Durante mucho tiempo prevaleció una leyenda maldita en torno del gran poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, como si fuera un pícaro vicioso, errante, vago, marihuanero, alcohólico e irresponsable y quienes escribieron sobre él después de su muerte, en enero de 1942 en Ciudad de México, se basaban en anécdotas y ocurrencias sin importancia.
Salió de Colombia muy joven y llegó a México en plena era del Gobierno del dictador Porfirio Díaz, un mestizo oaxaqueño que como su paisano el indio Benito Juárez fue héroe destacado por su lucha contra la invasión francesa de Napoleón Bonaparte y la imposición del emperador Maximiliano. Díaz fue el hombre fuerte durante décadas y cuando el colombiano pisó las tierras aztecas ya se había convertido en un viejo afrancesado y en el México profundo se fraguaba y hervía la revolución.
Barba Jacob era un joven brillante que encontró pronto trabajo en los periódicos, protegido en un inicio por el padre del polígrafo, Alfonso Reyes; el poderoso general Bernardo Reyes, quien gobernaba el estado de Nuevo León y su capital Monterrey, donde el poeta se destacó al ser fundador del prestigioso diario El Porvenir y escribir en revistas literarias. Era capaz de escribir todo el diario, desde los editoriales y las noticias hasta las crónicas y reportajes.
Admiraba al dictador Porfirio Díaz, de quien se inspiró para inventar su seudónimo principal, pese a que su nombre verdadero era Miguel Ángel Osorio, nacido en Santa Rosa de Osos, Antioquia, donde creció y se formó.
Barba Jacob lamentó la llegada de la Revolución de Emiliano Zapata y Pancho Villa y escribió con su prosa espléndida elogios a Porfirio Díaz y diatribas contra Zapata, a quien llamaba un “destripador”. Cuando el viejo presidente partió al exilio a Francia desde Veracruz, en el barco Ipiranga, escribió sentidos perfiles suyos y a lo largo de su vida hasta el fin siempre lo recordó y homenajeó en los múltiples diarios donde trabajó hasta su muerte el 14 de enero de 1942.
Cuando se dio la efímera contrarrevolución, tras el asesinato del demócrata Francisco I. Madero y llegó al poder el general Victoriano Huerta, Barba Jacob fundó el diario Churubusco, en el que publicó algunas de sus mejores piezas para criticar a los revolucionarios, pero ese régimen se hundió poco después y Barba Jacob cayó en desgracia y tuvo que huir del país como ocurrió con los protectores para los que trabajaba.
La Revolución triunfó y Barba Jacob empezó una larga travesía del desierto, deambuló por Cuba, América Central y Sudamérica y ejerció el mismo oficio de periodista y reportero, fundador de periódicos fugaces. Más tarde regresaría a su amado México y volverá a ser expulsado por el caudillo Plutarco Elías Calles, pero al final retornó a pasar su crepúsculo en la capital mexicana, y trabajó para el diario de derechas Últimas Noticias del Excélsior, donde escribía sus inolvidables Perifonemas.
Escribía editoriales sobre la actualidad internacional, basado en los cables de las agencias noticiosas, por lo que dejó excelentes páginas sobre Estados Unidos, Gran Bretaña, la guerra civil española, Rusia y la llegada de Trotsky a México, el ascenso de Hitler y Mussolini y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Fue un gran prosista y analista, hacía excelentes crónicas y reportajes y era un lector apasionado. Su obra poética vino a publicarse con carácter póstumo y aun está viva entre nosotros, pero su leyenda maldita persiste.