado reducir la pobreza del tiempo y promover condiciones más equitativas para las mujeres y los cuidadores.

La discusión en torno a la pobreza del tiempo y los roles de cuidado no debería tratarse como un asunto privado de las familias, o de las mujeres; es un asunto de injusticia social. El reconocimiento del derecho al tiempo es un deber y un requisito para garantizar el bienestar y la sostenibilidad de la vida.