Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com


Dicen que hay que empezar el año con la casa limpia, con proyectos claros, con voluntad de cambio. En fin, una serie de actitudes aparentemente fáciles de llevar a cabo, pero que solo al emprender dichas tareas, se evidencia que tienen cierta dificultad para dar comienzo a la desanudada y para soltar y dejar ir, puesto que a veces hay quienes se acomodan a vivir entre los nudos emocionales.

Se dice que una emoción perturba cuando genera desasosiego, quita la paz interior, altera las relaciones consigo mismo, impide el sueño, torna a las personas irritables, oscurece el principio de realidad, distorsiona la comunicación, eleva el estrés y la ansiedad e inclusive puede llevar a tener comportamientos impulsivos y dañinos.

Es importante anotar que no todas las emociones perturban, ni son negativas. Un ejemplo, el exceso de amor puede ser adecuado para algunas personas; mientras que para otras, es algo demasiado pesado para sentir en el día a día. Mucho amor puede causar inseguridad, miedo, celos, desconfianza.

Para darse cuenta de qué tanto perturba una emoción es necesario des-identificarse, lo que implica tomar distancia de ella, observarse y observarla, acción que demanda un tiempo de análisis, reflexión y perspectiva.

Estas tareas se realizan para aprender a sosegar la mente, que es como apagar ese radio interior que se mantiene prendido sin control de frecuencias ni de palabras; más bien es un ruido que desconcierta, turba y desagrada.

Teniendo en cuenta lo anterior, se hace necesario practicar el ejercicio de mantenerse en el presente, pues esta es otra estrategia de gran ayuda para hacer contención. Vivir anclados en el pasado, a través de pensamientos de anhelo y reclamos que se repiten una y otra vez, aumentan la ansiedad y el desborde emocional.

Así mismo otro recurso es, parar sus actividades unos momentos para prestar atención a las emociones, saber qué manifiestan. Percatarse de cuáles son las reacciones fisiológicas que siente cuando aparecen la rabia, el dolor, el miedo o la culpa.

Aprender de todas estas respuestas es un camino para entender, procesar y asimilar las sensaciones y percepciones que se derivan de tales experiencias, lo cual implica, tener más elementos para aceptar la emoción sin quedarse en ella; lo que a su vez facilita el afrontamiento activo.

Así entonces, reacción corporal, emoción y pensamiento se unen y entrelazan para informar que algo agradable o inadecuado y doloroso está pasando. Las teorías que explican la inteligencia emocional, invitan a despejar estos caminos para transitar por ellos con calma y autorrespeto.

Les invito a hacerse las siguientes preguntas:


- ¿Es usted de las personas que considera que lo que vivió en su pasado fue mejor?
- ¿Sus pensamientos y sentimientos están anclados a una relación lejana e inexistente?
- ¿Considera que viviría mejor, si algunos de sus seres queridos todavía estuvieran vivos?
- ¿Cree que no tiene nada nuevo para aprender en este momento?
-¿Se queja con frecuencia de lo que ha logrado hasta el momento?
-¿Le falta empatía con aquellos que piensan distinto a usted?


Desanudar las emociones perturbadoras que se amarran en la mente y el corazón, requiere voluntad; así como deseo de tejer con nuevos hilos, una urdimbre emocional que genere armonía y bienestar.

 

* Psicóloga - Docente titular de la Universidad de Manizales.

www.fannybernalorozco.com

 


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