Fernando-Alonso Ramírez

Periodista y abogado, con 30 años de experiencia en La Patria, donde se desempeña como director. Presidió el Consejo Directivo de la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia (Flip). Profesor universitario. Autor del libro Cogito, ergo ¡Pum!

Correo: editornoticias@lapatria.com

X (Twitter): @fernalonso

El periodista manizaleño Jorge Manrique Grisales fue enviado en la mañana del 14 de noviembre de 1985 por el diario El Espectador, donde laboraba, a cubrir lo que hasta ese momento nadie tenía suficientemente claro, los estragos que pudo haber causado la erupción del cráter Arenas del Volcán Nevado del Ruiz, ocurrida la noche anterior.

En su trayecto por tierra, con el conductor y el reportero gráfico que lo acompañaban, se toparon con la emergencia en la mitad de su recorrido. Ellos esperaban llegar a la capital de Caldas, pero la fuerza de los acontecimientos los fue llevando desde Honda hasta los lugares próximos a Armero y ver las dantescas imágenes que luego se hicieron virales y por las que se recuerda la más impresionante de las tragedias recientes de la historia de Colombia.

Desde entonces, Manrique ha dedicado su vida, entre otras historias y estudios académicos, a visitar una y otra vez lo que queda de Armero, así como a perseguir los testimonios de decenas de personas que tuvieron que ver de una u otra manera con los acontecimientos de 40 años atrás y a acompañar las iniciativas de muchos sobrevivientes por rescatar la memoria del que era el municipio más próspero del Tolima.

Toda esa memoria terminó resumida, porque parece que mucho fue lo que se le quedó por fuera de estas páginas, en el libro Armero - La furia de un volcán y el olvido de los hombres, publicado por la editorial Mediapluma y presentado justo durante las conmemoraciones de las cuatro décadas de la erupción. De este libro, publicamos un capítulo en LA PATRIA el 11 de noviembre pasado.

El prólogo es autoría del hasta hace poco editor general de El Espectador, Jorge Cardona Alzate, quien destaca varios aspectos de este texto por diferenciarse de otros, al concebirse desde los tentáculos del León Dormido. Escribe, además: “Entre la vida y la muerte, desoladoras historias que se entrelazan hasta crear un escenario común de lucha por el poder de la memoria".

Este texto combina varias fortalezas. Las pesquisas periodísticas, de reportero avezado, del autor; su capacidad para combinar técnicas narrativas en diferentes capítulos del libro; la recopilación de historias contadas más que por fuentes, por confidentes, cuya confianza se ganó Manrique Grisales durante años de constancia sobre este tema y hasta los datos duros que sirven para quienes buscan la documentación precisa para futuros trabajos, como las tablas que ayudan a la comprensión. Por ejemplo, una que describe las últimas 14 erupciones del Volcán Nevado del Ruiz datadas con radiocarbono 14, según el Sistema Geológico Colombian, así como el resumen de normas expedidas desde la tragedia de Armero y Chinchiná para atender a los damnificados.

Armero - La furia de un volcán y el olvido de los hombres

Armero - La furia de un volcán y el olvido de los hombres, editorial Mediapluma, 2025.

 

Segunda parte

Mención especial merece la segunda parte del libro, contada a manera de minuto a minuto, según los protagonistas de varias de las historias aquí relatadas e incluso, además de documentarse con expertos para en ese mismo ejercicio describir lo que sucedía en las entrañas del volcán. Esta parte de la obra se denomina: Las últimas horas de Armero.

La extensa bibliografía citada al final del libro, son prueba de la juiciosa investigación realizada por el autor, que va contando historias que pueden parece en un comienzo deshilvanadas, pero que tienen un propósito narrativo, para cruzarse al final cada uno de los personajes entrelanzando esos momentos que todos vivieron, aun desde lugares distintos, pero que los marcó a todos para siempre.

No es un libro más sobre la tragedia de Armero, porque también pone el dedo en la llaga en la necesidad de que se le ponga orden a este territorio y deje de ser sobreexplotado en muchos casos por personas que ni siquiera tienen afinidad con lo allí ocurrido.

Por eso, esta obra es también un reclamo para revitalizar los ejercicios de memoria que algunos ciudadanos y unas pocas instituciones intentan hacer de manera rigurosa, con muy poco o nada de apoyo del Estado.

Así que lean esta historia que, como tantas otras, es un llamado para que no se repitan tragedias como la que sepultó a Armero y afectó de manera grave zonas de Villamaría y Chinchiná, aspectos de los que no se olvida el periodista manizaleño.

Es otro motivo para recordar que seguimos viviendo al lado del mismo volcán y que este permanece tan activo como en 1985, aunque, por fortuna, hoy es uno de los volcanes mejor monitoreados del mundo.

Algo de esa tragedia imborrable quedó de lecciones y aprendizajes, que tienen que servirnos para seguir construyendo un sistema de prevención sólido que reduzca los riesgos. Así que léanlo y Hablemos de Libros y de las muchas historias alrededor del Volcán Nevado del Ruiz.

 

Subrayados

* Los científicos estaban en Manizales; los políticos, en Bogotá e Ibagué, y la tecnología, en el primer mundo, muy lejos de Armero o de Chinchiná.

* Vuelve a rugir monseñor Pimiento Rodríguez, y esta vez habla de los “antisociales del terror", refiriéndose a algunos periodistas que informan sobre el volcán.

* A la memoria le fueron creciendo malezas que se siguen tragando las cruces que aún hoy se ven, y que fueron puestas allí por familias para no olvidar a sus muertos.

* Armero les duele a muchos, pero poco se hace por convertirlo en un sitio digno para la memoria.

 

Foto | Freddy Arango | LA PATRIA

Jorge Manrique Grisales con su libro.

Jorge Manrique Grisales con su libro.